SALUDOS DESDE ALICANTE <<< ESPAÑA >>>

SALUDOS DESDE ALICANTE  <<< ESPAÑA >>>
Tren Turístico Limón Exprés (Benidorm-Gata de Gorgos). Ferrocarril Alicante-Denia.

Seguimiento de los Artículos por E-mail

domingo, 5 de agosto de 2018

POLÍTICA Y NUEVAS TECNOLOGÍAS.



La Política y la Filosofía no han avanzado desde la Antigüedad. Salvo pequeños retoques sobre lo ya existente, sus cimientos son los mismos. En lo esencial, nuestra estructura mental es la misma que en la Grecia clásica, se desliza entre dos extremos opuestos para situarnos a cada uno de nosotros en un punto determinado y único, entre el idealismo de Platón y el materialismo de Aristóteles. A su vez, esa posición del individuo entre los dos extremos se refleja y transmite al cursor de los demás opuestos de su personalidad: idealismo-materialismo, derecha-izquierda, creyente-ateo, soñador-realista, egoísta-altruista, ciencias-letras…

Sin embargo la tecnología, que era prácticamente inexistente antes del S.XVII, ha despegado a tal velocidad que muchos ciudadanos sobradamente preparados en su adolescencia son incapaces de terminar su vida profesional al quedar desfasados por “las nuevas tecnologías”. Desde el S.XVII hasta nuestro S.XXI, todos los descubrimientos científicos y tecnológicos han avanzado a pasos agigantados, eso sí, casi siempre impulsados por las ambiciones bélicas y financiados por el Poder establecido en cada lugar y época. Las necesidades bélicas servían, unas veces para dar ventaja armamentista a los ejércitos saqueadores de riquezas ajenas, y otras, para defenderse de los ejércitos invasores saqueadores enemigos. Y sólo después, esos descubrimientos tecnológicos se aplicaban y se siguen aplicando al sector productivo.

Este desfase de grado acumulativo en el tiempo entre estructura mental individual y nivel tecnológico del modo productivo de la sociedad es un obstáculo insuperable para muchos ciudadanos. Muchos viven al margen de la sociedad por no poder asimilar y seguir el ritmo de los cambios tecnológicos, y otros, en su intento de procesar toda la información tecnológica impuesta, enloquecen por saturación.

También están los sofistas de nuestro tiempo que, arrastrados por la velocidad del “progreso” y abandonados por el sistema educativo alejado de las Humanidades, ni siquiera son capaces de pensar que antes de “las nuevas tecnologías” de su generación hubo vida inteligente. Aplican el sistema binario del 0 y 1 de la Informática a todas las facetas y relaciones de la vida como sustituto del opuesto mental Platón-Aristóteles. No saben, porque no se les enseña ni educa, que todo concepto ligado a su opuesto, más que formar una dicotomía, forma un continuo entre dos extremos con infinidades de puntos intermedios que identifican, definen y colocan a cada ciudadano pensante en un punto único como ser inteligente único. Los nuevos sofistas no saben que el sistema binario es útil para seguir, elegir o descubrir un camino, pero no para inventar o crear el camino. No saben que en esa otra vida supuestamente atrasada, a los animales de trabajo ya se les ponía unas orejeras para no distraerlos del trabajo, veían el camino pero no disfrutaban del viaje. Igual que hoy día, pero empleando otros medios más sofisticados.

Esta nueva estructura mental binaria nacida del nuevo nivel tecnológico modifica las relaciones sociales anteriores y moldea individuos diferentes a los de hace unas décadas. Estos nuevos ciudadanos binarios no son mejores ni peores que los anteriores, sólo cambian de religión, creen que el nuevo mesías es la Empresa, que su salvación y bienestar dependen del buen funcionamiento de la Empresa, que su Empresa está por encima de su madre, de su padre, de sus hijos, y no digamos de su pareja.

Estos nuevos ciudadanos sobradamente preparados en idiomas, informática y expertos en conocimientos cercados, pero analfabetos en Humanidades y Política, no saben que la Empresa es un invento del hombre para facilitarle la vida y no para esclavizarlo. Pues lo mismo ocurre con la Política.

La Política es otro invento del hombre para facilitarle la vida y no para esclavizarlo. La Política puede ser el arte del buen gobierno pero también el gobierno del corrupto. La diferencia estriba en la participación activa del ciudadano en Política para fiscalizar la acción de gobierno en cualquier nivel del Estado. Para ello es imprescindible que el ciudadano recupere su ego como centro del universo con una formación sólida en Humanidades, Filosofía y Política para que sepa diferenciar, valorar y elegir las políticas públicas propuestas por los partidos políticos. El mejor gobierno democrático puede degenerar en el peor gobierno dictatorial si no hay participación y vigilancia de los administrados. Si queremos mantener el Estado democrático del Bienestar es imprescindible que los ciudadanos posean conocimientos políticos adquiridos en un sistema educativo público dirigido a formar “ciudadanos pensantes” y no a fabricar “productores, consumidores, nacionalistas, clones…”.

En Política nada es casualidad. En Política todo está calculado y premeditado. Pero como la verdad absoluta no existe, ya que es relativa y cada uno tiene su verdad, pues en Política duda de todo, de todos y de mí también.


Fdo.: Luis Perant Fernández


sábado, 21 de julio de 2018

EUROPA, UN SIGLO DESPUÉS DE LA GRAN GUERRA.



1918, el final de la I Guerra Mundial fue un trauma para millones de europeos. El nuevo mapa político europeo diseñado por los vencedores descompuso Naciones e Imperios y modificó o formó Estados nacionales artificiales y anacrónicos.

1945, la II Guerra Mundial ahondó aún más el problema. Los dos Imperios económicos y militares vencedores se encargaron de diseñar en Yalta una Europa dividida y enfrentada a semejanza del Medievo. Francia y Alemania fueron las dos grandes potencias continentales relegadas al vasallaje de los ganadores, pero el mayor problema de ambas era que sus respectivas poblaciones seguían minadas por el chovinismo y nacionalismo ideológico excluyente. En el corto período de 70 años, los dos países vecinos se enfrentaron en tres guerras, las dos últimas fueron “guerras totales”, denominación que se dio a la “guerra moderna”. El enfrentamiento ya no era entre ejércitos en el campo de batalla o en los océanos, la guerra estaba en todas partes, también en las ciudades y en los puertos y en ella participaba la población civil como escudo humano, moneda de cambio y arma psicológica.

2018, la Unión Europea sigue estancada como proyecto económico y monetario, no despega como realidad política y social. Los ciudadanos europeos desconfían de las Instituciones europeas porque no se sienten protagonistas de las políticas de la Unión, pero también saben del peligro que conlleva el hipotético fracaso de la UE y su desaparición, aunque ese miedo es compartido cada día por menos ciudadanos y puede convertirse en el mayor enemigo de Europa. Los ciudadanos más jóvenes desconocen los motivos que llevaron a crear el Mercado Común Europeo, y por tanto, no pueden imaginar el peligro que supone volver a las políticas proteccionistas de los Estados nacionales, y a las que los europeos más viejos recuerdan con pánico. Las dos Guerras Mundiales del S.XX dejaron 100 millones de muertos y por partida doble Europa quedó devastada, aunque Europa siempre se levantó de sus cenizas. Pero el odio, el rencor y las ganas de revancha entre países y ciudadanos vecinos permanecen latentes.

El Mercado Común Europeo nació después de la II Guerra Mundial para reconstruir Europa pero también para curar heridas y no repetir los 100 millones de muertos. La iniciativa se atribuye a ciertos políticos y países. Lo cierto es que la creación de un espacio común para la industria del carbón, hierro y siderurgia, pilares para la reconstrucción europea, “sometió” a los Estados nacionales a una autoridad supranacional que tomaba las decisiones por consenso o por mayoría de los Estados miembros. La autoridad supranacional zanjaba los enfrentamientos comerciales bilaterales.

Del Mercado Común a la Unión Europea han pasado muchos años, muchos países protagonistas se han ido agregando y muchas competencias se han traspasado de las autoridades nacionales a la del Consejo y Comisión Europea. Sin embargo, la UE sigue siendo un “club” voluntario de naciones sin obligación de permanencia, dónde las Instituciones democráticas son más simbólicas que de participación real de gobierno. El Sistema Político Europeo no es democrático y está hecho por y para las multinacionales. La economía de la Unión Europea depende de la financiación de los “mercados prestamistas” con sede en los Paraísos Fiscales”. Estos nuevos prestamistas usureros de los Estados del S.XXI son los Holdings empresariales con licencia internacional para chupar el beneficio de todas las actividades económicas globalizadas y almacenarlo en los Paraísos Fiscales. Por otra parte, esta dependencia es lógica puesto que algunos historiadores atribuyen la creación del espacio común europeo a las Corporaciones industriales de aquella época, precursoras de las actuales multinacionales. Estas se instalaron en Bruselas en la década de los años 50 para ejercer de Lobby acerca del Poder europeo.

A pesar de las críticas de toda índole, primero el Mercado Común y después la Unión Europea han cumplido con nota alta las expectativas fundacionales: el nivel de vida de los europeos es de los más elevados del mundo y Europa nunca ha disfrutado de tantos años seguidos de paz. Por tanto, si la UE es deficitaria en democracia y los europeos no hemos conseguido la unión política y social, los motivos debemos buscarlos en otra parte.

Los protagonistas políticos en los Estados nacionales son los partidos políticos, mientras que en Bruselas son los Gobiernos de los Estados miembros, es como si hubiese habido un Acuerdo tácito para repartirse el tablero de juego político. Los partidos se quedan con las políticas nacionales y se reparten las parcelas locales de poder, y los Gobiernos, llevados de la mano de los lobbies globalizados, tienen vía libre para manejar la macroeconomía y sus políticas neoliberales. De lo contrario no podría entenderse que en las elecciones nacionales de todos los Estados miembros, las campañas electorales estén en clave de política nacional, cuando en realidad nuestras vidas están condicionadas por las políticas que se toman en Bruselas. Ningún partido europeo se aventura a cuestionar el Sistema Político Europeo. Sólo cuando ciertas clases acomodadas ven peligrar su estatus privilegiado, ciertos partidos políticos alzan las banderas nacionalistas contra la UE, la globalización y dentro de su propio Estado, incluso abusando del nacionalismo excluyente, enemigo mortal de la Unión Europea, de la unidad interna de los Estados y de la paz.

 Fdo.: Luis Perant Fernández

viernes, 22 de junio de 2018

LIMITACIONES A LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA.





Cuando alcanzas una cierta edad, miras hacia atrás y te da vértigo, casi miedo al recordar los obstáculos que has tenido que superar en tu recorrido por este mundo. Ahora con la madurez comprendes tantas cosas. No es que antes no las entendieses, es que ni las veías. Creías que te sobraba tiempo para comerte el mundo. No eras materialista porque confiabas en tus fuerzas eternas para vencer cualquier obstáculo. Ya tendrías tiempo para triunfar por méritos propios y sin explotar a tus semejantes. Estabas seguro de tu fuerza física y mental. Pertenecías a la nueva generación, a tu generación, que respetaba a los mayores pero despreciaba su experiencia. Los viejos eran de otra época atrasada que no sabían nada de la modernidad. ¡Cuánta ignorancia! No era fruto de la maldad, ni siquiera del sistema educativo, sino del des-conocimiento e in-experiencia inherentes a la juventud y de la rivalidad generacional que han existido siempre entre jóvenes y mayores, desde que el mundo es mundo.

Por regla general, cuando el ciudadano se aproxima a la cuarentena es cuando toma conciencia de que la vida tiene un principio y un final. Seguramente, esa sensación tiene que ver con el inicio del declive de sus capacidades físicas y mentales, y la asunción de sus responsabilidades familiares. Su interés por lo público y común también despierta al descubrir las injusticias sociales que antes no veía, y que ahora sufre en sus propias carnes en el mundo laboral y en su vida cotidiana. Al sentirse más débil y desprotegido se refugia en las asociaciones sociales, laborales y políticas para “protegerse”, puesto que ha dejado de confiar ciegamente en su ego y en el altruismo del ser humano. El ciudadano pensante necesita de la sociedad para protegerse de la sociedad, deja de creer en los héroes y salvadores individuales y se refugia en los grupos sociales, asociaciones de ocio, de interés y/o de presión. Por fin comprende que en este mundo individualista, la única forma de alcanzar la seguridad, el bienestar, la fama o el reconocimiento social es a través del asociacionismo. Por desgracia, algunos se percatan demasiado tarde y descubren la feroz lucha que existe en toda organización para detentar el poder, que otros más espabilados acaparan los puestos de responsabilidad desde edades más tempranas.

El ciudadano que no participa de forma activa en ningún grupo social se aísla del mundo exterior y acaba por vivir al margen de la sociedad, y la sociedad decidirá por él. Si ese ciudadano solitario e individualista es la tónica dominante en la sociedad, tal vez el sistema democrático no desaparezca, pero seguro que se altera y corrompe. El Poder, ese que dirige la política, la economía y demás negocios de las necesidades humanas, se reparte en cuotas entre los protagonistas del Sistema Político Democrático. Si una parte renuncia a su cuota, otros actores la absorberán. Las parcelas de Poder nunca desaparecen, cambian de dueño. La concentración excesiva de Poder en una parte de la sociedad puede provocar una reacción de la parte desposeída. Si el abuso es de izquierdas, la reacción será cambiar el Régimen Político democrático por otro autoritario, sin importar los daños colaterales. Si el abuso es de derechas, la reacción puede llegar en forma de Revolución, también sin importar los daños colaterales.

En todo grupo y partido están los vividores y negociantes, esos ciudadanos que saben manejar los integrantes y los estatutos de las organizaciones para progresar en la vida de forma rápida, o para conseguir un empleo de por vida, o para sacar tajada o para conseguir mordidas. Estos personajes, que no son exclusivos de la derecha ni de la izquierda, se adaptan y acoplan a todo jefe con un mínimo de poder en cualquier asociación vecinal, cultural, deportiva, profesional, sindical, empresarial o política, desde la simple asociación de vecinos hasta el más selecto de los clubs privados. Si ingresas en un grupo, detecta a estos arribistas cuanto antes y no se te ocurra discrepar con ellos, o con otros en su presencia, sobre los cargos dirigentes de la organización. Aún sin hacerlo, corres el peligro de ser desprestigiado bajo cualquier pretexto si representas un obstáculo o una competencia para su estatus o promoción.

Fdo.: Luis Perant Fernández


lunes, 11 de junio de 2018

GLOBALIZACIÓN Y REFUGIADOS DEL S.XXI.



         Hasta hace poco, los Estados se agrupaban en países del primer mundo, países en vía de desarrollo y países del tercer mundo. Los Estados del primer mundo tenían el poder político, económico y militar para explotar regiones, países y continentes enteros según los intereses de sus respectivas clases altas. Este sistema era eficaz pero muy costoso.

Los Estados del primer mundo tenían que “mantener” una clase dirigente autóctona cómplice para ejercer de capataz frente a los indígenas de los países explotados. Otras veces, para contener revueltas generalizadas en regiones estratégicas tenían que implantar sistemas políticos pseudodemocráticos para  disfrazar el expolio de las riquezas locales como defensa de la democracia y derechos humanos.

El tercer mundo sólo servía para abastecer de materias primas las industrias del primer mundo, su población no tenía la suficiente preparación para la fabricación industrial, ni tampoco dinero para consumir. A su vez, el sistema económico necesitaba la mano de obra cualificada del primer mundo, y para ello debía asegurar un nivel de vida alto para garantizar paz social y estabilidad económica, el Estado del Bienestar. Con los bajos precios de las materias primas, ese sistema económico daba su beneficio al Estado y a sus clases sociales.

Pero a partir del último tercio del S.XX empezaron las revoluciones informática, robótica, transportes y telecomunicaciones que finiquitaron el sistema económico cuasi colonialista en vigor desde final de la II Guerra Mundial. La industria se modernizó y los procesos de fabricación se automatizaron. La mano de obra cualificada de Occidente ya no era necesaria, con simples obreros adiestrados de cualquier rincón del planeta la fabricación sería mayor y de menor coste. Además, el negocio del consumo no se limitaría sólo al primer mundo, el consumo también sería global. El sistema económico anterior que se edificaba sobre el Estado del Bienestar ya no era rentable para los dueños del capital y tenía que desaparecer. Para implantar y desarrollar su negocio, el nuevo modo capitalista global crea un sistema político-económico a su medida: la Globalización de las multinacionales con sede en los Paraísos Fiscales para escapar de las Haciendas estatales.

Ahora, el colonialismo del S.XXI consiste en derrocar Gobiernos e instalar anarquías, son países sin Estado. El pillaje de sus riquezas y materias primas sigue como antes, pero además, se pueden instalar industrias contaminantes y cementerios nucleares. Las oligarquías locales permitían el pillaje porque participaban en el reparto, pero no consentían la cercanía de las radiaciones nucleares. Este modelo de desorden anarquista, “el Gobierno de los Señores de la Guerra”, es más beneficioso económicamente que mantener Gobiernos vasallos, pero también tiene sus inconvenientes.

Esta nueva forma de colonialismo fomenta los grupos radicales anti Occidente. En realidad son los Estados disconformes con esta nueva estratificación mundial quienes financian estos grupos armados, adoctrinados, radicalizados y entrenados con ideología nacionalista y radicalidad religiosa. Estos grupos armados siembran el terror contra los intereses económicos occidentales sin importar los daños colaterales en la población autóctona, y en las ciudades del primer mundo con acciones sangrientas impactantes en la opinión pública.

Esta situación de anarquía e inseguridad fomenta la emigración masiva hacia Europa organizada por mafias. Con este nuevo panorama, la situación socioeconómica de los países del tercer mundo se agrava porque son los ciudadanos más jóvenes y mejor preparados los que se marchan. Pero también es un problema para los países de acogida porque la externalización de la producción hace que el trabajo sea un bien muy escaso. Los migrantes, que consiguen llegar a tierra prometida de la libertad y abundancia, están condenados al desempleo, la marginalidad y la exclusión social, aunque la huída es la única esperanza de salir del infierno.

Los ejércitos de USA, Reino Unido y Francia invaden Libia para derrocar al dictador y liberar a su pueblo esclavizado; instalan la anarquía en Libia y se adueñan de la mayor reserva de oro del mundo y de su petróleo. Italia, Grecia, Malta y España, los países de la UE más cercanos al conflicto, deben hacerse cargo de los refugiados. Este ejemplo se puede extrapolar a Siria, Afganistán, Somalia, Yemen, Sudán del Sur, Nigeria, Malí, Chad…, América Central y del Sur, sólo varían los recursos en juego, los intereses políticos regionales y sus protagonistas.

Sabemos que Turquía recibe refugiados y dinero, y que dentro de la Unión Europea hay debate y posturas enfrentadas sobre la acogida de refugiados y su financiación. Los países ricos “piratas” dicen que ellos mantienen el Ejército y que el beneficio es para todo Occidente, que la Unión Europea y los demás Estados occidentales deben asumir “los daños colaterales”. Trump ya ha conseguido más dinero para la OTAN, realmente para la industria armamentista estadounidense. A ver quién osa contradecir al jefe pirado.

Fdo.: Luis Perant Fernández

viernes, 8 de junio de 2018

EXPOLIO ECONÓMICO LOCAL.



De unas décadas para aquí, la distribución al por mayor y las ventas al por menor han cambiado radicalmente y han modificado los hábitos de los consumidores. Y por supuesto, los gigantes de internet y sus ventas no existían. Para la mayoría de los consumidores, este cambio ha sido positivo, aunque no sean conscientes del adoctrinamiento de la publicidad de consumo. La oferta de productos es mayor, los precios han bajado y la concentración en centros comerciales, o en el mismísimo hogar, reduce el tiempo empleado en compras y promueve y facilita el consumo y el ocio. Pero el lado negativo también existe.

Antes, el comercio al por menor empleaba miles de puestos de trabajo. Algunos dirán que el modelo actual también, pero hay una gran diferencia. Las ganancias empresariales de esos negocios se quedaban “en casa”. Ese dinero se empleaba en invertir en el negocio o se repartía entre los miembros de la familia. Los hijos seguían con el negocio familiar o se instalaban por cuenta propia, pero siempre el beneficio empresarial se invertía en el lugar. Los hijos formaban sus propias familias y consumían vivienda, comida, vestimenta y ocio. El beneficio empresarial generaba más riqueza, más consumo, más trabajo.

Ahora el beneficio empresarial pertenece a grupos de empresas, la mayoría de ellas multinacionales propietarias de la distribución y franquicias de los centros comerciales y ventas por internet. Y ese beneficio empresarial “vuela” hacia los Paraísos Fiscales que son las sedes de esos gigantes de las finanzas, producción y distribución. El beneficio ya no se queda aquí para ser reinvertido. Aquí sólo quedan los trabajos precarios y mal pagados. Es un expolio legal de la riqueza local, el beneficio que genera la sociedad local es secuestrado, desaparece. Y esas multinacionales sólo invertirán de nuevo en el lugar cuando el Poder político local les garantice subvenciones suculentas para nuevos negocios con beneficios seguros. Y la situación seguirá autoalimentándose y agravándose, más trabajos precarios, más expolio de los beneficios y riquezas locales, más concentración de capital en los Paraísos Fiscales y menos ingresos de la Hacienda Pública.

Las clases altas tradicionalistas nacionales, que apoyaron un Sistema Político de la Unión Europea no democrático para controlar el poder económico, se han visto desbordadas por el gran capital (¿judío entre otros?) que ha confeccionado un modelo económico a su medida: la Globalización neoliberal. Esta pérdida de negocio local provoca una reacción política de las burguesías locales en toda la Unión Europea. Éstas están organizando movimientos y partidos políticos nacionalistas para reivindicar políticas proteccionistas que defiendan sus intereses. Ante la pérdida de peso económico y político, estas oligarquías locales hacen suyo el idealismo nacionalista cultural excluyente de corte fascista para movilizar las masas y recobrar protagonismo político. Estos movimientos, además de ponen en peligro la cohesión social de la UE, no persiguen combatir la globalización neoliberal, sino defender exclusivamente sus intereses burgueses locales, y ninguna otra clase social. Son conscientes de su vasallaje pero quieren mayor porción en el reparto.

La desaparición de las Cajas de Ahorros es un ejemplo más del expolio económico local y social. El negocio bancario de las Cajas de Ahorros representaba el 50% del mercado español. Ese beneficio empresarial de miles de millones de euros de las cajas se invertía en sus zonas de influencia a través de la denominada Obra Social. Además, mantenían miles de puestos de trabajo y daban servicios bancarios y de crédito a cientos de pueblos pequeños que redundaban en generar actividad económica local.

Pues bien, las multinacionales bancarias no podían dejar escapar tal negocio. En connivencia con el poder político, los bancos se lanzaron a destruir las cajas y adueñarse de su cuota de mercado. El Banco de España les impuso colocar productos financieros de riesgo y relajó los controles, los medios de comunicación desprestigiaron la mala gestión, y también la buena, y el “Poder burgués local” saqueo las cuentas, y con ello la credibilidad social de las cajas. Las Cajas de Ahorros estaban finiquitadas con el visto bueno y participación del Banco de España y del Gobierno de España, y por encargo de los Holdings financieros.

La Globalización absorbe otro negocio local rentable y se lleva el beneficio a los Paraísos Fiscales. Los beneficios de las cajas que se destinaban a Obras Sociales se regalan a los accionistas privados globalizados. Miles de millones de euros cambian de bolsillo, de lo público a lo privado. Pero es que ese negocio es un filón, son miles de millones de euros todos los años, hasta la eternidad o hasta que dure este modelo de Globalización neoliberal. La corrupción política en España difícilmente desaparecerá con estos antecedentes tan rentables e impunes.

Fdo.: Luis Perant Fernández

miércoles, 27 de diciembre de 2017

SOBRE LAS ELECCIONES CATALANAS DEL 21-D.


Como era de esperar se vuelve a repetir el mismo cuento después del empate técnico de estas elecciones. Unos vuelven a repetir la necesidad del diálogo político para legitimar el derecho a decidir sobre la independencia de Cataluña, y otros se escudan en la Ley suprema de la Constitución que lo impide. Unos y otros quedan tan contentos porque todos han ganado con este status quo, se aseguran largos debates parlamentarios y en los medios, y se aseguran un trabajo fijo. ¿Y el ciudadano de a pie, el supuesto copropietario de la soberanía popular, dónde queda su estado del bienestar?

En una hipotética democracia pura, los partidos políticos que representan a los pobres siempre ganarían las elecciones, porque en toda sociedad, los pobres son más numerosos que los ricos. Si esto no ocurre en la práctica en ningún país del mundo es porque todas las democracias son intervenidas en mayor o menor medida. Aunque es de sentido común que de alguna manera la democracia pura debe ser intervenida para que ésta no se desvirtúe en demagogia, y en lugar de repartir riqueza se reparta pobreza. Pero en España, como prototipo de país extremista en todas las facetas, aquí somos los campeones del intervencionismo político.

La sociedad catalana ha quedado fraccionada en dos bandos enfrentados e irreconciliables, pero no entre izquierda y derecha, sino entre constitucionalistas e independentistas. Empecemos por los constitucionalistas. La derecha rancia tradicionalista, la de la reforma laboral salvaje y el saqueo de las arcas públicas, a través de su marca blanca lidera el bando constitucionalista, ha relegado al vagón de cola a la oposición de izquierda universalista. Su proyecto político es, en primer lugar, salvar a la patria de los enemigos que quieren romperla. Cuando dobleguen a los separatistas, ya hablaran de modelo de sociedad. Por su parte, los constitucionalistas de izquierda ni comen ni dejan comer, no se atreven a definirse por temor a perder votos, sin percibir que están perdiendo la identidad.

En el otro bando, el de los independentistas, es la misma tónica. La derecha rancia catalana, la del 3% y cuentas en paraísos fiscales, lidera el movimiento separatista sometiendo la voluntad de la oposición de izquierda con promesas de reparto de poder cuando logren la República Catalana. Esta izquierda nacionalista excluyente, independentista, republicana, localista, pueblerina… y todos los calificativos antinaturales y contradictorios inimaginables, está dispuesta a apoyar hasta el mismísimo diablo con tal de arañar cuotas de poder y mangonear presupuestos públicos.

Sí, la estrategia de la derecha española es la misma que la estrategia de la derecha catalana, porque hay una sola estrategia y una sola derecha. El descontento de los ciudadanos por los recortes salariales y sociales no debe canalizarse hacia los partidos de izquierda y poner en peligro el Gobierno de la derecha, el protector de las multinacionales, los verdaderos gobernantes de la economía mundial. Con las ideologías nacionalistas se consigue que los sentimientos desplacen al raciocinio y rompan el mayor bloque de los votantes, los “pobres”. La manipulación de la democracia pura está asegurada.
           
            Mientras tanto, los partidos de izquierda españoles y catalanes viven acomodados en la oposición, sin responsabilidad de gobierno y cobrando de las arcas públicas. Si no fuera así alzarían la voz contra la Ley Electoral que les perjudica y permite que todos los votos no tengan el mismo valor. Necesitamos una Ley Electoral que garantice “un ciudadano, un voto” para que nuestra democracia sea algo más justa y difícil de manipular. Y también para terminar con los pactos post-electorales que desafían toda lógica política y devuelva todo el protagonismo al ciudadano.


Fdo.: Luis Perant Fernández

miércoles, 6 de diciembre de 2017

SE IMPONE REFORMAR NUESTRA CONSTITUCIÓN.

           

                         En el siglo XIX, las Revoluciones Liberales destruyeron el Sistema Estamental de privilegios del Antiguo Régimen en muchos países europeos. En España, este proceso revolucionario fue incompleto. Aristocracia y Clero siempre supieron hacerse con la situación, unas veces sobornando Monarcas y Liberales y otras apelando al Ejército. A la inversa de lo que ocurría en Europa, los liberales españoles no supieron impulsar la Revolución Industrial y modernizar las Instituciones del Estado. Ese período de la Historia de España moldeó todas las clases sociales acentuando su radicalidad, y sus secuelas perduraron durante toda la dictadura franquista. Inevitablemente, los intereses de las clases dominantes tradicionalistas aparecieron en la Constitución de 1978 con la división territorial política autonómica. Esto hace que el actual Sistema Político Español sea diferente de los sistemas de nuestros socios europeos porque aquí la Revolución Liberal-Industrial fue incompleta.

            En la última sesión de las Cortes Franquistas, en la que éstas se autodestruyen para dejar paso al Sistema Democrático, el tema de discusión no era aprobar la disolución. Se discutía el Sistema Electoral y la división territorial de la futura España democrática. Los poderes tradicionales, obligados por el FMI tenían que aceptar el cambio, incluyendo la legalización de todos los partidos políticos. Por tanto, se discutía sobre el modelo del nuevo Sistema Político y su Sistema Electoral para seguir controlando los negocios del Estado. En un sistema electoral “mayoritario”, casi siempre dos partidos importantes se turnan en el poder, y un tercero suele ser el partido “bisagra”. Pues bien, los tradicionalistas no podían tolerar que el tercer partido fuese el comunista, porque la mayoría parlamentaria siempre sería progresista. Ese puesto debía ocuparlo los partidos nacionalistas periféricos que por tradición e ideología son de derechas. Esto se consigue fácilmente con el Sistema Electoral “proporcional” que da entrada a los pequeños partidos locales. Para que los nacionalistas tengan realmente poder, y puedan contrarrestar un supuesto Poder central de izquierdas, tienen que ejercerlo y para ello se crea un sistema a la medida, el autonómico, con su Gobierno y su Parlamento y sin dependencia jerárquica del Gobierno Central. Si refrescamos la memoria, recordaremos que el Sistema Autonómico fue impulsado desde arriba, y tampoco faltan los ejemplos prácticos de pactos post-electorales que desafían toda lógica política.

            Como en este mundo nada es perfecto, aparecieron los fallos. Aparecen nuevos políticos, “los progres”, que ven un negocio con el Nacionalismo de izquierdas. Además, los comunistas acomplejados por la Dictadura Soviética caen de lleno en la trampa y colaboran con estos movimientos locales para picotear parcelas de poder. Esto es atípico, puesto que la ideología de izquierdas es universalista y el Nacionalismo es localista y tradicionalmente de derechas. Estos nacionalistas que se dicen de izquierdas son estafadores, alimentan un mito étnico tergiversando la historia. Se apoyan en unos “Fueros” del pueblo que les fueron arrebatados, cuando en realidad esos fueros eran por y para los estamentos privilegiados. El pueblo, en el Antiguo Régimen, sólo tenía el derecho a trabajar y callar.

Lo que en un principio era un negocio, el de acaparar poder, se ha degenerado en exigencias de independencia. La descentralización política del Estado ha permitido transferir ese poder delegado al poder económico local. Las élites locales funden nacionalismo cultural con nacionalismo político para alistar un ejército de abducidos a la causa nacionalista para mangonear las cuentas públicas. Don dinero autoalimenta y engorda cualquier grupo organizado. Mientras que nuestros socios europeos invierten en tecnología, en España estamos invirtiendo en nacionalismos excluyentes rancios.

            La hipotética desaparición del Estado Español sólo debería producirse en un proceso de integración hacia adelante, es decir, con la culminación de la Unión Europea como Estado, nunca hacia atrás con la independencia de las actuales Autonomías. Con la Ley Electoral “mayoritaria” quedarían tres o cuatro partidos políticos con vocación y programa de gobierno para toda España, y con una descentralización administrativa los conflictos de competencia desaparecerían. El debate República o Monarquía es compatible con este planteamiento. Seguramente los nacionalistas tacharían este sistema de dictadura, y tendrían razón. Es la dictadura de la mayoría, la perfecta definición de la Democracia, el menos malo de los sistemas, porque garantiza igualdad de derechos y deberes para “todos los ciudadanos del Estado” y periódicamente “todos los ciudadanos del Estado” deciden en las urnas.

            Sí, después de 39 años la Constitución Española de 1978 necesita despojarse urgentemente de los residuos del Antiguo Régimen para adaptarla a los retos de este siglo XXI. Estos retos no son otros que la creación del Estado Europeo con su propia Constitución, la única garantía de no repetir los 100 millones de muertos de las dos Guerras Mundiales del siglo XX provocadas por los nacionalismos.

Fdo.: Luis Perant Fernández

martes, 17 de octubre de 2017

EXTREMISMOS Y TOLERANCIA.


¡Qué desgraciados somos los españoles! Por una parte tenemos a los progres-nacionalistas-independentistas, y por el otro lado tenemos a los extremistas-fachas-tradicionalistas. ¿Es que no quedan ciudadanos a secas? Si sumamos desde los corruptos de guante blanco hasta los ciudadanos de a pie que se enorgullecen de pagar sin IVA, tal vez queden pocos españoles que cumplan las leyes.

El comportamiento extremista de los españoles, y materializado en la Guerra Civil de 1936, podría tener una explicación. En Europa hubo guerras de religión, que se extendieron prácticamente a lo largo de los siglos XVI y XVII, y que dejaron millones de muertos. Este desastre humanitario y demográfico cambió el comportamiento de los europeos: la tolerancia religiosa invadió todas las mentes, guió y transformó los comportamientos de los reinos y sus súbditos. La tolerancia surgida de las guerras de religión fue la precursora del Estado Liberal.

En Europa también se produjeron dos Guerras Mundiales en el siglo XX que dejaron 100 millones de muertos. Estas dos guerras fueron frutos de las políticas colonialistas de las potencias dominantes para adueñarse de las materias primas mundiales, que necesitaban las industrias de la nueva clase liberal. Se formaron dos bandos irreconciliables con los mismos intereses y las mismas pretensiones. Estaba en juego la supremacía mundial, ser el dueño de las riquezas mundiales. Tanto estaba en disputa que los dos bandos optaron por la “guerra total”, es decir implicar a toda la población. Esta estrategia sólo podía llevarse a cabo preparando previamente a toda la población. Se puso en práctica la ideología nacionalista creada por la Ilustración y expandida en toda Europa por las tropas napoleónicas. Las armas en manos de los soldados adoctrinados y de las masas nacionalistas embrutecidas hicieron el resto. De estas dos guerras también se aprendió: fueron las precursoras del Estado Democrático y de las Organizaciones Supranacionales, precisamente para terminar con los nacionalismos.

Por suerte, por fortuna o por otras razones políticas, los españoles no conocimos los horrores de las guerras de religión, ni de las dos guerras mundiales. Sin embargo, este aislamiento nos ha dejado secuelas, sentó cátedra en nuestra mentalidad, somos más radicales. Los españoles no somos, o somos menos tolerantes que nuestros socios europeos. Este hándicap nos perjudica dentro de la Unión Europea a la hora de formar coaliciones para defender o proponer políticas concretas, donde se necesita talante negociador, diplomático y tolerante. Pero también nos perjudica en las relaciones diarias entre ciudadanos de las distintas autonomías.

Como los españoles no participamos en las dos Guerra Mundiales, pues tampoco hemos escarmentados de los nacionalismos. Y nuestros políticos siguen tan alegremente utilizando el instrumento político nacionalista tan peligroso para la convivencia y la paz social, pero tan rentable para conseguir votos. Ningún político español valora, o sabe porque nunca lo pregona, cómo empezó la Unión Europea. El Mercado Común Europeo nació después de la II Guerra Mundial precisamente para crear un espacio común europeo alejado de los nacionalismos políticos para no repetir los 100 millones de muertos.

Algunos podrían decir que sí tuvimos muchos muertos en nuestra Guerra Civil, y que sí valoramos la tolerancia y la democracia. Pues no, esa herida se ha cerrado en falso y costará mucho tiempo en cicatrizar. Desgraciadamente no sirve de ejemplo porque el odio entre españoles sigue latente. Tal vez para pasar página, esa parte de la Historia reciente de España debería darse en la enseñanza pública sin tapujos ni complejos, se debe decir quiénes fueron los constitucionalistas y quiénes los golpistas. También se ha de enseñar quiénes fueron los extremistas y los intolerantes antes del 36, durante la guerra y después del 39.


Fdo.: Luis Perant Fernández