Con las independencias de Canadá,
Estados Unidos y Brasil de sus metrópolis europeas, ningunas de estas nuevas
Naciones se fragmentó y todas ganaron territorios. Con las independencias de
los Virreinatos de Nueva España, del Perú, de Nueva Granada y del Río de la
Plata de la Monarquía Hispánica, todos perdieron territorios, y los pseudo libertadores
financiados y dirigidos por liberales anglosajones, los balcanizaron en 17 naciones,
divididas y aisladas artificialmente, y enfrentadas como enemigas.
Estudiando esta diferencia objetiva de
los dos bloques, la Historia contada sobre las independencias de Hispanoamérica
sería diferente, menos infantil y más creíble. También se daría una explicación
más acertada a la subordinación económica y política de las artificiales
Repúblicas Hispanoamericanas al mundo anglosajón, desde sus nacimientos hasta
nuestros días. Por supuesto, la misma explicación de dependencia es válida para
la España europea que nació de aquella descomposición. La confusión es grande y
se mantiene hasta la actualidad, porque a aquel residuo de la Monarquía nunca se
le debió colgar el San Benito de ”España”. Esa denominación era para el conjunto
de la Monarquía Hispánica y no para una pequeña parte. Es importante recordar
que la Constitución de Cádiz de 1812 era para “todos los españoles de
ambos hemisferios”, y que ninguno de los 63 Constituyentes de los Virreinatos
de las Indias planteaba la independencia.
La Monarquía Hispánica no tuvo
colonias, ningún territorio era propiedad de España. A semejanza del Imperio
Romano, todo el Imperio era España. Los súbditos de Castilla, Aragón, las
Indias, Filipinas, etc., todos eran españoles con los mismos derechos y obligaciones.
La Península sólo era una porción muy pequeña de aquella España global que
nunca podrá recomponerse.
Por desgracia, la Historia que
conocemos de la Hispanidad la escribieron ilustrados franceses y masones
anglosajones, precisamente los saqueadores del Imperio Español. Por
consiguiente, de los tres siglos de la supremacía española del comercio
marítimo mundial, de la hegemonía económica mundial del real de a ocho de
plata, del Sistema Político Virreinal, de las Leyes de Indias y de las
aportaciones científicas e intelectuales de la Escuela de Salamanca, los
Hispanos no sabemos nada.
La Hispanidad es una Civilización compuesta que nació de la unión
y fusión de lo mejor de dos continentes y
totalmente diferente a las demás Civilizaciones unicontinentales. La
Hispanidad perdurará para siempre porque es una Cultura mestiza, integradora,
única e irrepetible. La Hispanidad
expande y culmina la Cultura Greco-Romana. La Hispanidad es la heredera del
Imperio Romano de Occidente. La Hispanidad es la máxima representación de la
Civilización Occidental, no la anglosajona.
Si los Hispanos queremos competir en
pie de igualdad en este mundo globalizado del Siglo XXI, es imprescindible
conocer la verdadera Historia de la Hispanidad para recuperar nuestra
autoestima usurpada. Para ello, debemos estudiarla,
promocionarla y protegerla porque es patrimonio de los 600 millones de
Hispanos. La Hispanidad es futuro.
Firmado: Luis Perant
Fernández























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