Hace unos días
oí decir que la Guerra del Golfo Pérsico era “una guerra existencial” para Irán,
que de perderla sería la desaparición del Estado Islámico. Tal vez sea cierto,
pero creo que Estados Unidos también se expone a su desaparición como primera
potencia mundial en caso de derrota. Todos pensábamos que Rusia y China
acabarían con el Viejo Orden Mundial, y para sorpresa general, es Estados
Unidos que ha torpedeado su propio sistema que le garantizaba la supremacía
mundial. Hay múltiples teorías para explicar estos acontecimientos, incluido el
capital y expansionismo judíos. Por mi parte, sólo me concentro en el dólar.
Aunque los
ciudadanos de a pie hayamos asimilado que EE. UU. e Israel han pisoteado el
Derecho Internacional, y que la ONU y su Consejo de Seguridad ya no sirven para
mantener la paz y la seguridad internacionales, aún seguimos desconcertados con
las políticas belicistas de Donald Trump. Europa no reacciona por miedo a que
esto pueda empeorar. Y si no reacciona, claro que empeorará más. Si la relación
comercial, energética, financiera y militar entre Europa y Estados Unidos fuese
una relación entre iguales, ese vínculo no sería un peligro. Por desgracia,
Trump disfruta ridiculizando a los mandatarios europeos, los ignora y los trata
como vasallos. Además, los amenaza con represalias por no poner a su entera
disposición los efectivos militares de la OTAN para guerrear al margen del
Derecho Internacional y de la ONU.
Con su
victoria en la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos impuso el dólar como
moneda de intercambio mundial. La fortaleza de Estados Unidos es proporcional a
la cantidad de dólares en circulación en el mundo, y todo su empeño en
aparentar ser el “guardián mundial de la democracia y derechos humanos”, no es otra
cosa que mantener la supremacía del dólar, aunque sea al margen del Derecho
Internacional. Está comprobado que las invasiones de Irak, Libia, Siria,
Venezuela e Irán han sido inmediatamente después de que sus Gobiernos anunciaran
la venta de su petróleo en euros o en yuanes. Ante esta situación, podemos
decir que la guerra de Oriente Medio tiene difícil solución, ya que para EE.
UU. es una guerra existencial. China ya compra el petróleo y gas ruso en
yuanes. Pero, si ahora Irán consigue vender su petróleo a China en yuanes,
otros países árabes productores seguirán su ejemplo y el petrodólar desaparecería
para la ruina de Estados Unidos. Trump ha caído en su propia trampa. Irán tiene
abierto el estrecho de Ormuz a los buques de China, Rusia, India, Irak y
Paquistán, que compran el petróleo y gas de Oriente Medio en yuanes chinos. La
guerra existencial puede obligar a un bando a usar armas nucleares, y al otro a
destruir las 400 plantas desalinizadoras y dejar sin agua potable a Emiratos
Árabes Unidos, Arabia Saudita, Omán, Kuwait e Israel.
Por supuesto
que ante esta situación mundial peligrosa e incierta, Europa debe reaccionar.
Por desgracia, cada uno de los 27 Estados miembros de la Unión Europea tiene
intereses diferentes, pero siempre enfrentados, porque unos países quieren
seguir en la órbita de Estados Unidos, otros en la de Rusia-China, y otros
pretenden capitanear y dominar la Unión. Si miramos la Historia, las Alianzas y
Ententes entre Naciones no han sido eternas, pero sí cambiantes. Ante la
gravedad actual, lo más sensato sería una Tercera Vía Europea independiente de
los dos bloques. La independencia militar de Europa es una necesidad que se
puede negociar y conseguir a largo plazo. Sin embargo, la independencia
energética de Europa es apremiante, es similar a la guerra existencial que están
librando Estados Unidos, Israel e Irán.
La Unión Europea sólo puede asegurar su viabilidad económica y política recuperando las anteriores fuentes de energía baratas para garantizar la competitividad de su industria y el bienestar de su población. También debe forzar la paz en Ucrania para dejar de alimentar con los presupuestos de los ciudadanos europeos “a los señores de la guerra” de todos los bandos en conflicto. Difícil giro para la Política de la Unión, si admitimos que una gran mayoría de los mandatarios europeos han hecho carrera en las administraciones, empresas y organizaciones yanquis y casi todos han sido adoctrinados en selectos círculos y think-tanks de Estados Unidos. Además, los lobbies de las transnacionales están muy afianzados en Bruselas y son influyentes en las Instituciones Europeas. Sin embargo, la única posibilidad de supervivencia de la Unión Europea es contraatacar con Diplomacia y Derecho Internacional en todas las direcciones.
Firmado: Luis Perant
Fernández

















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