viernes, 22 de junio de 2018
LIMITACIONES A LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA.
Cuando alcanzas una cierta edad,
miras hacia atrás y te da vértigo, casi miedo al recordar los obstáculos que
has tenido que superar en tu recorrido por este mundo. Ahora con la madurez
comprendes tantas cosas. No es que antes no las entendieses, es que ni las
veías. Creías que te sobraba tiempo para comerte el mundo. No eras materialista
porque confiabas en tus fuerzas eternas para vencer cualquier obstáculo. Ya
tendrías tiempo para triunfar por méritos propios y sin explotar a tus
semejantes. Estabas seguro de tu fuerza física y mental. Pertenecías a la nueva
generación, a tu generación, que respetaba a los mayores pero despreciaba su
experiencia. Los viejos eran de otra época atrasada que no sabían nada de la
modernidad. ¡Cuánta ignorancia! No era fruto de la maldad, ni siquiera del
sistema educativo, sino del des-conocimiento e in-experiencia inherentes a la
juventud y de la rivalidad generacional que han existido siempre entre jóvenes
y mayores, desde que el mundo es mundo.
Por regla general, cuando el
ciudadano se aproxima a la cuarentena es cuando toma conciencia de que la vida
tiene un principio y un final. Seguramente, esa sensación tiene que ver con el
inicio del declive de sus capacidades físicas y mentales, y la asunción de sus
responsabilidades familiares. Su interés por lo público y común también
despierta al descubrir las injusticias sociales que antes no veía, y que ahora
sufre en sus propias carnes en el mundo laboral y en su vida cotidiana. Al
sentirse más débil y desprotegido se refugia en las asociaciones sociales,
laborales y políticas para “protegerse”, puesto que ha dejado de confiar
ciegamente en su ego y en el altruismo del ser humano. El ciudadano pensante
necesita de la sociedad para protegerse de la sociedad, deja de creer en los
héroes y salvadores individuales y se refugia en los grupos sociales,
asociaciones de ocio, de interés y/o de presión. Por fin comprende que en este
mundo individualista, la única forma de alcanzar la seguridad, el bienestar, la
fama o el reconocimiento social es a través del asociacionismo. Por desgracia,
algunos se percatan demasiado tarde y descubren la feroz lucha que existe en
toda organización para detentar el poder, que otros más espabilados acaparan
los puestos de responsabilidad desde edades más tempranas.
El ciudadano que no participa de
forma activa en ningún grupo social se aísla del mundo exterior y acaba por
vivir al margen de la sociedad, y la sociedad decidirá por él. Si ese ciudadano
solitario e individualista es la tónica dominante en la sociedad, tal vez el
sistema democrático no desaparezca, pero seguro que se altera y corrompe. El
Poder, ese que dirige la política, la economía y demás negocios de las
necesidades humanas, se reparte en cuotas entre los protagonistas del Sistema
Político Democrático. Si una parte renuncia a su cuota, otros actores la
absorberán. Las parcelas de Poder nunca desaparecen, cambian de dueño. La
concentración excesiva de Poder en una parte de la sociedad puede provocar una
reacción de la parte desposeída. Si el abuso es de izquierdas, la reacción será
cambiar el Régimen Político democrático por otro autoritario, sin importar los
daños colaterales. Si el abuso es de derechas, la reacción puede llegar en
forma de Revolución, también sin importar los daños colaterales.
En todo grupo y partido están los
vividores y negociantes, esos ciudadanos que saben manejar los
integrantes y los estatutos de las organizaciones para progresar en la vida de
forma rápida, o para conseguir un empleo de por vida, o para sacar tajada o
para conseguir mordidas. Estos personajes, que no son exclusivos de la derecha
ni de la izquierda, se adaptan y acoplan a todo jefe con un mínimo de poder en
cualquier asociación vecinal, cultural, deportiva, profesional, sindical,
empresarial o política, desde la simple asociación de vecinos hasta el más
selecto de los clubs privados. Si ingresas en un grupo, detecta a estos
arribistas cuanto antes y no se te ocurra discrepar con ellos, o con otros en
su presencia, sobre los cargos dirigentes de la organización. Aún sin hacerlo,
corres el peligro de ser desprestigiado bajo cualquier pretexto si representas
un obstáculo o una competencia para su estatus o promoción.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
lunes, 11 de junio de 2018
GLOBALIZACIÓN Y REFUGIADOS DEL S.XXI.
Hasta hace poco, los Estados se
agrupaban en países del primer mundo, países en vía de desarrollo y países del
tercer mundo. Los Estados del primer mundo tenían el poder político, económico
y militar para explotar regiones, países y continentes enteros según los
intereses de sus respectivas clases altas. Este sistema era eficaz pero muy
costoso.
Los Estados del primer mundo tenían
que “mantener” una clase dirigente autóctona cómplice para ejercer de capataz
frente a los indígenas de los países explotados. Otras veces, para contener
revueltas generalizadas en regiones estratégicas tenían que implantar sistemas
políticos pseudodemocráticos para
disfrazar el expolio de las riquezas locales como defensa de la
democracia y derechos humanos.
El tercer mundo sólo servía para
abastecer de materias primas las industrias del primer mundo, su población no
tenía la suficiente preparación para la fabricación industrial, ni tampoco
dinero para consumir. A su vez, el sistema económico necesitaba la mano de obra
cualificada del primer mundo, y para ello debía asegurar un nivel de vida alto
para garantizar paz social y estabilidad económica, el Estado del Bienestar.
Con los bajos precios de las materias primas, ese sistema económico daba su
beneficio al Estado y a sus clases sociales.
Pero a partir del último tercio del
S.XX empezaron las revoluciones informática, robótica, transportes y
telecomunicaciones que finiquitaron el sistema económico cuasi colonialista en
vigor desde final de la II Guerra Mundial. La industria se modernizó y los
procesos de fabricación se automatizaron. La mano de obra cualificada de
Occidente ya no era necesaria, con simples obreros adiestrados de cualquier
rincón del planeta la fabricación sería mayor y de menor coste. Además, el
negocio del consumo no se limitaría sólo al primer mundo, el consumo también sería
global. El sistema económico anterior que se edificaba sobre el Estado del
Bienestar ya no era rentable para los dueños del capital y tenía que
desaparecer. Para implantar y desarrollar su negocio, el nuevo modo capitalista
global crea un sistema político-económico a su medida: la Globalización de las
multinacionales con sede en los Paraísos Fiscales para escapar de las Haciendas
estatales.
Ahora, el colonialismo del S.XXI
consiste en derrocar Gobiernos e instalar anarquías, son países sin Estado. El
pillaje de sus riquezas y materias primas sigue como antes, pero además, se
pueden instalar industrias contaminantes y cementerios nucleares. Las
oligarquías locales permitían el pillaje porque participaban en el reparto,
pero no consentían la cercanía de las radiaciones nucleares. Este modelo de
desorden anarquista, “el Gobierno de los Señores de la Guerra”, es más
beneficioso económicamente que mantener Gobiernos vasallos, pero también tiene
sus inconvenientes.
Esta nueva forma de colonialismo
fomenta los grupos radicales anti Occidente. En realidad son los Estados
disconformes con esta nueva estratificación mundial quienes financian estos
grupos armados, adoctrinados, radicalizados y entrenados con ideología
nacionalista y radicalidad religiosa. Estos grupos armados siembran el terror
contra los intereses económicos occidentales sin importar los daños colaterales
en la población autóctona, y en las ciudades del primer mundo con acciones
sangrientas impactantes en la opinión pública.
Esta situación de anarquía e
inseguridad fomenta la emigración masiva hacia Europa organizada por mafias.
Con este nuevo panorama, la situación socioeconómica de los países del tercer
mundo se agrava porque son los ciudadanos más jóvenes y mejor preparados los
que se marchan. Pero también es un problema para los países de acogida porque
la externalización de la producción hace que el trabajo sea un bien muy escaso.
Los migrantes, que consiguen llegar a tierra prometida de la libertad y
abundancia, están condenados al desempleo, la marginalidad y la exclusión
social, aunque la huída es la única esperanza de salir del infierno.
Los
ejércitos de USA, Reino Unido y Francia invaden Libia para derrocar al dictador
y liberar a su pueblo esclavizado; instalan la anarquía en Libia y se adueñan
de la mayor reserva de oro del mundo y de su petróleo. Italia, Grecia, Malta y
España, los países de la UE más cercanos al conflicto, deben hacerse cargo de
los refugiados. Este ejemplo se puede extrapolar a Siria, Afganistán, Somalia,
Yemen, Sudán del Sur, Nigeria, Malí, Chad…, América Central y del Sur, sólo
varían los recursos en juego, los intereses políticos regionales y sus
protagonistas.
Sabemos
que Turquía recibe refugiados y dinero, y que dentro de la Unión Europea hay
debate y posturas enfrentadas sobre la acogida de refugiados y su financiación.
Los países ricos “piratas” dicen que ellos mantienen el Ejército y que el
beneficio es para todo Occidente, que la Unión Europea y los demás Estados occidentales
deben asumir “los daños colaterales”. Trump ya ha conseguido más dinero para la
OTAN, realmente para la industria armamentista estadounidense. A ver quién osa
contradecir al jefe pirado.
Fdo.: Luis Perant Fernández
viernes, 8 de junio de 2018
EXPOLIO ECONÓMICO LOCAL.
De unas décadas para aquí, la
distribución al por mayor y las ventas al por menor han cambiado radicalmente y
han modificado los hábitos de los consumidores. Y por supuesto, los gigantes de
internet y sus ventas no existían. Para la mayoría de los consumidores, este
cambio ha sido positivo, aunque no sean conscientes del adoctrinamiento de la
publicidad de consumo. La oferta de productos es mayor, los precios han bajado
y la concentración en centros comerciales, o en el mismísimo hogar, reduce el
tiempo empleado en compras y promueve y facilita el consumo y el ocio. Pero el
lado negativo también existe.
Antes, el comercio al por menor
empleaba miles de puestos de trabajo. Algunos dirán que el modelo actual
también, pero hay una gran diferencia. Las ganancias empresariales de esos
negocios se quedaban “en casa”. Ese dinero se empleaba en invertir en el
negocio o se repartía entre los miembros de la familia. Los hijos seguían con
el negocio familiar o se instalaban por cuenta propia, pero siempre el
beneficio empresarial se invertía en el lugar. Los hijos formaban sus propias
familias y consumían vivienda, comida, vestimenta y ocio. El beneficio
empresarial generaba más riqueza, más consumo, más trabajo.
Ahora el beneficio empresarial
pertenece a grupos de empresas, la mayoría de ellas multinacionales
propietarias de la distribución y franquicias de los centros comerciales y
ventas por internet. Y ese beneficio empresarial “vuela” hacia los Paraísos
Fiscales que son las sedes de esos gigantes de las finanzas, producción y
distribución. El beneficio ya no se queda aquí para ser reinvertido. Aquí sólo
quedan los trabajos precarios y mal pagados. Es un expolio legal de la riqueza
local, el beneficio que genera la sociedad local es secuestrado, desaparece. Y
esas multinacionales sólo invertirán de nuevo en el lugar cuando el Poder
político local les garantice subvenciones suculentas para nuevos negocios con
beneficios seguros. Y la situación seguirá autoalimentándose y agravándose, más
trabajos precarios, más expolio de los beneficios y riquezas locales, más
concentración de capital en los Paraísos Fiscales y menos ingresos de la
Hacienda Pública.
Las clases altas tradicionalistas
nacionales, que apoyaron un Sistema Político de la Unión Europea no democrático
para controlar el poder económico, se han visto desbordadas por el gran capital
(¿judío entre otros?) que ha confeccionado un modelo económico a su medida: la
Globalización neoliberal. Esta pérdida de negocio local provoca una reacción
política de las burguesías locales en toda la Unión Europea. Éstas están
organizando movimientos y partidos políticos nacionalistas para reivindicar
políticas proteccionistas que defiendan sus intereses. Ante la pérdida de peso
económico y político, estas oligarquías locales hacen suyo el idealismo
nacionalista cultural excluyente de corte fascista para movilizar las masas y
recobrar protagonismo político. Estos movimientos, además de ponen en peligro
la cohesión social de la UE, no persiguen combatir la globalización neoliberal,
sino defender exclusivamente sus intereses burgueses locales, y ninguna otra
clase social. Son conscientes de su vasallaje pero quieren mayor porción en el
reparto.
La desaparición de las Cajas de
Ahorros es un ejemplo más del expolio económico local y social. El negocio
bancario de las Cajas de Ahorros representaba el 50% del mercado español. Ese
beneficio empresarial de miles de millones de euros de las cajas se invertía en
sus zonas de influencia a través de la denominada Obra Social. Además,
mantenían miles de puestos de trabajo y daban servicios bancarios y de crédito
a cientos de pueblos pequeños que redundaban en generar actividad económica
local.
Pues bien, las multinacionales
bancarias no podían dejar escapar tal negocio. En connivencia con el poder
político, los bancos se lanzaron a destruir las cajas y adueñarse de su cuota
de mercado. El Banco de España les impuso colocar productos financieros de
riesgo y relajó los controles, los medios de comunicación desprestigiaron la
mala gestión, y también la buena, y el “Poder burgués local” saqueo las
cuentas, y con ello la credibilidad social de las cajas. Las Cajas de Ahorros
estaban finiquitadas con el visto bueno y participación del Banco de España y
del Gobierno de España, y por encargo de los Holdings financieros.
La Globalización absorbe otro
negocio local rentable y se lleva el beneficio a los Paraísos Fiscales. Los
beneficios de las cajas que se destinaban a Obras Sociales se regalan a los
accionistas privados globalizados. Miles de millones de euros cambian de
bolsillo, de lo público a lo privado. Pero es que ese negocio es un filón, son
miles de millones de euros todos los años, hasta la eternidad o hasta que dure
este modelo de Globalización neoliberal. La corrupción política en España
difícilmente desaparecerá con estos antecedentes tan rentables e impunes.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
miércoles, 27 de diciembre de 2017
SOBRE LAS ELECCIONES CATALANAS DEL 21-D.
Como era de
esperar se vuelve a repetir el mismo cuento después del empate técnico de estas
elecciones. Unos vuelven a repetir la necesidad del diálogo político para legitimar
el derecho a decidir sobre la independencia de Cataluña, y otros se escudan en
la Ley suprema de la Constitución que lo impide. Unos y otros quedan tan
contentos porque todos han ganado con este status quo, se aseguran largos
debates parlamentarios y en los medios, y se aseguran un trabajo fijo. ¿Y el
ciudadano de a pie, el supuesto copropietario de la soberanía popular, dónde
queda su estado del bienestar?
En una hipotética
democracia pura, los partidos políticos que representan a los pobres siempre
ganarían las elecciones, porque en toda sociedad, los pobres son más numerosos
que los ricos. Si esto no ocurre en la práctica en ningún país del mundo es
porque todas las democracias son intervenidas en mayor o menor medida. Aunque es
de sentido común que de alguna manera la democracia pura debe ser intervenida
para que ésta no se desvirtúe en demagogia, y en lugar de repartir riqueza se
reparta pobreza. Pero en España, como prototipo de país extremista en todas las
facetas, aquí somos los campeones del intervencionismo político.
La sociedad
catalana ha quedado fraccionada en dos bandos enfrentados e irreconciliables,
pero no entre izquierda y derecha, sino entre constitucionalistas e
independentistas. Empecemos por los constitucionalistas. La derecha rancia
tradicionalista, la de la reforma laboral salvaje y el saqueo de las arcas
públicas, a través de su marca blanca lidera el bando constitucionalista, ha
relegado al vagón de cola a la oposición de izquierda universalista. Su
proyecto político es, en primer lugar, salvar a la patria de los enemigos que
quieren romperla. Cuando dobleguen a los separatistas, ya hablaran de modelo de
sociedad. Por su parte, los constitucionalistas de izquierda ni comen ni dejan
comer, no se atreven a definirse por temor a perder votos, sin percibir que
están perdiendo la identidad.
En el otro
bando, el de los independentistas, es la misma tónica. La derecha rancia
catalana, la del 3% y cuentas en paraísos fiscales, lidera el movimiento
separatista sometiendo la voluntad de la oposición de izquierda con promesas de
reparto de poder cuando logren la República Catalana. Esta izquierda
nacionalista excluyente, independentista, republicana, localista, pueblerina… y
todos los calificativos antinaturales y contradictorios inimaginables, está
dispuesta a apoyar hasta el mismísimo diablo con tal de arañar cuotas de poder
y mangonear presupuestos públicos.
Sí, la
estrategia de la derecha española es la misma que la estrategia de la derecha
catalana, porque hay una sola estrategia y una sola derecha. El descontento de
los ciudadanos por los recortes salariales y sociales no debe canalizarse hacia
los partidos de izquierda y poner en peligro el Gobierno de la derecha, el
protector de las multinacionales, los verdaderos gobernantes de la economía
mundial. Con las ideologías nacionalistas se consigue que los sentimientos
desplacen al raciocinio y rompan el mayor bloque de los votantes, los “pobres”.
La manipulación de la democracia pura está asegurada.
Mientras
tanto, los partidos de izquierda españoles y catalanes viven acomodados en la
oposición, sin responsabilidad de gobierno y cobrando de las arcas públicas. Si
no fuera así alzarían la voz contra la Ley Electoral que les perjudica y
permite que todos los votos no tengan el mismo valor. Necesitamos una Ley
Electoral que garantice “un ciudadano, un voto” para que nuestra democracia sea
algo más justa y difícil de manipular. Y también para terminar con los pactos
post-electorales que desafían toda lógica política y devuelva todo el
protagonismo al ciudadano.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
miércoles, 6 de diciembre de 2017
SE IMPONE REFORMAR NUESTRA CONSTITUCIÓN.
En
el siglo XIX, las Revoluciones Liberales destruyeron el Sistema Estamental de
privilegios del Antiguo Régimen en muchos países europeos. En España, este proceso
revolucionario fue incompleto. Aristocracia y Clero siempre supieron hacerse
con la situación, unas veces sobornando Monarcas y Liberales y otras apelando
al Ejército. A la inversa de lo que ocurría en Europa, los liberales españoles
no supieron impulsar la Revolución Industrial y modernizar las Instituciones del
Estado. Ese período de la Historia de España moldeó todas las clases sociales
acentuando su radicalidad, y sus secuelas perduraron durante toda la dictadura
franquista. Inevitablemente, los intereses de las clases dominantes tradicionalistas
aparecieron en la Constitución de 1978 con la división territorial política
autonómica. Esto hace que el actual Sistema Político Español sea diferente de los
sistemas de nuestros socios europeos porque aquí la Revolución Liberal-Industrial
fue incompleta.
En
la última sesión de las Cortes Franquistas, en la que éstas se autodestruyen
para dejar paso al Sistema Democrático, el tema de discusión no era aprobar la
disolución. Se discutía el Sistema Electoral y la división territorial de la
futura España democrática. Los poderes tradicionales, obligados por el FMI
tenían que aceptar el cambio, incluyendo la legalización de todos los partidos
políticos. Por tanto, se discutía sobre el modelo del nuevo Sistema Político y
su Sistema Electoral para seguir controlando los negocios del Estado. En un
sistema electoral “mayoritario”, casi siempre dos partidos importantes se turnan
en el poder, y un tercero suele ser el partido “bisagra”. Pues bien, los
tradicionalistas no podían tolerar que el tercer partido fuese el comunista,
porque la mayoría parlamentaria siempre sería progresista. Ese puesto debía
ocuparlo los partidos nacionalistas periféricos que por tradición e ideología
son de derechas. Esto se consigue fácilmente con el Sistema Electoral
“proporcional” que da entrada a los pequeños partidos locales. Para que los nacionalistas
tengan realmente poder, y puedan contrarrestar un supuesto Poder central de
izquierdas, tienen que ejercerlo y para ello se crea un sistema a la medida, el
autonómico, con su Gobierno y su Parlamento y sin dependencia jerárquica del
Gobierno Central. Si refrescamos la memoria, recordaremos que el Sistema Autonómico
fue impulsado desde arriba, y tampoco faltan los ejemplos prácticos de pactos
post-electorales que desafían toda lógica política.
Como
en este mundo nada es perfecto, aparecieron los fallos. Aparecen nuevos
políticos, “los progres”, que ven un negocio con el Nacionalismo de izquierdas.
Además, los comunistas acomplejados por la Dictadura Soviética caen de lleno en
la trampa y colaboran con estos movimientos locales para picotear parcelas de
poder. Esto es atípico, puesto que la ideología de izquierdas es universalista
y el Nacionalismo es localista y tradicionalmente de derechas. Estos nacionalistas
que se dicen de izquierdas son estafadores, alimentan un mito étnico
tergiversando la historia. Se apoyan en unos “Fueros” del pueblo que les fueron
arrebatados, cuando en realidad esos fueros eran por y para los estamentos
privilegiados. El pueblo, en el Antiguo Régimen, sólo tenía el derecho a
trabajar y callar.
Lo
que en un principio era un negocio, el de acaparar poder, se ha degenerado en exigencias
de independencia. La descentralización política del Estado ha permitido
transferir ese poder delegado al poder económico local. Las élites locales funden
nacionalismo cultural con nacionalismo político para alistar un ejército de abducidos
a la causa nacionalista para mangonear las cuentas públicas. Don dinero autoalimenta
y engorda cualquier grupo organizado. Mientras que nuestros socios europeos
invierten en tecnología, en España estamos invirtiendo en nacionalismos
excluyentes rancios.
La
hipotética desaparición del Estado Español sólo debería producirse en un
proceso de integración hacia adelante, es decir, con la culminación de la Unión
Europea como Estado, nunca hacia atrás con la independencia de las actuales
Autonomías. Con la Ley Electoral “mayoritaria” quedarían tres o cuatro partidos
políticos con vocación y programa de gobierno para toda España, y con una descentralización
administrativa los conflictos de competencia desaparecerían. El debate República
o Monarquía es compatible con este planteamiento. Seguramente los nacionalistas
tacharían este sistema de dictadura, y tendrían razón. Es la dictadura de la
mayoría, la perfecta definición de la Democracia, el menos malo de los
sistemas, porque garantiza igualdad de derechos y deberes para “todos los
ciudadanos del Estado” y periódicamente “todos los ciudadanos del Estado” deciden
en las urnas.
Sí,
después de 39 años la Constitución Española de 1978 necesita despojarse
urgentemente de los residuos del Antiguo Régimen para adaptarla a los retos de
este siglo XXI. Estos retos no son otros que la creación del Estado Europeo con
su propia Constitución, la única garantía de no repetir los 100 millones de
muertos de las dos Guerras Mundiales del siglo XX provocadas por los nacionalismos.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
martes, 17 de octubre de 2017
EXTREMISMOS Y TOLERANCIA.
¡Qué desgraciados somos los
españoles! Por una parte tenemos a los progres-nacionalistas-independentistas,
y por el otro lado tenemos a los extremistas-fachas-tradicionalistas. ¿Es que
no quedan ciudadanos a secas? Si sumamos desde los corruptos de guante blanco
hasta los ciudadanos de a pie que se enorgullecen de pagar sin IVA, tal vez
queden pocos españoles que cumplan las leyes.
El comportamiento extremista de los
españoles, y materializado en la Guerra Civil de 1936, podría tener una
explicación. En Europa hubo guerras de religión, que se extendieron
prácticamente a lo largo de los siglos XVI y XVII, y que dejaron millones de
muertos. Este desastre humanitario y demográfico cambió el comportamiento de
los europeos: la tolerancia religiosa invadió todas las mentes, guió y
transformó los comportamientos de los reinos y sus súbditos. La tolerancia surgida
de las guerras de religión fue la precursora del Estado Liberal.
En Europa también se produjeron dos
Guerras Mundiales en el siglo XX que dejaron 100 millones de muertos. Estas dos
guerras fueron frutos de las políticas colonialistas de las potencias
dominantes para adueñarse de las materias primas mundiales, que necesitaban las
industrias de la nueva clase liberal. Se formaron dos bandos irreconciliables con
los mismos intereses y las mismas pretensiones. Estaba en juego la supremacía
mundial, ser el dueño de las riquezas mundiales. Tanto estaba en disputa que los
dos bandos optaron por la “guerra total”, es decir implicar a toda la
población. Esta estrategia sólo podía llevarse a cabo preparando previamente a
toda la población. Se puso en práctica la ideología nacionalista creada por la
Ilustración y expandida en toda Europa por las tropas napoleónicas. Las armas
en manos de los soldados adoctrinados y de las masas nacionalistas embrutecidas
hicieron el resto. De estas dos guerras también se aprendió: fueron las precursoras
del Estado Democrático y de las Organizaciones Supranacionales, precisamente
para terminar con los nacionalismos.
Por suerte, por fortuna o por otras
razones políticas, los españoles no conocimos los horrores de las guerras de
religión, ni de las dos guerras mundiales. Sin embargo, este aislamiento nos ha
dejado secuelas, sentó cátedra en nuestra mentalidad, somos más radicales. Los
españoles no somos, o somos menos tolerantes que nuestros socios europeos. Este
hándicap nos perjudica dentro de la Unión Europea a la hora de formar
coaliciones para defender o proponer políticas concretas, donde se necesita
talante negociador, diplomático y tolerante. Pero también nos perjudica en las
relaciones diarias entre ciudadanos de las distintas autonomías.
Como los españoles no participamos
en las dos Guerra Mundiales, pues tampoco hemos escarmentados de los
nacionalismos. Y nuestros políticos siguen tan alegremente utilizando el instrumento
político nacionalista tan peligroso para la convivencia y la paz social, pero
tan rentable para conseguir votos. Ningún político español valora, o sabe
porque nunca lo pregona, cómo empezó la Unión Europea. El Mercado Común Europeo
nació después de la II Guerra Mundial precisamente para crear un espacio común
europeo alejado de los nacionalismos políticos para no repetir los 100 millones
de muertos.
Algunos podrían decir que sí tuvimos
muchos muertos en nuestra Guerra Civil, y que sí valoramos la tolerancia y la
democracia. Pues no, esa herida se ha cerrado en falso y costará mucho tiempo
en cicatrizar. Desgraciadamente no sirve de ejemplo porque el odio entre
españoles sigue latente. Tal vez para pasar página, esa parte de la Historia reciente
de España debería darse en la enseñanza pública sin tapujos ni complejos, se
debe decir quiénes fueron los constitucionalistas y quiénes los golpistas.
También se ha de enseñar quiénes fueron los extremistas y los intolerantes
antes del 36, durante la guerra y después del 39.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
martes, 26 de septiembre de 2017
TÍTULO DE PROPIEDAD DE LA REPÚBLICA CATALANA.
Si resulta que votar
es democracia, los trabajadores, desempleados y jubilados de Alicante, Badajoz
o Girona podrían defender sus intereses votando. Ya que son los más numerosos y
más pobres de España, pues que hagan referéndums para garantizar un reparto más
justo de la riqueza, un trabajo digno, un salario digno, unas pensiones dignas,
cero recortes en sanidad y educación, cero recortes en ayudas para discapacitados
y dependientes… “No piden robar riquezas, ni privilegios, sino votar, ejercer el
derecho a decidir”. Claro que estos referéndums serían difíciles de llevar a
cabo ya que no son rentables para el capital constitucionalista, ni para el capital
nacionalista.
Este razonamiento puede
parecer una broma infantil para algunos, aunque para los ciudadanos desfavorecidos
seguro que no lo es. Pues sigamos con algo más tangible, porque el desafío de
los independentistas a la Constitución es preocupante, aunque aseguren que son
pacifistas. Nadie sabe cómo terminará el pulso entre la Generalitat catalana y
el Estado español, pero es que nadie sabe tampoco cómo empezó. Hay versiones
para todos los gustos. Y como mi defecto es opinar, pues ahí va mi punto de
vista.
Está comprobado
estadísticamente que la franja de individuos entre 35 y 40 años es la que más se
implica y participa en los asuntos sindicales, políticos, públicos y
asociativos de todo tipo. ¿Y cuándo empezaron las competencias catalanas en
Educación? Pues hagan ustedes mismos los cálculos y verán cómo las cuentas
cuadran. Tampoco hay que ser muy espabilado para darse cuenta que la balanza se
inclina del lado independentista cada año un poco más con nuevas hornadas de
estudiantes. El problema no radica tanto en el traspaso de competencias
educativas u otras, sino en el uso que se hace de ellas. Cuando a un niño lo educas
desde pequeño diciéndole que los malos son los castellanos que le arrebataron
sus fueros, pues ese niño al hacerse mayor relaciona todas sus frustraciones y
carencias con aquellos malvados. El Estado de esta España democrática no ha
sabido enseñar a sus estudiantes que en el Antiguo Régimen no existía el
ciudadano tal como es hoy día, que aquel individuo era un súbdito, casi
esclavo, que sólo tenía derecho a callar, obedecer y trabajar para el amo. El
Estado occidental de derecho y democrático tal como lo conocemos hoy empezó con
la Revolución Francesa hace poco más de 200 años y se fue perfeccionando a lo
largo de los siglos XIX y XX. Y en España, salvo el corto paréntesis
republicano y algún que otro periodo menor en el S.XIX, ese modelo de Estado democrático
sólo llegó con la Constitución de 1978. Por tanto, los españoles de 2018 no somos
culpables de los aciertos, errores u horrores de la época romana, visigoda,
musulmana, medieval, imperial o franquista. Aunque sí somos el resultado de
todas ellas.
La mayoría de las
fuerzas políticas cree que la única salida pacífica a este movimiento
independentista es el camino
del diálogo y la negociación entre todas las partes hasta llegar a una reforma
constitucional pactada. Ahora bien, hay que recordar a todos los posibles y
futuros negociadores el artículo 1.2 de la Constitución Española que dice: “La
soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del
Estado”. Por tanto, el ciudadano de a pie de Alicante, Badajoz o Girona es copropietario
de la soberanía nacional, su título de propiedad es la Constitución y sin su
consentimiento no puede haber reforma constitucional.
Lo mismo que me niego a que unos
autodenominados “independentistas democráticos” me quieran robar parte de mi
país legitimándose en una “supuesta herencia de un título de propiedad de un
bando del estamento privilegiado de la nobleza del año 1714 (¿?)”, también me
niego a que los representantes políticos actuales de la soberanía nacional
pacten una reforma constitucional sin someterla al voto de la soberanía nacional,
es decir de todos los españoles. Por cierto, ya que destapamos el corcho de la
reforma constitucional, que no se quede en un lavado de cara para contentar a
la burguesía catalana, sino que sea una reforma integral que aporte soluciones
a los problemas de los ciudadanos de Alicante, Badajoz, Girona… y todos los
demás ciudadanos españoles.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
viernes, 15 de septiembre de 2017
POLÍTICA METAFÍSICA.
En la Antigüedad, los griegos decían
que la PHYSIS, o naturaleza, es la
porción del mundo que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que
existe otra parte infinita de la realidad que los hombres son incapaces de
percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban
su existencia, les llamaron NOÚMENOS,
en oposición a los FENÓMENOS que sí
podemos ver o sentir. Es lo que el filósofo Immanuel Kant denominó:
“conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.
Ese ejercicio de abstracción de los griegos
antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el inicio de las
Ciencias Naturales y Sociales, y su posterior desarrollo tal como las conocemos
hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se
ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, la
teoría atomista de Demócrito, el magnetismo, las ondas electromagnéticas, la
electricidad, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la biología celular
y molecular, la informática, la telefonía móvil…
En CIENCIA POLÍTICA es difícil distinguir entre conocimiento sensible
y conocimiento racional puro, pero aún más entre Ciencia y Política. Y no
tanto por la Ciencia y la Política, sino por los inmejorables actores-intérpretes
sociales. En toda sociedad, lugar y época, la CLASE DOMINANTE perpetúa su poder y su supremacía económica monopolizando,
administrando y adjudicando el vasto espectro de ideologías políticas y
religiosas; su CLASE POLÍTICA cumple
los objetivos y legitima su alto estatus social disfrazando esas ideologías clasistas
y negocios elitistas en Ciencia Política; y su CLASE RELIGIOSA, dirigente de todos los cultos, justifica y rentabiliza
su trabajo cuando sus fieles llegan a confundir fe con razón y teología con Ciencia,
la de los noúmenos, la que no se ve, y precisamente por ello cada cual puede especular
y asegurar cualquier existencia. Al igual que en física la energía no se
destruye sino que se transforma, en política, el PODER no se arrebata y se destruye, sino que se autoalimenta y se auto
transforma para sobrevivir a cualquier alteración, y rara vez cambia de manos.
¿Y cuál es la moraleja de esta
historia, si es que la tiene? Pues la mía, me la callaré. En POLÍTICA no dejes que otros te regalen
todos los ingredientes cocinados y masticados, porque en esta sociedad política
nada es gratuito, todo tiene un precio para el administrado y un beneficio para
el administrador. Pero como los conocimientos no son innatos ni privativos,
puesto que cada uno los aprende en un proceso interminable de formación y los
aprehende a lo largo de toda una vida, pues nadie está en posesión de la verdad
absoluta, ni de la visible, ni de la razonada. Piensa por ti, pero con
conocimiento racional puro instruido, luego existirás.
Fdo.: Luis Perant Fernández
miércoles, 30 de agosto de 2017
A MÁS INDEPENDENTISMO, MÁS CONSTITUCIÓN.
Por lógica racional, la descentralización administrativa del Estado es más eficiente que el estado centralizado en la asignación de los recursos públicos. Esta descentralización acerca la administración a las necesidades del ciudadano, es más receptiva a sus propuestas y demandas, pero sobre todo permite la participación de los ciudadanos y agiliza las decisiones. La descentralización administrativa se lleva a cabo y se desarrolla transfiriendo competencias estatales, otorgando poder normativo y asignando recursos a los administrados, quienes conocen mejor que nadie las necesidades locales. El poder central se limita al reparto equitativo de los recursos nacionales y a controlar su asignación y buen uso en las competencias transferidas. De ningún modo se puede tachar la descentralización administrativa de dictadura del centro sobre la periferia, ya que cada cuatro años la soberanía ciudadana decide democráticamente en las urnas las políticas públicas que deben aplicarse a todos. Todos los ciudadanos y todos los partidos políticos tienen el derecho y el deber de participar en el sistema político democrático.
Sin embargo,
en España se ha impuesto la descentralización política del Estado. Esta
descentralización reparte el poder político central entre varios niveles de
toma de decisiones, difumina la responsabilidad de quienes toman tales
decisiones. El ciudadano agraviado no sabrá nunca el último responsable de sus
desgracias. Además, como cada nivel político tiene su Parlamento para legislar
sus leyes, los ciudadanos del Estado dejan de tener los mismos servicios
públicos, los mismos derechos y mismas obligaciones, fundamento principal de
toda Constitución democrática. En lugar de unirse, colaborar o competir para
mejorar sus vidas, los ciudadanos pelean entre ellos para defender los intereses
territoriales difusos, y no los suyos, los de sus clases sociales. Y en nuestra
economía de suma cero esto equivale a despojar a unos para beneficiar a otros.
Los grupos y territorios mejor organizados siempre conseguirán la mayor parte del
PIB en detrimento de los más desorganizados o débiles. Por regla general, los núcleos
más fuertes no son los más numerosos, ni siquiera siempre los más adinerados,
sino los más acaparadores de poder político.
¿Por qué la
Constitución Española de 1978 recoge la descentralización política y no la
administrativa? ¿A quién beneficia? En toda decisión política siempre hay
ganadores y perdedores. Esta decisión estudiada y premeditada benefició a la
derecha tradicionalista porque la mayoría de españoles es de izquierdas y en
todas las elecciones democráticas siempre habría ganado la izquierda. Pero como
los poderes tradicionales dominan desde siempre los negocios, tanto del centro
como de la periferia del Estado, y conocen a la perfección el caciquismo,
disponen de los dos instrumentos infalibles para que una minoría gobierne a la
mayoría en un sistema democrático. La ideología nacionalista y la
descentralización política conformaron la hoja de ruta de las clases sociales
dominantes en la dictadura franquista para seguir dirigiendo la política y la
economía en la nueva etapa de la España democrática.
Para mantener
tal dominio, la derecha tradicionalista ha fomentado, promocionado y primado la
manipulación y desarrollo de las culturas locales para crear odio en la ciudadanía
y terminar para siempre con la hipotética unión de las izquierdas. La
colaboración de la nueva y atípica izquierda nacionalista ha sido fundamental
en este proceso, ha sido el brazo ejecutor a cambio de picotear parcelas de
poder. Estos nacionalistas de izquierdas se creen los artífices de la nueva
España plurinacional, cuando en realidad son los nuevos jornaleros de estos
nuevos caciques, de esta nueva España multinacional. Pero lo que en principio
era un negocio político, el de acaparar poder para dirigir la economía, se ha
escapado de las manos a los poderes tradicionales centrales y periféricos, y se
ha transformado en un peligro para la convivencia y democracia. La
descentralización política del Estado se ha convertido, para unos en cortijos
privados de negocios cuasi mafiosos, y para otros, los “sans-culottes”, en refugios
de supervivencia económica y privilegios públicos. Este afán de negocio insaciable
ha desembocado en amenazas de independencia, precisamente para arrebatar todo
el poder. El peligro es real para la convivencia pacífica y democrática. Si
refrescamos la memoria, recordaremos que el sistema autonómico, con su
descentralización política a desarrollar a gusto de cada territorio, fue
inventado y aplicado desde arriba.
Sí, la
Constitución Española de 1978 necesita urgentemente una reforma en profundidad,
empezando por Monarquía o República, y siguiendo por descentralización política
o descentralización administrativa. Éstas son las claves para conseguir una
España democrática y social diferente, de todos y para todos, menos feudal y
más europea, menos nacionalista y más universalista.
miércoles, 16 de agosto de 2017
CULTURA, PODEROSO INSTRUMENTO DE GOBIERNO.
Tus conocimientos y tus vivencias se adquieren, y por tanto, dependen de ti, de tus circunstancias y de la socialización que hayas recibido del sistema educativo vigente. Sin embargo, tu cultura te viene dada porque se transmite de padres a hijos.
Por
desgracia, el mal gobernante confunde socialización con cultura, y altera la
cultura para beneficio “del bien nacional” o “del interés general”, y que por
norma coincide con los intereses de las clases gobernantes. El mal gobernante es
experto en dirigir el destino de la sociedad cambiando sus necesidades,
gustos, preferencias, costumbres, ideas, y hasta su Historia y lengua, para que
se ajusten a los intereses y negocios de la clase dominante. De ahí, las malas
artes y sobornos de los grupos de presión para imponer sus modelos
educativos y culturales al gobierno de turno, pero también los chantajes en
gobiernos de coalición por dirigir la cultura y la educación. La ideología
nacionalista está hecha a la medida para obtener la aprobación de la ciudadanía
en la manipulación de la cultura.
Los
peones de estas clases dominantes, que podríamos llamar mercenarios de los
grupos de poder, son actores y comediantes insuperables en el arte de la
representación e interpretación, maestros en manejar la opinión pública para hacer
confundir progreso con consumo, éxito personal con interés económico
gremial, cultura local con superioridad intelectual, y magos en transformar
toda esa cultura cocinada en instrumento político. Con ese bagaje pseudointelectual,
pseudocultural y pseudonacionalista transmitido a la sociedad, ciertos lobbies acaparan
los partidos políticos y las Instituciones del Estado para hacer de lo
público su negocio gremial y privado.
Para
conseguir sus fines, los sofistas mercenarios son expertos en dirigir la
opinión pública acaparando los medios de comunicación y creando Fundaciones, ongs
y laboratorios de ideas. A la par, para estar cerca del poder, la oligarquía
contribuye con sus recursos comprando voluntades en las administraciones
públicas y colocando colaboradores en las empresas públicas, sindicatos
obreros, organizaciones empresariales y principalmente, en todos los partidos
políticos. Con todo el terreno abonado, los pesos pesados de estos holdings
culminan su negocio ejerciendo de lobby ante los tres Poderes del Estado para influir,
recomendar o dirigir la toma de decisiones ejecutivas, legislativas y
judiciales, y, distribuir, asignar o mangonear los Presupuestos Generales del
Estado.
El
ciudadano raso es siempre el perdedor en este juego político-cultural, porque
no crece como ciudadano por acumulación de la experiencia, sino por
reacción a los acontecimientos políticos negativos o positivos, espontáneos o
provocados. En política, lo positivo y negativo son sentimientos
relativos, subjetivos, interesados y temporales. Y en todo Sistema Político
esos sentimientos son casi siempre provocados, inculcados, delimitados,
cuantificados, tutelados y administrados por el poder establecido.
El
ciudadano beneficiado por lo positivo del Sistema Político será adepto al
sistema y el sufridor de lo negativo del mismo Sistema Político será
inconformista o anti sistema. Más allá de 6 meses, la memoria política falla en
la gran mayoría de los votantes, y, lo negativo se puede manipular y
transformar en positivo, y viceversa también. El sistema político,
principalmente el democrático, siempre busca su supervivencia asegurándose el
apoyo mayoritario de los ciudadanos en todas las circunstancias, unas veces
cubriendo las necesidades de éstos, otras muchas, generando los deseos de lo
que el sistema puede ofrecer o quiere imponer, y otras, administrando el miedo
a lo desconocido o a lo diferente. El ciudadano, que reacciona en la dirección
deseada a todos estos estímulos del sistema, está adecuadamente culturalizado.
El
devenir es imparable e impredecible, pero siempre, hasta el último de
nuestros pensamientos y movimientos estará limitado, fomentado o promocionado
por el Sistema Político en el que vives a través de su proceso de socialización
y culturalización. Esta tutela será positiva o negativa en función del buen o mal
gobierno. Si el gobierno del mal gobernante se prolonga en el tiempo, producirá
daños irreparables en la cultura, formación, socialización y futuro de los
ciudadanos, y terminará por dejar secuelas psicológicas en una o varias generaciones.
De ahí la importancia de fomentar la cultura política democrática en el sistema
educativo para generalizar la participación ciudadana en los asuntos públicos y
no caer en la trampa del mal gobernante, y también, para inculcar la imperiosa
obligación de los ciudadanos de votar siempre en todos los procesas electorales,
precisamente para liberarse del mal gobernante. Pretensiones difíciles de
llevar a cabo, ya que las clases dominantes se reservan el monopolio de la
enseñanza y el derecho a manipular la cultura para seguir gobernando.
Fdo.: Luis Perant Fernández
sábado, 1 de octubre de 2016
PEDRO SÁNCHEZ NO ES EL PROBLEMA.
Con
Pedro o sin él, seguiremos en campaña electoral permanente. Los partidos competirán
hasta alcanzar el poder. Guste o no, éstas son las reglas de juego democrático,
unos pueden prometer y otros son libres de dejarse engañar. El problema surge
cuando la oferta de partidos políticos es intervenida, entonces, ese “mercado”
supuestamente libre es alterado, y por ende, la elección está condicionada. De
ningún modo quiero decir que haya un cártel de oferta mafioso. A veces el poder
puede ser tan sutil que todas sus piezas encajan a la perfección por arte de
magia. Para despejar mis sospechas, simplifico el sistema político. El partido
ganador en las elecciones generales gobierna durante 4 años. Si al final de ese
mandato los ciudadanos quedan contentos con su gestión, pues volverán a
votarle. Si los ciudadanos quedan insatisfechos, votarán al partido de la
oposición. Este juego es simple para el ciudadano que puede sentirse engañado
por promesas electorales incumplidas.
El
partido ganador gobierna las Instituciones del Estado y administra la mayor
empresa del país, es el agente económico que más dinero ingresa y el que más
gasta. Por tanto, los agentes económicos privados nacionales y transnacionales,
los llamados lobbies, saben que es fundamental estar cerca del poder político
para garantizar el futuro de sus empresas. El volumen de negocio de muchas de
esas multinacionales es mayor que el PIB de muchos Estados. Es fácil comprender
que esos poderosos holdings no se aventuren a que algún partido ponga en peligro
sus negocios. Por tanto, si el partido de gobierno ha legislado a favor de la
“causa” y ya no tiene la confianza de los votantes, el poder económico debe
asegurarse de que el partido de la oposición llamado a gobernar no destruya “lo
edificado”. Hay varias fórmulas para conseguirlo, desde minar los partidos
desde dentro para difuminar la dirección y la ideología, hasta favorecer la
proliferación de partidos nuevos para difuminar la soberanía ciudadana. En
España han ocurrido ambas cosas.
Antes
de seguir, quiero dejar claro que los fundadores de las nuevas opciones
políticas son casi siempre honestos en sus ofertas políticas a los ciudadanos.
Cosa diferente son las facilidades y ayudas legales, logísticas, mediáticas y
en algunos casos, económicas, que facilitan la proliferación de asociaciones y
partidos nuevos. Los lobbies interesados en este planteamiento saben poner en
funcionamiento toda la maquinaria necesaria para conseguir sus fines, y además
sin parecerlo. La ingeniería electoral se pone en marcha para que el voto
descontento no dé la mayoría absoluta al partido de la oposición. Se pone en
marcha una campaña mediática de desprestigio a los gobiernos con mayoría
absoluta y se mitifica a los gobiernos de coalición donde el “diálogo y
consenso” son virtudes. Para ello no se escatiman recursos, todo un ejército de
tertulianos y personajes afamados se encargan de endemoniar al bipartidismo y difundir
la similitud de un gobierno democrático de mayoría absoluta de 4 años de
duración con un gobierno dictatorial de 40 años.
Los
votos de centro-derecha que pierde el PP se canalizan hacia Ciudadanos. Los
votos de izquierda movilizados por los recortes sociales del PP se desvían
hacia Podemos. Y el principal partido de la oposición de la legislatura que
terminó, el Psoe, se queda sin mayoría absoluta para poder derogar la
legislación neoliberal del Partido Popular. Nunca habrá pleno consenso en
ninguna futura coalición de gobierno, sea de dos o tres partidos, para reponer los
servicios públicos y sociales que el PP ha llevado a cabo con sus políticas de
recortes. Tan grave, o tal vez más, sea la falta de acuerdos sobre políticas
concretas que el gobierno de España debe plantear en el Consejo Europeo que es
dónde nacen las políticas que nos gobiernan y que descaradamente favorecen a
los lobbies. Pero como hay sospechas de que la coalición opositora puede
gobernar y radicalizarse, se decide minar el Psoe desde dentro desestabilizando
su dirección y asegurar su abstención en la investidura de Rajoy. Las puertas
giratorias son una inversión muy rentable, cumplen múltiples funciones para la
“causa”. La ingeniería electoral bien pagada funciona.
Este
artículo puede ser fruto de una elucubración, pero también puede ajustarse a
algunas de las Teorías políticas sobre el Poder. En España tenemos varios
ejemplos que se ajustan a esta Teoría. Tiempos atrás, el “Poder” facilitó la
proliferación de sindicatos de trabajadores independientes con la finalidad de
debilitar el inmenso poder de convocatoria de CCOO y UGT. La campaña mediática
desprestigiando a sus dirigentes y ensalzando los derechos individuales fue
brutal. También, algunos partidos políticos de izquierdas fueron minados por
los nacionalistas y sus dirigentes tachados de descerebrados. En Política todo
es intencionado, nada es casual.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
jueves, 8 de septiembre de 2016
SE IMPONE OTRA REFORMA, LA LEY ELECTORAL.
Aunque un Estado pertenezca al
bloque democrático y esté integrado en una o varias organizaciones supranacionales,
su sistema electoral es diferente de otros Estados similares. Esto se debe a
que cada Estado está formado por poderes diferentes. El sistema electoral se
desprende de la Constitución y asegura el gobierno del Estado según el consenso
alcanzado por los integrantes de la sociedad en dicha Constitución. Siendo
realistas, comprenderemos fácilmente que la sociedad evoluciona con el paso del
tiempo. Por tanto, el consenso de una época, que no equilibrio, se altera o se
quiebra y se impone una reforma parcial o completa del sistema electoral para
reflejar la nueva relación de fuerzas en la vida política de la nación.
En la última sesión de las Cortes
franquistas (19 de noviembre de 1.976), en la que éstas se autodestruyen para
dejar paso al sistema democrático, el tema de discusión en los pasillos no era
aprobar la disolución. Se discutía el sistema electoral y la división
territorial de la futura España democrática. Los poderes tradicionales,
obligados por el Fondo Monetario Internacional y por Occidente tenían que
aceptar el cambio, incluyendo la legalidad de todos los partidos políticos. Por
lo tanto, se discutía sobre el modelo del nuevo sistema político para seguir
controlando el Estado. En un sistema electoral “mayoritario” existen, casi siempre
dos partidos importantes que se turnan en el poder, y un tercero que suele ser
el partido “bisagra”. Los tradicionalistas y los poderes fácticos no podían
tolerar que el tercer partido fuese el comunista. Ese puesto debía ocuparlo los
partidos nacionalistas periféricos que por tradición e ideología son de derechas.
Esto se consigue fácilmente con un sistema electoral “proporcional” que da
entrada a los partidos políticos localistas. Para que los nacionalistas tengan
realmente poder, y puedan contrarrestar un posible Poder central de izquierdas,
tienen que ejercerlo y para ello se crea un sistema a la medida, el autonómico,
con su Gobierno y su Cámara legislativa y sin dependencia jerárquica del Poder
Central. La Constitución Española no establece límites entre las competencias
del Estado y de las Autonomías, esta situación genera conflictos permanentes
entre uno y otros. Y como ambos están legitimados por las urnas, no toleran
dependencia jerárquica alguna. Esta situación que se desprende de nuestra Constitución
no es fruto de la casualidad. Si refrescamos la memoria histórica, recordaremos
que el sistema autonómico fue inventado e impulsado desde arriba. Además los
poderes tradicionales entienden de caciquismos para dirigir la periferia y
manejar todos los negocios locales.
Como en este mundo nada es perfecto,
aparecen los fallos. Aparecen nuevos políticos, los progres, que ven un negocio con el nacionalismo
de izquierdas. Esto es atípico, puesto que la ideología de izquierdas es
universalista y el nacionalismo es localista y tradicionalmente de derechas.
Estos nacionalistas que se dicen de izquierdas son estafadores, alimentan un
mito étnico tergiversando la historia. Se apoyan en unos Fueros del pueblo que
fueron arrebatados, cuando en realidad esos fueros eran los privilegios de los
estamentos privilegiados. El pueblo, en el Antiguo Régimen, sólo tenía el
derecho a trabajar y callar. Estos “progres” se han visto desbordados por los
“cachorros” y lo que en un principio era un negocio, el de acaparar poder, se
ha transformado en un peligro para la Democracia. Se han manipulado las
culturas locales para crear odio, y amparándose en el sistema democrático, se
exige la autodeterminación para después imponer la dictadura de la etnia. Lo
que en un principio era una descentralización política y administrativa del
Estado se ha convertido en exigencias de independencia. El sistema autonómico
se ha escapado de las manos, a unos y a otros.
Con una reforma de la Ley Electoral,
sería cambiar del sistema proporcional al mayoritario, quedarían tres o cuatro
partidos políticos con vocación y programa de gobierno para toda España. Y con
una descentralización regional o federal, con Cámaras Legislativas con
competencias definidas y delimitadas, los conflictos de competencia desaparecerían.
Nunca más se repetirían las elecciones generales, nunca más habría gobiernos en
funciones sin control parlamentario y nunca más las minorías chantajearían a
las mayorías, y no me refiero a los nacionalistas de a pie. Son las minorías
económicas, de los negocios y bien organizadas las que hacen de la ideología
nacionalista su herramienta política de dominación de las masas. Seguramente
los nacionalistas independentistas, y otros políticos profesionales, tacharían
este sistema de dictadura centralista, y tendrían razón. Sería la dictadura de
la mayoría, la perfecta definición de la Democracia, el menos malo de los
sistemas políticos, porque genera igualdad para todos y periódicamente los
ciudadanos deciden en las urnas. Esta España sería diferente, sería más
democrática, más social y más europea.
Fdo.: Luis Perant Fernández
domingo, 26 de junio de 2016
LA POLÍTICA COMO CIENCIA DE LA VIDA.
La Ciencia Política me ha ayudado a
comprender la sociedad, no como la suma de individuos, sino como el
resultado de los conflictos de interés generados por los grupos de poder, esos
mismos que siempre gobiernan bajo cualquier Sistema Político y siempre escriben
la historia de los vencedores, oficialmente la Historia Universal.
La Ciencia Política también me ha
sido de gran ayuda para superar la ideología liberal imperante que dice: “la
soberanía nacional reside en el pueblo”, y descubrir el mal uso de la
Democracia como instrumento político de gobierno refinado y sofisticado en
manos de los poderes económicos globalizados para dirigir los negocios privados
y públicos con el consentimiento de la mayoría de la ciudadanía, y no por
desgracia, como un Sistema Político justo e igualitario con los derechos y
deberes de los ciudadanos.
La Democracia no es la panacea
contra todos los males de los ciudadanos, pero está considerada por la mayoría
de los eruditos como el Sistema Político menos malo. Pero no olvidemos que
las democracias no son eternas y, hoy día, están amenazadas por un conjunto de
desafíos y desafiadores que podrían no considerar la democracia como la única
alternativa disponible. Y nunca deberíamos olvidar que la mayoría de los países
europeos fueron dirigidos por gobiernos fascistas y totalitarios en el siglo
XX. No sería de extrañar, que en cuanto la oligarquía financiera europea sea
incapaz de seguir alterando el sistema democrático para conseguir sus
propósitos, fuerce el cambio hacia otros sistemas políticos.
Los actuales motores económicos
mundiales son los países llamados emergentes o BRICS. Acaparan las materias
primas, la producción, el comercio, el consumo y muy pronto serán los banqueros
mundiales, pero no son precisamente referentes democráticos. Las Constituciones
de Brasil, Rusia, India y Sudáfrica son formalmente democráticas, sin embargo,
los poderes tradicionales son los que dirigen el estado y los negocios. En
estos países, la clase media, la que sustenta el estado democrático, es
minoritaria y la clase trabajadora no alcanza la suficiente organización como
para influir en la vida política y económica. El caso chino es el más
alarmante, la República Popular China es el líder de los BRICS y va camino de
convertirse en la primera potencia mundial a todos los niveles. Sin embargo,
China está gobernada por una oligarquía militar-comunista que pretende desafiar
el mundo occidental y su estilo de vida democrática. Su sistema de gobierno autoritario
y totalitario es capaz de mantener a sus más de 1300 millones de súbditos en un
estado casi esclavista. Pues bien, estos
modelos políticos de los BRICS son los que sirven como referentes a las oligarquías
occidentales por su alta capacidad productora y su bajo coste social.
Por tanto, como ciudadano de pleno
derecho de España, Estado social y democrático de Derecho, y miembro de la
Unión Europea: No permitas que el mal gobernante y los sofistas alteren la
cultura de tus hijos, y te los roben. No toleres que el mal gobernante
socialice y culturice tus hijos para crear súbditos del sistema
económico, únicamente “productores/consumidores” en lugar de ciudadanos. No contribuyas
con tu silencio a que el mal gobernante se adueñe del Estado para saquear lo
Público, desmontar tu Estado del Bienestar y arruinar el futuro de tus
hijos. No te resignes a que una oligarquía gobierne a la mayoría en un
sistema democrático. No te dejes embaucar por demagogos que predican
repartos de recursos infinitos “caídos del cielo”. No te dejes engañar por
los nuevos clérigos laicos, sanguijuelas de los recursos públicos, que tienen
soluciones para todos los males de la humanidad desviando y malgastando el dinero público de los más
débiles.
La Política es una Ciencia y
mientras unos la pisotean y desprestigian, otros la aprenden, dominan y
aplican. Es por lo cual existen desde siempre dos bandos diferentes, los
poderes tradicionales que gobiernan y un ejército de personas que sobrevive. No
te resignes, revélate, este mundo también es tuyo, es de todos, porque todos
somos universo. En el cosmos, la noche y el día no se suceden porque no
existen, el tiempo no pasa. Somos nosotros los que estamos de paso en este
universo. Si queremos dejar huella de nuestro tránsito por este mundo, debemos
cultivar la familia, los amigos, los compañeros, incluso los desconocidos, en
definitiva la sociedad. Sólo ellos mantendrán vivas tus ideas y obras. Tus
huellas se borrarán, si es que algún día o noche existieron, como el tiempo. Existen
múltiples medios, y también leyendas, para vencer los obstáculos de tan difícil
travesía terrenal, pero posiblemente, la mejor herramienta disponible y
pacífica para que el ciudadano logre superar la aventura de su vida, sea la
Ciencia Política.
Fdo.: Luis Perant Fernández
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