El ciudadano
está aturdido por el exceso de información que recibe de los medios de
comunicación convencionales y redes sociales, lo confunde todo, no diferencia
las noticias reales de las falsas. Su formación no le permite asimilar y
procesar tantos datos. Seguramente nuestro sistema de valores, que determina
nuestros principios éticos, morales y culturales, ha cambiado sin que nos
hayamos percatado. Demasiados ciudadanos se dejan llevar por la última moda de consumo,
ocio, viajes, ideologías excluyentes..., acentuando su dependencia económica de
las transnacionales. El mundo cambia a velocidad vertiginosa, y si los
ciudadanos no nos esforzamos en comprender el cambio, estamos condenados a
volver al vasallaje de otra época, a la desaparición de nuestro Estado Social y
Democrático de Derecho.
Imaginemos el
reparto del poder mundial como si fuesen campeonatos de fútbol. En primera
división juegan Estados Unidos, Rusia y China. En segunda división están los
demás Estados con armas nucleares: Gran Bretaña, Francia, Israel, Pakistán,
India y Corea del Norte. Y en tercera división juegan todos los demás. Con esta
visión simplificada, vemos quién manda, quién obedece y quiénes no cuentan para
nada.
Estados
Unidos, Rusia y China se han repartido el mundo, mantienen el miedo a una
Tercera Guerra Mundial para beneficio de sus industrias armamentistas, pero
nunca se enfrentarán directamente entre ellos. Los tres gestionarán la muy
rentable ruta comercial del Ártico. China seguirá siendo la fábrica del mundo,
y también dominará las tecnologías. Rusia queda libre de la presión de la OTAN,
puesto que ésta desaparece, y dominará la producción de las energías, tierras
raras y fertilizantes. Estados Unidos, a través de sus multinacionales,
dominará los mercados y gestionará las transacciones financieras mundiales.
Si analizamos
el sistema político de las tres potencias dominantes vemos que ninguno es un
ejemplo de Democracia. China tiene un sistema de partido único dominado por el
Partido Comunista. Rusia es oficialmente una república federal democrática,
pero sus élites y clase media aún no han superado los 75 años del régimen
soviético. Y Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, ha reemplazado la
diplomacia por la fuerza militar. Estos sistemas de Estados autoritarios crean
cátedra para la gobernanza y economía globales.
Con este
panorama, no puede sorprendernos el genocidio de Gaza, la expansión del Gran
Israel, el secuestro de Maduro, el abandono de Ucrania, el bombardeo de Irán,
las amenazas a Cuba, a la Unión Europea, a España... Las acciones bélicas de
Estados Unidos, con el beneplácito de Rusia y China, han finiquitado el Derecho
Internacional y las Normas de las Naciones Unidas. Este Nuevo Orden Mundial no
ha surgido espontáneamente, se ha ido fraguando poco a poco, y Europa es el mejor
ejemplo: desindustrialización en beneficio de China, dependencia económica y militar
de Estados Unidos, y dependencia de las materias prima de Rusia.
Es cierto que
la Unión Europea dispone de las armas nucleares de Francia y podría jugar en
primera división. Pero por desgracia es imposible. La UE fue un invento de EE.
UU para canalizar sus inversiones en Europa después de la II Guerra Mundial, y
también para contener el peligro comunista de la Unión Soviética. El Sistema
Político de la Unión Europea no es democrático, beneficia a las multinacionales
americanas y divide el poder político entre sus 27 Estados miembros. En lo
económico también es una ruina: moneda única para todos y barra libre en
política fiscal. Esta situación incita la fuga de capitales hacia los países de
la Unión Europea con menor presión fiscal y, por ende, pone en peligro el
estado del bienestar de los ciudadanos europeos.
El futuro
inmediato de la Unión Europea es de dependencia energética total del exterior y
empobrecimiento de sus ciudadanos. La UE podría desaparecer por el descontento
social y la presión de los partidos políticos antieuropeos. Cada opción
política y cada Estado de la Unión tendrá su solución para salir de esta crisis
global, pero por desgracia todos actúan en clave nacional, todos están afanados
en mantener su cuota de poder local, cuando en realidad debería primar la Agenda
Política Común de la UE que es la que nos gobierna. Si la Unión Europea quiere
competir en primera división, tendrá que jugar con las mismas armas que los
tres grandes, Estados Unidos, Rusia y China, sin alinearse exclusivamente con
uno, ni vetando a nadie.
Firmado: Luis Perant
Fernández

