martes, 26 de septiembre de 2017
TÍTULO DE PROPIEDAD DE LA REPÚBLICA CATALANA.
Si resulta que votar
es democracia, los trabajadores, desempleados y jubilados de Alicante, Badajoz
o Girona podrían defender sus intereses votando. Ya que son los más numerosos y
más pobres de España, pues que hagan referéndums para garantizar un reparto más
justo de la riqueza, un trabajo digno, un salario digno, unas pensiones dignas,
cero recortes en sanidad y educación, cero recortes en ayudas para discapacitados
y dependientes… “No piden robar riquezas, ni privilegios, sino votar, ejercer el
derecho a decidir”. Claro que estos referéndums serían difíciles de llevar a
cabo ya que no son rentables para el capital constitucionalista, ni para el capital
nacionalista.
Este razonamiento puede
parecer una broma infantil para algunos, aunque para los ciudadanos desfavorecidos
seguro que no lo es. Pues sigamos con algo más tangible, porque el desafío de
los independentistas a la Constitución es preocupante, aunque aseguren que son
pacifistas. Nadie sabe cómo terminará el pulso entre la Generalitat catalana y
el Estado español, pero es que nadie sabe tampoco cómo empezó. Hay versiones
para todos los gustos. Y como mi defecto es opinar, pues ahí va mi punto de
vista.
Está comprobado
estadísticamente que la franja de individuos entre 35 y 40 años es la que más se
implica y participa en los asuntos sindicales, políticos, públicos y
asociativos de todo tipo. ¿Y cuándo empezaron las competencias catalanas en
Educación? Pues hagan ustedes mismos los cálculos y verán cómo las cuentas
cuadran. Tampoco hay que ser muy espabilado para darse cuenta que la balanza se
inclina del lado independentista cada año un poco más con nuevas hornadas de
estudiantes. El problema no radica tanto en el traspaso de competencias
educativas u otras, sino en el uso que se hace de ellas. Cuando a un niño lo educas
desde pequeño diciéndole que los malos son los castellanos que le arrebataron
sus fueros, pues ese niño al hacerse mayor relaciona todas sus frustraciones y
carencias con aquellos malvados. El Estado de esta España democrática no ha
sabido enseñar a sus estudiantes que en el Antiguo Régimen no existía el
ciudadano tal como es hoy día, que aquel individuo era un súbdito, casi
esclavo, que sólo tenía derecho a callar, obedecer y trabajar para el amo. El
Estado occidental de derecho y democrático tal como lo conocemos hoy empezó con
la Revolución Francesa hace poco más de 200 años y se fue perfeccionando a lo
largo de los siglos XIX y XX. Y en España, salvo el corto paréntesis
republicano y algún que otro periodo menor en el S.XIX, ese modelo de Estado democrático
sólo llegó con la Constitución de 1978. Por tanto, los españoles de 2018 no somos
culpables de los aciertos, errores u horrores de la época romana, visigoda,
musulmana, medieval, imperial o franquista. Aunque sí somos el resultado de
todas ellas.
La mayoría de las
fuerzas políticas cree que la única salida pacífica a este movimiento
independentista es el camino
del diálogo y la negociación entre todas las partes hasta llegar a una reforma
constitucional pactada. Ahora bien, hay que recordar a todos los posibles y
futuros negociadores el artículo 1.2 de la Constitución Española que dice: “La
soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del
Estado”. Por tanto, el ciudadano de a pie de Alicante, Badajoz o Girona es copropietario
de la soberanía nacional, su título de propiedad es la Constitución y sin su
consentimiento no puede haber reforma constitucional.
Lo mismo que me niego a que unos
autodenominados “independentistas democráticos” me quieran robar parte de mi
país legitimándose en una “supuesta herencia de un título de propiedad de un
bando del estamento privilegiado de la nobleza del año 1714 (¿?)”, también me
niego a que los representantes políticos actuales de la soberanía nacional
pacten una reforma constitucional sin someterla al voto de la soberanía nacional,
es decir de todos los españoles. Por cierto, ya que destapamos el corcho de la
reforma constitucional, que no se quede en un lavado de cara para contentar a
la burguesía catalana, sino que sea una reforma integral que aporte soluciones
a los problemas de los ciudadanos de Alicante, Badajoz, Girona… y todos los
demás ciudadanos españoles.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
viernes, 15 de septiembre de 2017
POLÍTICA METAFÍSICA.
En la Antigüedad, los griegos decían
que la PHYSIS, o naturaleza, es la
porción del mundo que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que
existe otra parte infinita de la realidad que los hombres son incapaces de
percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban
su existencia, les llamaron NOÚMENOS,
en oposición a los FENÓMENOS que sí
podemos ver o sentir. Es lo que el filósofo Immanuel Kant denominó:
“conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.
Ese ejercicio de abstracción de los griegos
antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el inicio de las
Ciencias Naturales y Sociales, y su posterior desarrollo tal como las conocemos
hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se
ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, la
teoría atomista de Demócrito, el magnetismo, las ondas electromagnéticas, la
electricidad, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la biología celular
y molecular, la informática, la telefonía móvil…
En CIENCIA POLÍTICA es difícil distinguir entre conocimiento sensible
y conocimiento racional puro, pero aún más entre Ciencia y Política. Y no
tanto por la Ciencia y la Política, sino por los inmejorables actores-intérpretes
sociales. En toda sociedad, lugar y época, la CLASE DOMINANTE perpetúa su poder y su supremacía económica monopolizando,
administrando y adjudicando el vasto espectro de ideologías políticas y
religiosas; su CLASE POLÍTICA cumple
los objetivos y legitima su alto estatus social disfrazando esas ideologías clasistas
y negocios elitistas en Ciencia Política; y su CLASE RELIGIOSA, dirigente de todos los cultos, justifica y rentabiliza
su trabajo cuando sus fieles llegan a confundir fe con razón y teología con Ciencia,
la de los noúmenos, la que no se ve, y precisamente por ello cada cual puede especular
y asegurar cualquier existencia. Al igual que en física la energía no se
destruye sino que se transforma, en política, el PODER no se arrebata y se destruye, sino que se autoalimenta y se auto
transforma para sobrevivir a cualquier alteración, y rara vez cambia de manos.
¿Y cuál es la moraleja de esta
historia, si es que la tiene? Pues la mía, me la callaré. En POLÍTICA no dejes que otros te regalen
todos los ingredientes cocinados y masticados, porque en esta sociedad política
nada es gratuito, todo tiene un precio para el administrado y un beneficio para
el administrador. Pero como los conocimientos no son innatos ni privativos,
puesto que cada uno los aprende en un proceso interminable de formación y los
aprehende a lo largo de toda una vida, pues nadie está en posesión de la verdad
absoluta, ni de la visible, ni de la razonada. Piensa por ti, pero con
conocimiento racional puro instruido, luego existirás.
Fdo.: Luis Perant Fernández
miércoles, 30 de agosto de 2017
A MÁS INDEPENDENTISMO, MÁS CONSTITUCIÓN.
Por lógica racional, la descentralización administrativa del Estado es más eficiente que el estado centralizado en la asignación de los recursos públicos. Esta descentralización acerca la administración a las necesidades del ciudadano, es más receptiva a sus propuestas y demandas, pero sobre todo permite la participación de los ciudadanos y agiliza las decisiones. La descentralización administrativa se lleva a cabo y se desarrolla transfiriendo competencias estatales, otorgando poder normativo y asignando recursos a los administrados, quienes conocen mejor que nadie las necesidades locales. El poder central se limita al reparto equitativo de los recursos nacionales y a controlar su asignación y buen uso en las competencias transferidas. De ningún modo se puede tachar la descentralización administrativa de dictadura del centro sobre la periferia, ya que cada cuatro años la soberanía ciudadana decide democráticamente en las urnas las políticas públicas que deben aplicarse a todos. Todos los ciudadanos y todos los partidos políticos tienen el derecho y el deber de participar en el sistema político democrático.
Sin embargo,
en España se ha impuesto la descentralización política del Estado. Esta
descentralización reparte el poder político central entre varios niveles de
toma de decisiones, difumina la responsabilidad de quienes toman tales
decisiones. El ciudadano agraviado no sabrá nunca el último responsable de sus
desgracias. Además, como cada nivel político tiene su Parlamento para legislar
sus leyes, los ciudadanos del Estado dejan de tener los mismos servicios
públicos, los mismos derechos y mismas obligaciones, fundamento principal de
toda Constitución democrática. En lugar de unirse, colaborar o competir para
mejorar sus vidas, los ciudadanos pelean entre ellos para defender los intereses
territoriales difusos, y no los suyos, los de sus clases sociales. Y en nuestra
economía de suma cero esto equivale a despojar a unos para beneficiar a otros.
Los grupos y territorios mejor organizados siempre conseguirán la mayor parte del
PIB en detrimento de los más desorganizados o débiles. Por regla general, los núcleos
más fuertes no son los más numerosos, ni siquiera siempre los más adinerados,
sino los más acaparadores de poder político.
¿Por qué la
Constitución Española de 1978 recoge la descentralización política y no la
administrativa? ¿A quién beneficia? En toda decisión política siempre hay
ganadores y perdedores. Esta decisión estudiada y premeditada benefició a la
derecha tradicionalista porque la mayoría de españoles es de izquierdas y en
todas las elecciones democráticas siempre habría ganado la izquierda. Pero como
los poderes tradicionales dominan desde siempre los negocios, tanto del centro
como de la periferia del Estado, y conocen a la perfección el caciquismo,
disponen de los dos instrumentos infalibles para que una minoría gobierne a la
mayoría en un sistema democrático. La ideología nacionalista y la
descentralización política conformaron la hoja de ruta de las clases sociales
dominantes en la dictadura franquista para seguir dirigiendo la política y la
economía en la nueva etapa de la España democrática.
Para mantener
tal dominio, la derecha tradicionalista ha fomentado, promocionado y primado la
manipulación y desarrollo de las culturas locales para crear odio en la ciudadanía
y terminar para siempre con la hipotética unión de las izquierdas. La
colaboración de la nueva y atípica izquierda nacionalista ha sido fundamental
en este proceso, ha sido el brazo ejecutor a cambio de picotear parcelas de
poder. Estos nacionalistas de izquierdas se creen los artífices de la nueva
España plurinacional, cuando en realidad son los nuevos jornaleros de estos
nuevos caciques, de esta nueva España multinacional. Pero lo que en principio
era un negocio político, el de acaparar poder para dirigir la economía, se ha
escapado de las manos a los poderes tradicionales centrales y periféricos, y se
ha transformado en un peligro para la convivencia y democracia. La
descentralización política del Estado se ha convertido, para unos en cortijos
privados de negocios cuasi mafiosos, y para otros, los “sans-culottes”, en refugios
de supervivencia económica y privilegios públicos. Este afán de negocio insaciable
ha desembocado en amenazas de independencia, precisamente para arrebatar todo
el poder. El peligro es real para la convivencia pacífica y democrática. Si
refrescamos la memoria, recordaremos que el sistema autonómico, con su
descentralización política a desarrollar a gusto de cada territorio, fue
inventado y aplicado desde arriba.
Sí, la
Constitución Española de 1978 necesita urgentemente una reforma en profundidad,
empezando por Monarquía o República, y siguiendo por descentralización política
o descentralización administrativa. Éstas son las claves para conseguir una
España democrática y social diferente, de todos y para todos, menos feudal y
más europea, menos nacionalista y más universalista.
miércoles, 16 de agosto de 2017
CULTURA, PODEROSO INSTRUMENTO DE GOBIERNO.
Tus conocimientos y tus vivencias se adquieren, y por tanto, dependen de ti, de tus circunstancias y de la socialización que hayas recibido del sistema educativo vigente. Sin embargo, tu cultura te viene dada porque se transmite de padres a hijos.
Por
desgracia, el mal gobernante confunde socialización con cultura, y altera la
cultura para beneficio “del bien nacional” o “del interés general”, y que por
norma coincide con los intereses de las clases gobernantes. El mal gobernante es
experto en dirigir el destino de la sociedad cambiando sus necesidades,
gustos, preferencias, costumbres, ideas, y hasta su Historia y lengua, para que
se ajusten a los intereses y negocios de la clase dominante. De ahí, las malas
artes y sobornos de los grupos de presión para imponer sus modelos
educativos y culturales al gobierno de turno, pero también los chantajes en
gobiernos de coalición por dirigir la cultura y la educación. La ideología
nacionalista está hecha a la medida para obtener la aprobación de la ciudadanía
en la manipulación de la cultura.
Los
peones de estas clases dominantes, que podríamos llamar mercenarios de los
grupos de poder, son actores y comediantes insuperables en el arte de la
representación e interpretación, maestros en manejar la opinión pública para hacer
confundir progreso con consumo, éxito personal con interés económico
gremial, cultura local con superioridad intelectual, y magos en transformar
toda esa cultura cocinada en instrumento político. Con ese bagaje pseudointelectual,
pseudocultural y pseudonacionalista transmitido a la sociedad, ciertos lobbies acaparan
los partidos políticos y las Instituciones del Estado para hacer de lo
público su negocio gremial y privado.
Para
conseguir sus fines, los sofistas mercenarios son expertos en dirigir la
opinión pública acaparando los medios de comunicación y creando Fundaciones, ongs
y laboratorios de ideas. A la par, para estar cerca del poder, la oligarquía
contribuye con sus recursos comprando voluntades en las administraciones
públicas y colocando colaboradores en las empresas públicas, sindicatos
obreros, organizaciones empresariales y principalmente, en todos los partidos
políticos. Con todo el terreno abonado, los pesos pesados de estos holdings
culminan su negocio ejerciendo de lobby ante los tres Poderes del Estado para influir,
recomendar o dirigir la toma de decisiones ejecutivas, legislativas y
judiciales, y, distribuir, asignar o mangonear los Presupuestos Generales del
Estado.
El
ciudadano raso es siempre el perdedor en este juego político-cultural, porque
no crece como ciudadano por acumulación de la experiencia, sino por
reacción a los acontecimientos políticos negativos o positivos, espontáneos o
provocados. En política, lo positivo y negativo son sentimientos
relativos, subjetivos, interesados y temporales. Y en todo Sistema Político
esos sentimientos son casi siempre provocados, inculcados, delimitados,
cuantificados, tutelados y administrados por el poder establecido.
El
ciudadano beneficiado por lo positivo del Sistema Político será adepto al
sistema y el sufridor de lo negativo del mismo Sistema Político será
inconformista o anti sistema. Más allá de 6 meses, la memoria política falla en
la gran mayoría de los votantes, y, lo negativo se puede manipular y
transformar en positivo, y viceversa también. El sistema político,
principalmente el democrático, siempre busca su supervivencia asegurándose el
apoyo mayoritario de los ciudadanos en todas las circunstancias, unas veces
cubriendo las necesidades de éstos, otras muchas, generando los deseos de lo
que el sistema puede ofrecer o quiere imponer, y otras, administrando el miedo
a lo desconocido o a lo diferente. El ciudadano, que reacciona en la dirección
deseada a todos estos estímulos del sistema, está adecuadamente culturalizado.
El
devenir es imparable e impredecible, pero siempre, hasta el último de
nuestros pensamientos y movimientos estará limitado, fomentado o promocionado
por el Sistema Político en el que vives a través de su proceso de socialización
y culturalización. Esta tutela será positiva o negativa en función del buen o mal
gobierno. Si el gobierno del mal gobernante se prolonga en el tiempo, producirá
daños irreparables en la cultura, formación, socialización y futuro de los
ciudadanos, y terminará por dejar secuelas psicológicas en una o varias generaciones.
De ahí la importancia de fomentar la cultura política democrática en el sistema
educativo para generalizar la participación ciudadana en los asuntos públicos y
no caer en la trampa del mal gobernante, y también, para inculcar la imperiosa
obligación de los ciudadanos de votar siempre en todos los procesas electorales,
precisamente para liberarse del mal gobernante. Pretensiones difíciles de
llevar a cabo, ya que las clases dominantes se reservan el monopolio de la
enseñanza y el derecho a manipular la cultura para seguir gobernando.
Fdo.: Luis Perant Fernández
sábado, 1 de octubre de 2016
PEDRO SÁNCHEZ NO ES EL PROBLEMA.
Con
Pedro o sin él, seguiremos en campaña electoral permanente. Los partidos competirán
hasta alcanzar el poder. Guste o no, éstas son las reglas de juego democrático,
unos pueden prometer y otros son libres de dejarse engañar. El problema surge
cuando la oferta de partidos políticos es intervenida, entonces, ese “mercado”
supuestamente libre es alterado, y por ende, la elección está condicionada. De
ningún modo quiero decir que haya un cártel de oferta mafioso. A veces el poder
puede ser tan sutil que todas sus piezas encajan a la perfección por arte de
magia. Para despejar mis sospechas, simplifico el sistema político. El partido
ganador en las elecciones generales gobierna durante 4 años. Si al final de ese
mandato los ciudadanos quedan contentos con su gestión, pues volverán a
votarle. Si los ciudadanos quedan insatisfechos, votarán al partido de la
oposición. Este juego es simple para el ciudadano que puede sentirse engañado
por promesas electorales incumplidas.
El
partido ganador gobierna las Instituciones del Estado y administra la mayor
empresa del país, es el agente económico que más dinero ingresa y el que más
gasta. Por tanto, los agentes económicos privados nacionales y transnacionales,
los llamados lobbies, saben que es fundamental estar cerca del poder político
para garantizar el futuro de sus empresas. El volumen de negocio de muchas de
esas multinacionales es mayor que el PIB de muchos Estados. Es fácil comprender
que esos poderosos holdings no se aventuren a que algún partido ponga en peligro
sus negocios. Por tanto, si el partido de gobierno ha legislado a favor de la
“causa” y ya no tiene la confianza de los votantes, el poder económico debe
asegurarse de que el partido de la oposición llamado a gobernar no destruya “lo
edificado”. Hay varias fórmulas para conseguirlo, desde minar los partidos
desde dentro para difuminar la dirección y la ideología, hasta favorecer la
proliferación de partidos nuevos para difuminar la soberanía ciudadana. En
España han ocurrido ambas cosas.
Antes
de seguir, quiero dejar claro que los fundadores de las nuevas opciones
políticas son casi siempre honestos en sus ofertas políticas a los ciudadanos.
Cosa diferente son las facilidades y ayudas legales, logísticas, mediáticas y
en algunos casos, económicas, que facilitan la proliferación de asociaciones y
partidos nuevos. Los lobbies interesados en este planteamiento saben poner en
funcionamiento toda la maquinaria necesaria para conseguir sus fines, y además
sin parecerlo. La ingeniería electoral se pone en marcha para que el voto
descontento no dé la mayoría absoluta al partido de la oposición. Se pone en
marcha una campaña mediática de desprestigio a los gobiernos con mayoría
absoluta y se mitifica a los gobiernos de coalición donde el “diálogo y
consenso” son virtudes. Para ello no se escatiman recursos, todo un ejército de
tertulianos y personajes afamados se encargan de endemoniar al bipartidismo y difundir
la similitud de un gobierno democrático de mayoría absoluta de 4 años de
duración con un gobierno dictatorial de 40 años.
Los
votos de centro-derecha que pierde el PP se canalizan hacia Ciudadanos. Los
votos de izquierda movilizados por los recortes sociales del PP se desvían
hacia Podemos. Y el principal partido de la oposición de la legislatura que
terminó, el Psoe, se queda sin mayoría absoluta para poder derogar la
legislación neoliberal del Partido Popular. Nunca habrá pleno consenso en
ninguna futura coalición de gobierno, sea de dos o tres partidos, para reponer los
servicios públicos y sociales que el PP ha llevado a cabo con sus políticas de
recortes. Tan grave, o tal vez más, sea la falta de acuerdos sobre políticas
concretas que el gobierno de España debe plantear en el Consejo Europeo que es
dónde nacen las políticas que nos gobiernan y que descaradamente favorecen a
los lobbies. Pero como hay sospechas de que la coalición opositora puede
gobernar y radicalizarse, se decide minar el Psoe desde dentro desestabilizando
su dirección y asegurar su abstención en la investidura de Rajoy. Las puertas
giratorias son una inversión muy rentable, cumplen múltiples funciones para la
“causa”. La ingeniería electoral bien pagada funciona.
Este
artículo puede ser fruto de una elucubración, pero también puede ajustarse a
algunas de las Teorías políticas sobre el Poder. En España tenemos varios
ejemplos que se ajustan a esta Teoría. Tiempos atrás, el “Poder” facilitó la
proliferación de sindicatos de trabajadores independientes con la finalidad de
debilitar el inmenso poder de convocatoria de CCOO y UGT. La campaña mediática
desprestigiando a sus dirigentes y ensalzando los derechos individuales fue
brutal. También, algunos partidos políticos de izquierdas fueron minados por
los nacionalistas y sus dirigentes tachados de descerebrados. En Política todo
es intencionado, nada es casual.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
jueves, 8 de septiembre de 2016
SE IMPONE OTRA REFORMA, LA LEY ELECTORAL.
Aunque un Estado pertenezca al
bloque democrático y esté integrado en una o varias organizaciones supranacionales,
su sistema electoral es diferente de otros Estados similares. Esto se debe a
que cada Estado está formado por poderes diferentes. El sistema electoral se
desprende de la Constitución y asegura el gobierno del Estado según el consenso
alcanzado por los integrantes de la sociedad en dicha Constitución. Siendo
realistas, comprenderemos fácilmente que la sociedad evoluciona con el paso del
tiempo. Por tanto, el consenso de una época, que no equilibrio, se altera o se
quiebra y se impone una reforma parcial o completa del sistema electoral para
reflejar la nueva relación de fuerzas en la vida política de la nación.
En la última sesión de las Cortes
franquistas (19 de noviembre de 1.976), en la que éstas se autodestruyen para
dejar paso al sistema democrático, el tema de discusión en los pasillos no era
aprobar la disolución. Se discutía el sistema electoral y la división
territorial de la futura España democrática. Los poderes tradicionales,
obligados por el Fondo Monetario Internacional y por Occidente tenían que
aceptar el cambio, incluyendo la legalidad de todos los partidos políticos. Por
lo tanto, se discutía sobre el modelo del nuevo sistema político para seguir
controlando el Estado. En un sistema electoral “mayoritario” existen, casi siempre
dos partidos importantes que se turnan en el poder, y un tercero que suele ser
el partido “bisagra”. Los tradicionalistas y los poderes fácticos no podían
tolerar que el tercer partido fuese el comunista. Ese puesto debía ocuparlo los
partidos nacionalistas periféricos que por tradición e ideología son de derechas.
Esto se consigue fácilmente con un sistema electoral “proporcional” que da
entrada a los partidos políticos localistas. Para que los nacionalistas tengan
realmente poder, y puedan contrarrestar un posible Poder central de izquierdas,
tienen que ejercerlo y para ello se crea un sistema a la medida, el autonómico,
con su Gobierno y su Cámara legislativa y sin dependencia jerárquica del Poder
Central. La Constitución Española no establece límites entre las competencias
del Estado y de las Autonomías, esta situación genera conflictos permanentes
entre uno y otros. Y como ambos están legitimados por las urnas, no toleran
dependencia jerárquica alguna. Esta situación que se desprende de nuestra Constitución
no es fruto de la casualidad. Si refrescamos la memoria histórica, recordaremos
que el sistema autonómico fue inventado e impulsado desde arriba. Además los
poderes tradicionales entienden de caciquismos para dirigir la periferia y
manejar todos los negocios locales.
Como en este mundo nada es perfecto,
aparecen los fallos. Aparecen nuevos políticos, los progres, que ven un negocio con el nacionalismo
de izquierdas. Esto es atípico, puesto que la ideología de izquierdas es
universalista y el nacionalismo es localista y tradicionalmente de derechas.
Estos nacionalistas que se dicen de izquierdas son estafadores, alimentan un
mito étnico tergiversando la historia. Se apoyan en unos Fueros del pueblo que
fueron arrebatados, cuando en realidad esos fueros eran los privilegios de los
estamentos privilegiados. El pueblo, en el Antiguo Régimen, sólo tenía el
derecho a trabajar y callar. Estos “progres” se han visto desbordados por los
“cachorros” y lo que en un principio era un negocio, el de acaparar poder, se
ha transformado en un peligro para la Democracia. Se han manipulado las
culturas locales para crear odio, y amparándose en el sistema democrático, se
exige la autodeterminación para después imponer la dictadura de la etnia. Lo
que en un principio era una descentralización política y administrativa del
Estado se ha convertido en exigencias de independencia. El sistema autonómico
se ha escapado de las manos, a unos y a otros.
Con una reforma de la Ley Electoral,
sería cambiar del sistema proporcional al mayoritario, quedarían tres o cuatro
partidos políticos con vocación y programa de gobierno para toda España. Y con
una descentralización regional o federal, con Cámaras Legislativas con
competencias definidas y delimitadas, los conflictos de competencia desaparecerían.
Nunca más se repetirían las elecciones generales, nunca más habría gobiernos en
funciones sin control parlamentario y nunca más las minorías chantajearían a
las mayorías, y no me refiero a los nacionalistas de a pie. Son las minorías
económicas, de los negocios y bien organizadas las que hacen de la ideología
nacionalista su herramienta política de dominación de las masas. Seguramente
los nacionalistas independentistas, y otros políticos profesionales, tacharían
este sistema de dictadura centralista, y tendrían razón. Sería la dictadura de
la mayoría, la perfecta definición de la Democracia, el menos malo de los
sistemas políticos, porque genera igualdad para todos y periódicamente los
ciudadanos deciden en las urnas. Esta España sería diferente, sería más
democrática, más social y más europea.
Fdo.: Luis Perant Fernández
domingo, 26 de junio de 2016
LA POLÍTICA COMO CIENCIA DE LA VIDA.
La Ciencia Política me ha ayudado a
comprender la sociedad, no como la suma de individuos, sino como el
resultado de los conflictos de interés generados por los grupos de poder, esos
mismos que siempre gobiernan bajo cualquier Sistema Político y siempre escriben
la historia de los vencedores, oficialmente la Historia Universal.
La Ciencia Política también me ha
sido de gran ayuda para superar la ideología liberal imperante que dice: “la
soberanía nacional reside en el pueblo”, y descubrir el mal uso de la
Democracia como instrumento político de gobierno refinado y sofisticado en
manos de los poderes económicos globalizados para dirigir los negocios privados
y públicos con el consentimiento de la mayoría de la ciudadanía, y no por
desgracia, como un Sistema Político justo e igualitario con los derechos y
deberes de los ciudadanos.
La Democracia no es la panacea
contra todos los males de los ciudadanos, pero está considerada por la mayoría
de los eruditos como el Sistema Político menos malo. Pero no olvidemos que
las democracias no son eternas y, hoy día, están amenazadas por un conjunto de
desafíos y desafiadores que podrían no considerar la democracia como la única
alternativa disponible. Y nunca deberíamos olvidar que la mayoría de los países
europeos fueron dirigidos por gobiernos fascistas y totalitarios en el siglo
XX. No sería de extrañar, que en cuanto la oligarquía financiera europea sea
incapaz de seguir alterando el sistema democrático para conseguir sus
propósitos, fuerce el cambio hacia otros sistemas políticos.
Los actuales motores económicos
mundiales son los países llamados emergentes o BRICS. Acaparan las materias
primas, la producción, el comercio, el consumo y muy pronto serán los banqueros
mundiales, pero no son precisamente referentes democráticos. Las Constituciones
de Brasil, Rusia, India y Sudáfrica son formalmente democráticas, sin embargo,
los poderes tradicionales son los que dirigen el estado y los negocios. En
estos países, la clase media, la que sustenta el estado democrático, es
minoritaria y la clase trabajadora no alcanza la suficiente organización como
para influir en la vida política y económica. El caso chino es el más
alarmante, la República Popular China es el líder de los BRICS y va camino de
convertirse en la primera potencia mundial a todos los niveles. Sin embargo,
China está gobernada por una oligarquía militar-comunista que pretende desafiar
el mundo occidental y su estilo de vida democrática. Su sistema de gobierno autoritario
y totalitario es capaz de mantener a sus más de 1300 millones de súbditos en un
estado casi esclavista. Pues bien, estos
modelos políticos de los BRICS son los que sirven como referentes a las oligarquías
occidentales por su alta capacidad productora y su bajo coste social.
Por tanto, como ciudadano de pleno
derecho de España, Estado social y democrático de Derecho, y miembro de la
Unión Europea: No permitas que el mal gobernante y los sofistas alteren la
cultura de tus hijos, y te los roben. No toleres que el mal gobernante
socialice y culturice tus hijos para crear súbditos del sistema
económico, únicamente “productores/consumidores” en lugar de ciudadanos. No contribuyas
con tu silencio a que el mal gobernante se adueñe del Estado para saquear lo
Público, desmontar tu Estado del Bienestar y arruinar el futuro de tus
hijos. No te resignes a que una oligarquía gobierne a la mayoría en un
sistema democrático. No te dejes embaucar por demagogos que predican
repartos de recursos infinitos “caídos del cielo”. No te dejes engañar por
los nuevos clérigos laicos, sanguijuelas de los recursos públicos, que tienen
soluciones para todos los males de la humanidad desviando y malgastando el dinero público de los más
débiles.
La Política es una Ciencia y
mientras unos la pisotean y desprestigian, otros la aprenden, dominan y
aplican. Es por lo cual existen desde siempre dos bandos diferentes, los
poderes tradicionales que gobiernan y un ejército de personas que sobrevive. No
te resignes, revélate, este mundo también es tuyo, es de todos, porque todos
somos universo. En el cosmos, la noche y el día no se suceden porque no
existen, el tiempo no pasa. Somos nosotros los que estamos de paso en este
universo. Si queremos dejar huella de nuestro tránsito por este mundo, debemos
cultivar la familia, los amigos, los compañeros, incluso los desconocidos, en
definitiva la sociedad. Sólo ellos mantendrán vivas tus ideas y obras. Tus
huellas se borrarán, si es que algún día o noche existieron, como el tiempo. Existen
múltiples medios, y también leyendas, para vencer los obstáculos de tan difícil
travesía terrenal, pero posiblemente, la mejor herramienta disponible y
pacífica para que el ciudadano logre superar la aventura de su vida, sea la
Ciencia Política.
Fdo.: Luis Perant Fernández
sábado, 18 de junio de 2016
PRODUCTO DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS.
No pienses que en otras culturas y
épocas, los individuos son o fueron mejores o peores que ahora. Las
generaciones son diferentes porque siempre, en cada época, lugar, cultura y
religión, “el modo de producción, el nivel tecnológico y el sistema educativo
de cada sociedad configuran las relaciones sociales y moldean a sus
individuos”. Es como si en cada lugar y época, toda generación estuviese
formada por individuos clonados, exceptuando una minoría de ciudadanos
pensantes que nunca se deja encasillar completamente.
Para que nadie escape del control,
el poder político “facilita, promociona y subvenciona” la agrupación de esa
minoría discordante en asociaciones y grupos “de moda”, para tenerlos
catalogados y “a mano”, por ejemplo: ecologistas, nacionalistas, feministas,
homosexuales, anarquistas, artistas, intelectuales, extremistas a la izquierda,
extremistas a la derecha, activistas altruistas de Ong ´s institucionales, en
asociaciones políticas, sindicales, profesionales, reivindicativas, culturales,
deportivas, vecinales… El “divide y vencerás” cobra aquí todo su esplendor y
eficacia como instrumento político de Poder. Sin embargo, en un sistema
político democrático “no intervenido”, el asociacionismo debería ser voluntario
o como mucho canalizado, pero no subvencionado, porque en todo negocio o actividad, el que paga
manda.
En una Sociedad sin tutelas ni
prejuicios sólo deberían existir dos grupos de ciudadanos, los buenos
ciudadanos que cumplen las normas y las leyes, y los malos ciudadanos que por
norma no cumplen las leyes. El Estado debería primar y promocionar a unos, y,
sancionar y reeducar a los otros. Una Sociedad avanzada, globalizada y
democrática no debe prejuzgar al ciudadano por su raza, etnia, género, lengua,
religión, ideas políticas, sexualidad, afiliación, estatus social…, sino por su
integración y cumplimiento de las normas y leyes de dicha Sociedad.
Somos el producto de la
socialización y políticas públicas de nuestros gobernantes, pero también el producto
de nuestro pasado, época y cultura. Por tanto, cuanto antes recuerdes y ordenes
el proceso por el cual has llegado a ser lo que eres, menos te sorprenderán tus
ideas y comportamiento en cualquier conflicto de interés, y mejor comprenderás
las ideas y comportamiento de los demás. Sin olvidar que cada uno de nosotros captamos
la misma y única realidad sirviéndonos de nuestros sentidos, pero
interpretándola según nuestra cultura y nuestros conocimientos. Es decir, que
un mismo acontecimiento marca y moldea de forma diferente a cada uno de
nosotros. También es cierto, que ese mismo acontecimiento pasa desapercibido
para otros ciudadanos, y por tanto, ni los mejora ni los empeora.
Tu cultura, tus conocimientos y tus
vivencias determinan tus sueños y tus pesadillas. Tus sueños te acompañan y tus
pesadillas te persiguen, ambos hasta la muerte. Por tanto, no asistas como
simple espectador a tu paso por esta vida, opina de la Sociedad, participa en
Política. Este mundo también es tuyo, es de todos.
Fdo.: Luis Perant Fernández
lunes, 6 de junio de 2016
POLÍTICA, MÁS PODER QUE CIENCIA.
La
política es una ciencia, y como tal, se sirve del método científico para
descubrir e interrogar los fenómenos sociales, económicos y políticos de una
sociedad. Para ello, el politólogo ha de ser objetivo y despojarse de sus
pasiones, intereses e ideología. Sólo así, sus resultados serán fiables, aunque
siempre refutables y sujetos a revisión. En Ciencias Naturales, la objetividad
no está cuestionada. Sin embargo en Ciencias Políticas, siempre hay dudas sobre
la objetividad de los resultados, dependiendo del interés del sujeto investigador
y de la importancia del sujeto investigado. El hombre investiga al hombre por
encargo, para mejorar su vida o para empeorarla, según el negocio del sujeto
pagador.
Importante
diferencia en el comportamiento del ser humano, y que está directamente relacionada
con la mezcla de “conciencia/ambición” adquirida en la clase social a la que
pertenece y también en su proceso de culturización y socialización. Primordial
dilema que resolver antes de elegir a los políticos y servidores públicos, ya
que el poder político puede perseguir metas diferentes. De una parte, puede
imponer un dominio agobiante sobre los ciudadanos y poner el Estado al servicio
de unas minorías privilegiadas, que no siempre adineradas. De otra, ese poder
puede asegurar un orden social justo incorporando a todas las clases sociales, integrando
a todos los ciudadanos según sus aptitudes, contribuciones y necesidades.
El
poder político siempre mantiene ambas caras a través de distintas
dosificaciones de reparto, aunque su lado oscuro es difícil de descubrir, ya
que una minoría bien organizada, pero malintencionada, puede gobernar a la
mayoría desperdigada, y además con su consentimiento. Esa mayoría desperdigada
no tiene ni vocación, ni medios, ni alicientes para fiscalizar a los
representantes políticos en el manejo del dinero público, y mucho menos en
competir con la oligarquía de los negocios para ilustrar la mente de los
votantes. También entumece que en todas las contiendas electorales, los
partidos políticos son libres de prometer y los ciudadanos son libres de
dejarse engañar.
Una
vez elegidos, algunos líderes políticos incumplen sus programas electorales, se
venden al mejor postor, y hacen de la Política su profesión y negocio. Cuando
esos corruptos de la Política son mayoría en un partido político, éste abandona
su noble misión fundacional y se convierte en un instrumento de negocio
elitista. Sus métodos y actividades son las propias de una banda criminal
organizada. No faltan los ejemplos de personas que están en política por
dinero, ni los mercenarios a sueldo de las clases adineradas, ni tampoco los
líderes sociales profesionales que se venden al mejor postor. Todos ellos no
son políticos, son personajes sin escrúpulos, líderes sociales, obreros,
empresarios y políticos que dominan a la perfección el arte de la retórica para
confundir al votante y lograr anteponer sus intereses y los de su partido. También
están los políticos agradecidos y subordinados al jefe de fila del partido, los
perfectos peones capaces de ejecutar las órdenes sin hacer preguntas, y si es
posible, poco espabilados para no descubrir las tramas cuasi mafiosas. En fin,
también es cierto que otros líderes políticos son servidores públicos
preparados, inteligentes y honestos, y anteponen el interés general por encima
de las tramas partidistas y personales.
Al
margen de sus actores, la política concentra el poder supremo para gobernar la
sociedad y administrar el dinero público, pero también, para regular los
mercados privados de bienes, servicios y de opinión pública. La política es la
palanca necesaria y deseada de todo gran negocio, el lícito y el ilícito, el
local, nacional e internacional. Por tanto, el político mercenario debe ser el
mejor actor e intérprete para que el desvío del dinero público sea asimilado
por la mayoría de los ciudadanos como beneficioso para la sociedad, debe saber
fundir lo honesto y lo ruin para desconcertar al ciudadano. Por ello lo difícil
de desenmascarar a tales intrusos. La Política es el máximo negocio que domina
todas las actividades, necesidades y vicios del ser humano, todo está calculado
en política, en política nada es casualidad.
Quién
pretenda contradecir la opinión pública mayoritaria, lo políticamente correcto,
o desafiar el poder instructor del sistema político-económico omnipresente, debe
conocer y saber interpretar el “Mito de la Caverna” de Platón. De lo contrario,
será señalado por el sistema como un iluminado con pretensiones de aleccionar y
adoctrinar. Salvo ese matiz, el ciudadano debe ejercer siempre su derecho a
opinar sobre la política y sus actores, porque la verdad absoluta no existe,
nadie está en posesión de ella, es relativa y cada uno tiene su verdad. Por
tanto, duda de todo, de todos y de mí también.
Fdo.:
Luis Perant Fernández
lunes, 30 de mayo de 2016
CRÍTICAS ACERCA DE LOS NACIONALISMOS.
El Nacionalismo es un instrumento político eficaz en cualquier sistema político, sea comunista/fascista, conservador/liberal, capitalista/socialista, democrático /demagogo, y promovido por una oligarquía social, económica o militar para ejercer el poder político. La ideología nacionalista es el arma política principal de todo Gobierno oligárquico.
El Nacionalismo es una ideología política que apela a los sentimientos de los individuos y borra al ciudadano, tergiversa la historia, dicta la cultura y lengua con su sistema educativo y manipula las emociones con actos multitudinarios para exaltar símbolos excluyentes.
El Nacionalismo es una ideología política que apela a los sentimientos de los individuos y borra al ciudadano, tergiversa la historia, dicta la cultura y lengua con su sistema educativo y manipula las emociones con actos multitudinarios para exaltar símbolos excluyentes.
El Nacionalismo predica el retorno,
o el mantenimiento de una cultura y época histórica concreta, y ninguna
otra, para encasillar y aislar al súbdito de cualquier contaminación
forastera. Promete el paraíso para los patriotas a cambio de coger las armas
contra todo enemigo de la Nación y dar la vida por la Patria.
El Nacionalismo olvida que la
Cultura y la Historia avanzan a la par que la Teoría de la Evolución de Darwin, que
no hay vuelta atrás, porque todo acontecimiento modifica el presente por
acumulación, y no por supresión.
En el S.XIX, todas las burguesías
europeas conquistaron riquezas en su expansión colonial gracias a la ideología
nacionalista que fue clave para armar ejércitos y destruir/saquear Imperios.
El Nacionalismo en la Europa del
S.XX alcanzó tal grado de chovinismo que fue el combustible de las dos
Guerras Mundiales, que a su vez fueron consecuencia de la ambición del nuevo
sistema liberal colonialista mundial.
En las décadas de los años 50 y 60
del S.XX, la propaganda oficial de los Estados europeos para construir el
Mercado Común fue: “Superar los nacionalismos europeos y no repetir los 100
millones de muertos de la 1ª y 2ª Guerra Mundial”.
A pesar de estas dos tragedias,
todos los sistemas políticos mundiales siguen empleando la ideología
nacionalista como arma política de dominación de masas, ahora en dosis
controladas, pero no menos peligrosa, como se ha comprobado en la guerra de los
Balcanes. Algunos Regímenes Políticos van más allá, y al Nacionalismo añaden
Religión, formando un cóctel explosivo.
Ahora la oligarquía gobernante
europea administra la ideología nacionalista para dividir la ciudadanía europea
y contrarrestar el principio democrático, tanto en los Estados miembros como en
la Unión Europea. De lo contrario, no podría entenderse que los “lobbies
transnacionales” sometan a los ciudadanos europeos con políticas
antisociales, gracias al Sistema Político de la Unión Europea hecho a la medida
de las multinacionales, y que no es democrático.
En cuanto la oligarquía financiera europea sea incapaz de seguir alterando el sistema democrático con la ideología nacionalista, forzará el cambio del sistema político, o por lo menos pondrá todo su empeño, sin escatimar medios y sin importarle los daños colaterales aunque sean Revoluciones.
En cuanto la oligarquía financiera europea sea incapaz de seguir alterando el sistema democrático con la ideología nacionalista, forzará el cambio del sistema político, o por lo menos pondrá todo su empeño, sin escatimar medios y sin importarle los daños colaterales aunque sean Revoluciones.
Fdo.: Luis Perant Fernández
martes, 2 de febrero de 2016
IMPUESTOS Y GOBIERNOS.
Una de las funciones principales del
Estado es regular los mercados para que todo ciudadano pueda comprar sus
necesidades y vender sus productos. Los liberales sostenían que los mercados se
regulaban solos por el mecanismo de la oferta y la demanda, hasta que la crisis
mundial de 1.929 demostró que los poderes públicos deben intervenir los
mercados para que la economía no se hunda. Y como todos los agentes económicos
(productores, consumidores, distribuidores, inversores, intermediarios,
especuladores, importadores, exportadores…) saben que los gobiernos son los que
regulan los mercados con sus políticas y dineros públicos, pues ahí tenemos a
todos los grupos sociales y económicos presionando al gobierno de turno para
sacar tajada, y dispuestos a untar a todo político que se preste. La fuerza de
estos lobbies no se mide por el número de miembros, sino por su volumen de
negocio y su conocimiento del sistema político, para ello las multinacionales
integran en plantilla a ex cargos públicos y políticos.
Las competencias del Gobierno, más
conocidas por los ciudadanos, son recaudar impuestos para mantener las Instituciones
del Estado, proporcionar los servicios públicos y ejecutar las obras públicas.
Pero además, el Gobierno también asigna recursos públicos para regular los
mercados y asegurar su abastecimiento y funcionamiento. Y aquí entra la ideología
del Gobierno de turno porque asegurar el buen funcionamiento del mercado no
implica un reparto equitativo de las ayudas públicas entre todos los agentes
económicos. Por regla general pero no exclusiva, la política económica de los
gobiernos de izquierdas favorece a los consumidores para incentivar el consumo,
la producción y la creación de trabajo; y la política económica de los gobiernos
de derechas favorece a los productores para crear trabajo, producción y a su
vez elevar el consumo. Se podría pensar que el resultado es el mismo, pero no más
lejos de la realidad. Para simplificar, dividimos los agentes económicos en dos
bandos: los productores y los consumidores.
La regulación del mercado es
compleja porque el Gobierno debe calcular la cantidad de dinero en circulación
y la velocidad de intercambio de ese dinero en manos de los agentes económicos.
Es importantísimo que esa cantidad y velocidad sean las correctas para que el
mercado funcione, es decir, para que toda la producción se consuma. Si hay poco
dinero en circulación, el consumidor no compra y el productor despide trabajadores;
si hay exceso de dinero el consumidor compra más, pero como la producción tiene
límite, pues se inicia la subida de precios, la consiguiente inflación, la
recesión económica y el despido de trabajadores. Si además, de estas
dificultades para regular adecuadamente los mercados, añadimos la discrecionalidad
del gobierno de turno para asignar las ayudas públicas al bando de su agrado,
no debe sorprendernos que el ciudadano no vea la crisis hasta que la tiene
encima.
Las ayudas públicas a la producción
pueden ser directas, indirectas, financieras, a la innovación, fiscales,
administrativas, laborales, sectoriales, nacionales, europeas, a la exportación,
a las organizaciones empresariales…; y las ayudas públicas al consumo pueden
ser una mayor cobertura de los servicios públicos, mayor asistencia social,
mayores pensiones, mayores ayudas a las familias, mayores becas, mayores masas
salariales en el sector público, salario social vital, menores requisitos para
acceder a pensiones de invalidez, legislación favorable al trabajo, a los
sindicatos de trabajadores… A pesar de que estas inyecciones de dinero público
son necesarias para que la economía no se estanque, estas medidas han resultado
ser ineficientes a medio y largo plazo.
Las ayudas a la producción hacen que
las empresas se acomoden y pierdan competitividad. Sus instalaciones y su
tecnología envejecen a la espera de más subvenciones públicas, y si éstas no
llegan, las empresas dejan de ser competitivas y cierran. Las ayudas al consumo
tampoco son la panacea para la economía. Los subsidios desincentivan el
trabajo, pero también, terminan por distorsionar los precios. Los productores
reducen salarios puesto que las familias tienen otras fuentes de ingreso, y
suben precios porque los consumidores tienen dinero. Esto hace que el consumo
se estanque, y se inicie un nuevo ciclo recesivo.
Si la inyección de dinero público a
los mercados es necesaria para que la economía no se paralice, y las ayudas a
la producción y al consumo resultan ineficientes a medio/largo plazo, pues habrá
que pensar en otras políticas públicas. Seguro que existen.
Fdo.: Luis Perant Fernández
jueves, 10 de diciembre de 2015
ELECCIONES GENERALES POLITIZADAS
Ya estamos en campaña electoral, ha llegado el momento de las promesas. Todos los partidos compiten por el voto de los ciudadanos ofreciendo el oro y el moro. Guste o no, éstas son las reglas de juego democrático, unos pueden prometer y otros son libres de elegir. El problema surge cuando la oferta es consensuada, entonces, ese “mercado” supuestamente libre es alterado, y por ende, la elección es condicionada. De ningún modo quiero decir que haya un cártel de oferta mafioso. A veces el poder puede ser tan sutil que todas sus piezas encajan a la perfección por arte de magia. Para despejar mis sospechas tengo que echar mano de alguna elucubración.
Vamos a
simplificar el sistema político democrático para despejar las dudas. El partido
político ganador en las elecciones generales gobierna durante 4 años. Si al
final de ese mandato los ciudadanos quedan contentos con su gestión, pues
volverán a votarle. Si los ciudadanos quedan insatisfechos, pues votarán al
partido de la oposición. Este juego es simple y claro para el ciudadano que
puede sentirse engañado por promesas electorales incumplidas. Es cierto que
todo sistema electoral premia más a una opción política que a otras, y nuestro
sistema electoral también es interesado. Pero no voy a seguir por ese camino, porque
creo que hay algo más.
El partido
ganador gobierna las Instituciones del Estado y administra la mayor empresa del
país, es el agente económico que más dinero ingresa y el que más gasta. Por
tanto, los agentes económicos privados nacionales y transnacionales, los
llamados “Lobbies”, saben que es fundamental estar cerca del poder político
para garantizar el futuro de sus empresas. El volumen de negocio de muchas de
esas multinacionales es mayor que el PIB de muchos Estados. Es fácil de
comprender que esos poderosos holdings no se aventuren a que algún partido
ponga en peligro sus negocios. Por tanto, si un partido de gobierno ha
legislado a favor de la “causa” y ya no tiene la confianza de los votantes, el
poder económico debe asegurarse de que el partido de la oposición llamado a
gobernar no destruya “lo edificado”. Hay varias fórmulas para conseguirlo,
desde minar los partidos desde dentro para difuminar la dirección y la
ideología, hasta favorecer la proliferación de partidos nuevos para difuminar
la soberanía ciudadana. Esto último es lo que ha ocurrido en España.
Antes de
seguir, quiero dejar claro que los fundadores de las nuevas opciones políticas
son casi siempre honestos en sus ofertas políticas a los ciudadanos. Cosa
diferente son las facilidades y ayudas legales, logísticas, mediáticas y en
algunos casos, económicas, que facilitan la proliferación de asociaciones de
todo tipo. Los lobbies interesados en este planteamiento saben poner en
funcionamiento toda la maquinaria necesaria para conseguir sus fines, y además
sin parecerlo. La ingeniería electoral se pone en marcha para que el voto
descontento no dé la mayoría absoluta al partido de la oposición. A la par, se
desata una campaña mediática de desprestigio a los gobiernos con mayoría
absoluta y se mitifica a los gobiernos de coalición donde el “diálogo y
consenso” son virtudes. Para ello no se escatiman recursos, todo un ejército de
tertulianos y personajes afamados se encargan de endemoniar al bipartidismo y
difundir la similitud de un gobierno de mayoría absoluta democrático de 4 años
de duración con un gobierno dictatorial de 40 años.
Los votos de
centro-derecha que pierde el PP se canalizan hacia Ciudadanos. Los votos de
izquierda movilizados por los recortes sociales del PP se desvían hacia
Podemos. Y el principal partido de la oposición de esta legislatura que
termina, el Psoe, se queda sin mayoría absoluta para poder derogar la legislación
neoliberal del Partido Popular. Nunca habrá pleno consenso en la futura
coalición de gobierno, sea de dos o tres partidos, para reponer los servicios
públicos y sociales que el PP ha llevado a cabo con sus políticas de recortes.
Tan grave, o tal vez más, sea la falta de acuerdos sobre políticas concretas
que el gobierno de España debe plantear en el Consejo Europeo que es dónde
nacen las políticas que nos gobiernan y que descaradamente favorecen a los
Lobbies. La ingeniería electoral bien pagada funciona.
Este artículo
puede ser fruto de una elucubración, pero también puede ajustarse a algunas de
las Teorías políticas sobre el Poder. En España tenemos otro ejemplo que se
ajusta a esta Teoría. Hace 20 años, el “Poder” facilitó la proliferación de
sindicatos de trabajadores independientes con la finalidad de debilitar el
poder de convocatoria de CCOO y UGT. La campaña mediática desprestigiando a sus
dirigentes y ensalzando los derechos individuales fue brutal. En Política todo
es intencionado, nada es casual.
Fdo.: Luis Perant Fernández
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