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MONARQUÍA HISPÁNICA EN SU MÁXIMA EXTENSIÓN A PRINCIPIO DE 1800.

MONARQUÍA HISPÁNICA EN SU MÁXIMA EXTENSIÓN A PRINCIPIO DE 1800.

EN LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ DE 1812, NINGÚN VIRREINATO PLANTEABA LA INDEPENDENCIA.

EN LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ DE 1812, NINGÚN VIRREINATO PLANTEABA LA INDEPENDENCIA.

LA HISPANIDAD ES EL FUTURO, NO EL PASADO.

LA HISPANIDAD ES EL FUTURO, NO EL PASADO.

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lunes, 30 de mayo de 2016

CRÍTICAS ACERCA DE LOS NACIONALISMOS.





     El Nacionalismo es un instrumento político eficaz en cualquier sistema político, sea comunista/fascista, conservador/liberal, capitalista/socialista, democrático /demagogo, y promovido por una oligarquía social, económica o militar para ejercer el poder político.  La ideología nacionalista es el arma política principal de todo Gobierno oligárquico. 

      El Nacionalismo es una ideología política que apela a los sentimientos de los individuos y borra al ciudadano, tergiversa la historia, dicta la cultura y lengua con su sistema educativo y manipula las emociones con actos multitudinarios para exaltar símbolos excluyentes.

El Nacionalismo predica el retorno, o el mantenimiento de una cultura y época histórica concreta, y ninguna otra, para encasillar y aislar al súbdito de cualquier contaminación forastera. Promete el paraíso para los patriotas a cambio de coger las armas contra todo enemigo de la Nación y dar la vida por la Patria.

El Nacionalismo olvida que la Cultura y la Historia avanzan a la par que la Teoría de la Evolución de Darwin, que no hay vuelta atrás, porque todo acontecimiento modifica el presente por acumulación, y no por supresión.

            En el S.XIX, todas las burguesías europeas conquistaron riquezas en su expansión colonial gracias a la ideología nacionalista que fue clave para armar ejércitos y destruir/saquear Imperios.

El Nacionalismo en la Europa del S.XX alcanzó tal grado de chovinismo que fue el combustible de las dos Guerras Mundiales, que a su vez fueron consecuencia de la ambición del nuevo sistema liberal colonialista mundial.

En las décadas de los años 50 y 60 del S.XX, la propaganda oficial de los Estados europeos para construir el Mercado Común fue: “Superar los nacionalismos europeos y no repetir los 100 millones de muertos de la 1ª y 2ª Guerra Mundial”.

A pesar de estas dos tragedias, todos los sistemas políticos mundiales siguen empleando la ideología nacionalista como arma política de dominación de masas, ahora en dosis controladas, pero no menos peligrosa, como se ha comprobado en la guerra de los Balcanes. Algunos Regímenes Políticos van más allá, y al Nacionalismo añaden Religión, formando un cóctel explosivo.

Ahora la oligarquía gobernante europea administra la ideología nacionalista para dividir la ciudadanía europea y contrarrestar el principio democrático, tanto en los Estados miembros como en la Unión Europea. De lo contrario, no podría entenderse que los “lobbies transnacionales” sometan a los ciudadanos europeos con políticas antisociales, gracias al Sistema Político de la Unión Europea hecho a la medida de las multinacionales, y que no es democrático.

        En cuanto la oligarquía financiera europea sea incapaz de seguir alterando el sistema democrático con la ideología nacionalista, forzará el cambio del sistema político, o por lo menos pondrá todo su empeño, sin escatimar medios y sin importarle los daños colaterales aunque sean Revoluciones.



Fdo.: Luis Perant Fernández

martes, 2 de febrero de 2016

IMPUESTOS Y GOBIERNOS.



       Comprender la política económica de un Gobierno es difícil porque siempre resalta lo positivo y esconde lo negativo. Pero la cosa se complica cuando lo positivo para unos ciudadanos es negativo para otros. Por tanto, dejemos los discursos populistas dirigidos a cada clase social, porque son contradictorios y nos alejan del conocimiento de las políticas públicas que gobiernan nuestras vidas.
Una de las funciones principales del Estado es regular los mercados para que todo ciudadano pueda comprar sus necesidades y vender sus productos. Los liberales sostenían que los mercados se regulaban solos por el mecanismo de la oferta y la demanda, hasta que la crisis mundial de 1.929 demostró que los poderes públicos deben intervenir los mercados para que la economía no se hunda. Y como todos los agentes económicos (productores, consumidores, distribuidores, inversores, intermediarios, especuladores, importadores, exportadores…) saben que los gobiernos son los que regulan los mercados con sus políticas y dineros públicos, pues ahí tenemos a todos los grupos sociales y económicos presionando al gobierno de turno para sacar tajada, y dispuestos a untar a todo político que se preste. La fuerza de estos lobbies no se mide por el número de miembros, sino por su volumen de negocio y su conocimiento del sistema político, para ello las multinacionales integran en plantilla a ex cargos públicos y políticos.
Las competencias del Gobierno, más conocidas por los ciudadanos, son recaudar impuestos para mantener las Instituciones del Estado, proporcionar los servicios públicos y ejecutar las obras públicas. Pero además, el Gobierno también asigna recursos públicos para regular los mercados y asegurar su abastecimiento y funcionamiento. Y aquí entra la ideología del Gobierno de turno porque asegurar el buen funcionamiento del mercado no implica un reparto equitativo de las ayudas públicas entre todos los agentes económicos. Por regla general pero no exclusiva, la política económica de los gobiernos de izquierdas favorece a los consumidores para incentivar el consumo, la producción y la creación de trabajo; y la política económica de los gobiernos de derechas favorece a los productores para crear trabajo, producción y a su vez elevar el consumo. Se podría pensar que el resultado es el mismo, pero no más lejos de la realidad. Para simplificar, dividimos los agentes económicos en dos bandos: los productores y los consumidores.
La regulación del mercado es compleja porque el Gobierno debe calcular la cantidad de dinero en circulación y la velocidad de intercambio de ese dinero en manos de los agentes económicos. Es importantísimo que esa cantidad y velocidad sean las correctas para que el mercado funcione, es decir, para que toda la producción se consuma. Si hay poco dinero en circulación, el consumidor no compra y el productor despide trabajadores; si hay exceso de dinero el consumidor compra más, pero como la producción tiene límite, pues se inicia la subida de precios, la consiguiente inflación, la recesión económica y el despido de trabajadores. Si además, de estas dificultades para regular adecuadamente los mercados, añadimos la discrecionalidad del gobierno de turno para asignar las ayudas públicas al bando de su agrado, no debe sorprendernos que el ciudadano no vea la crisis hasta que la tiene encima.
Las ayudas públicas a la producción pueden ser directas, indirectas, financieras, a la innovación, fiscales, administrativas, laborales, sectoriales, nacionales, europeas, a la exportación, a las organizaciones empresariales…; y las ayudas públicas al consumo pueden ser una mayor cobertura de los servicios públicos, mayor asistencia social, mayores pensiones, mayores ayudas a las familias, mayores becas, mayores masas salariales en el sector público, salario social vital, menores requisitos para acceder a pensiones de invalidez, legislación favorable al trabajo, a los sindicatos de trabajadores… A pesar de que estas inyecciones de dinero público son necesarias para que la economía no se estanque, estas medidas han resultado ser ineficientes a medio y largo plazo.
Las ayudas a la producción hacen que las empresas se acomoden y pierdan competitividad. Sus instalaciones y su tecnología envejecen a la espera de más subvenciones públicas, y si éstas no llegan, las empresas dejan de ser competitivas y cierran. Las ayudas al consumo tampoco son la panacea para la economía. Los subsidios desincentivan el trabajo, pero también, terminan por distorsionar los precios. Los productores reducen salarios puesto que las familias tienen otras fuentes de ingreso, y suben precios porque los consumidores tienen dinero. Esto hace que el consumo se estanque, y se inicie un nuevo ciclo recesivo.
Si la inyección de dinero público a los mercados es necesaria para que la economía no se paralice, y las ayudas a la producción y al consumo resultan ineficientes a medio/largo plazo, pues habrá que pensar en otras políticas públicas. Seguro que existen.

Fdo.: Luis Perant Fernández

jueves, 10 de diciembre de 2015

ELECCIONES GENERALES POLITIZADAS



      Ya estamos en campaña electoral, ha llegado el momento de las promesas. Todos los partidos compiten por el voto de los ciudadanos ofreciendo el oro y el moro. Guste o no, éstas son las reglas de juego democrático, unos pueden prometer y otros son libres de elegir. El problema surge cuando la oferta es consensuada, entonces, ese “mercado” supuestamente libre es alterado, y por ende, la elección es condicionada. De ningún modo quiero decir que haya un cártel de oferta mafioso. A veces el poder puede ser tan sutil que todas sus piezas encajan a la perfección por arte de magia. Para despejar mis sospechas tengo que echar mano de alguna elucubración.

Vamos a simplificar el sistema político democrático para despejar las dudas. El partido político ganador en las elecciones generales gobierna durante 4 años. Si al final de ese mandato los ciudadanos quedan contentos con su gestión, pues volverán a votarle. Si los ciudadanos quedan insatisfechos, pues votarán al partido de la oposición. Este juego es simple y claro para el ciudadano que puede sentirse engañado por promesas electorales incumplidas. Es cierto que todo sistema electoral premia más a una opción política que a otras, y nuestro sistema electoral también es interesado. Pero no voy a seguir por ese camino, porque creo que hay algo más.

El partido ganador gobierna las Instituciones del Estado y administra la mayor empresa del país, es el agente económico que más dinero ingresa y el que más gasta. Por tanto, los agentes económicos privados nacionales y transnacionales, los llamados “Lobbies”, saben que es fundamental estar cerca del poder político para garantizar el futuro de sus empresas. El volumen de negocio de muchas de esas multinacionales es mayor que el PIB de muchos Estados. Es fácil de comprender que esos poderosos holdings no se aventuren a que algún partido ponga en peligro sus negocios. Por tanto, si un partido de gobierno ha legislado a favor de la “causa” y ya no tiene la confianza de los votantes, el poder económico debe asegurarse de que el partido de la oposición llamado a gobernar no destruya “lo edificado”. Hay varias fórmulas para conseguirlo, desde minar los partidos desde dentro para difuminar la dirección y la ideología, hasta favorecer la proliferación de partidos nuevos para difuminar la soberanía ciudadana. Esto último es lo que ha ocurrido en España.

Antes de seguir, quiero dejar claro que los fundadores de las nuevas opciones políticas son casi siempre honestos en sus ofertas políticas a los ciudadanos. Cosa diferente son las facilidades y ayudas legales, logísticas, mediáticas y en algunos casos, económicas, que facilitan la proliferación de asociaciones de todo tipo. Los lobbies interesados en este planteamiento saben poner en funcionamiento toda la maquinaria necesaria para conseguir sus fines, y además sin parecerlo. La ingeniería electoral se pone en marcha para que el voto descontento no dé la mayoría absoluta al partido de la oposición. A la par, se desata una campaña mediática de desprestigio a los gobiernos con mayoría absoluta y se mitifica a los gobiernos de coalición donde el “diálogo y consenso” son virtudes. Para ello no se escatiman recursos, todo un ejército de tertulianos y personajes afamados se encargan de endemoniar al bipartidismo y difundir la similitud de un gobierno de mayoría absoluta democrático de 4 años de duración con un gobierno dictatorial de 40 años.

Los votos de centro-derecha que pierde el PP se canalizan hacia Ciudadanos. Los votos de izquierda movilizados por los recortes sociales del PP se desvían hacia Podemos. Y el principal partido de la oposición de esta legislatura que termina, el Psoe, se queda sin mayoría absoluta para poder derogar la legislación neoliberal del Partido Popular. Nunca habrá pleno consenso en la futura coalición de gobierno, sea de dos o tres partidos, para reponer los servicios públicos y sociales que el PP ha llevado a cabo con sus políticas de recortes. Tan grave, o tal vez más, sea la falta de acuerdos sobre políticas concretas que el gobierno de España debe plantear en el Consejo Europeo que es dónde nacen las políticas que nos gobiernan y que descaradamente favorecen a los Lobbies. La ingeniería electoral bien pagada funciona.

Este artículo puede ser fruto de una elucubración, pero también puede ajustarse a algunas de las Teorías políticas sobre el Poder. En España tenemos otro ejemplo que se ajusta a esta Teoría. Hace 20 años, el “Poder” facilitó la proliferación de sindicatos de trabajadores independientes con la finalidad de debilitar el poder de convocatoria de CCOO y UGT. La campaña mediática desprestigiando a sus dirigentes y ensalzando los derechos individuales fue brutal. En Política todo es intencionado, nada es casual.

Fdo.: Luis Perant Fernández
  

viernes, 24 de julio de 2015

POLÍTICA FÍSICA.




El principio democrático por excelencia es “un ciudadano, un voto”. Sin embargo, el resultado de los procesos electorales democráticos no refleja siempre la victoria de las mayorías sociales reales. A ver si me explico. Si el proceso electoral se ajustase al principio democrático estricto, los “partidos de los pobres” siempre ganarían las elecciones, porque todos coincidimos en que, en todas partes, los pobres son más numerosos que los ricos. Entonces, ¿por qué los partidos representantes de las minorías ganan muchas veces las elecciones?, o ¿por qué las Instituciones de la Unión Europea aplican políticas anti mayorías sociales?
           
Podríamos perdernos hablando de cientos de ejemplos, y criticar o justificar según las ideologías aplicadas. También es cierto que ninguna ley electoral es neutra, todas son interesadas y partidistas, benefician a unos y perjudican a otros. Es decir, que modifican o alteran el principio democrático de que todos los votos deben tener el mismo valor. Por tanto, debemos plantearnos que nuestra democracia se rige por algo más que la suma de votos.

Nuestro sistema democrático no es puro, es un sistema democrático alterado para equilibrar las fuerzas sociales, para consensuar una convivencia. La clase minoritaria acaudalada tiene pánico a toda revolución que conlleve la pérdida de su capital y poder, y por tanto, está dispuesta a ceder protagonismo político y repartir los frutos del capital en “la mínima proporción” para evitar cualquier alteración de poder. Por la otra parte, la clase trabajadora ha renunciado a las revoluciones sangrientas de otras épocas y basa su lucha en conseguir un reparto más equitativo de la producción y un Estado protector para los más débiles. Sólo por estas razones, las alternancias en el poder son pacíficas y poco traumáticas, porque al margen de las discrepancias, los adversarios se respetan. Cierto es, que unos y otros cumplirán hasta que la otra parte rompa su compromiso.

Imaginemos que vivimos en un sistema piramidal. En la base ancha estaría la población más pobre y numerosa, y según vamos ascendiendo se colocan los ciudadanos por orden de ingresos. Cuanto más arriba de la pirámide, encontramos menos personas pero con mayor fortuna y status. Pues bien, dentro de esa pirámide están en continuo conflicto los intereses de los ciudadanos y de sus grupos. Sin embargo, la sociedad vive en aparente equilibrio, reina una paz consensuada porque la suma de esas fuerzas de intereses se neutraliza en un punto dentro de la pirámide. Digamos que ese punto de equilibrio es el punto de gravedad social resultante de las fuerzas internas, a semejanza de las leyes físicas. Es decir, que el punto de gravedad, o de equilibrio, se puede desplazar a voluntad por toda la pirámide si los actores sociales alteran las fuerzas. Y según el lugar que ocupe ese punto de gravedad dentro de la pirámide, pues beneficiará más a unos ciudadanos que a otros, y sin romper el equilibrio consensuado. Cuanto más abajo se sitúe, más beneficios obtendrán las clases altas, y cuanto más arriba, los más pobres. En un proceso constituyente, ese punto de gravedad nunca será el término medio y siempre determinará el sistema electoral.

Los actores sociales, políticos y económicos maximizan sus beneficios no sólo en los procesos electorales, sino también actuando sobre las fuerzas que les son favorables. Para ello, hay un sinfín de herramientas que cada grupo de interés maneja con maestría y/o con dinero, como son la legislación, la judicatura, la economía, la política, los mercados, los lobbies, la huelga de capital, las privatizaciones, la calidad y cantidad de trabajo, los partidos políticos, las ideologías, las religiones, la educación, la cultura, los sentimientos nacionalistas, la huelga de trabajo, los disturbios callejeros, la represión, los medios de comunicación, la opinión pública con un ejército de líderes sociales, políticos, economistas, empresarios, actores, sindicalistas, profesores, científicos, …

Si algún grupo de interés, en un acto egoísta e irresponsable, expande en exceso las fuerzas que les son favorables, a semejanza de la física el centro de gravedad social se desplaza y puede situarse fuera del cuerpo, en este caso fuera de la pirámide. Esta acción equivale a una ruptura del sistema político, a un suicidio colectivo y al fin de la convivencia pacífica consensuada. La pirámide podría desmoronarse como un castillo de naipes. La Constitución debería prevenir tal situación extrema y peligrosa, por ejemplo dando competencias al Jefe del Estado. Tenemos que preguntarnos si un Presidente de la República con las competencias adecuadas para defender el Estado y la Constitución hubiese permitido que un gobierno partidista desplazase el punto de gravedad social fuera de la pirámide, con el consiguiente saqueo de las arcas públicas, el endeudamiento y el empobrecimiento generalizado de los ciudadanos españoles.


Fdo.: Luis Perant Fernández

jueves, 9 de julio de 2015

¿POR QUÉ NO TE CALLAS?, MARIANO.





En todo conflicto, los protagonistas defienden sus intereses, y es de suponer que en el conflicto de la deuda griega, el gobierno del Partido Popular debe defender los intereses de España. Pero el problema no es tan simple como algunos voceros del PP quieren hacer creer. No se trata de unos descamisados que han vivido por encima de sus posibilidades con dinero prestado, y a quiénes la Unión Europea ha de darles un tirón de orejas para que paguen sus deudas. Es un discurso pobre, inculto e ignorante. Es un discurso del miedo, miedo a hacer el ridículo si Tsipras consigue de la Troika mejores ventajas para Grecia que las que negoció el PP para España.

Los problemas actuales de Grecia vienen desde la 2ª Guerra Mundial, la URSS y EE.UU se reparten Europa. Grecia se encuentra en la frontera de ese reparto, y es deseada por ambos bandos por su situación estratégica en el Mediterráneo. Por diversas razones, que ahora no voy a abordar, Grecia queda del lado Occidental, pero muchos griegos, y también Rusia, siguen pensando que aquel conflicto no está cerrado. Como es lógico en toda negociación, los protagonistas sacan rendimiento de sus ventajas. Y los griegos saben muy bien cuáles son sus armas negociadoras: dejarse querer por los dos bandos.

Hay que dejar claro que este conflicto no es económico, sino político. El PIB griego sólo representa el 2% del total de la Unión Europea. El futuro de Grecia no se decidirá en función de su situación económica sino de su decisión de mantenerse como miembro de la UE y aliado de Washington, o de ponerse del lado de Rusia y China. Con el “no” del pueblo griego, las implicaciones del referéndum van más allá del plano económico e incluyen intereses políticos y estratégicos. Al gobierno griego ya no le basta una refinanciación, quiere un cambio radical en la política económica de la UE. Para atrincherarse en su postura, Tsipras amenaza a la Troika con acercarse al tándem Rusia-China. Y aquí entra en juego Estados Unidos y la OTAN. Obama ya ha manifestado estar “listo ante cualquier eventualidad”, ya que un acercamiento de Grecia a la economía rusa pondría en peligro su pertenencia a la OTAN, ya que Grecia es miembro activo de la Alianza Atlántica y pieza clave en el control del Mediterráneo. El problema de la UE es doble, de una parte no puede ceder a una quita o refinanciación de la deuda griega, y que el ejemplo cunda hacia los demás países miembros endeudados, y de otra, la UE está presionada por EE.UU. para que Grecia no salga de la zona euro.

Rusia, por su parte, además de los lazos históricos y culturales que la unen con Grecia, mantiene una estrecha relación política con el gobierno de Tsipras. El primer ministro griego no se esconde para manifestar su oposición a las sanciones de la UE contra Rusia y mantiene que “la nueva arquitectura de la seguridad europea debe incluir a Rusia”. Putin necesita la colaboración griega para construir su nuevo gasoducto y sacar su gas a las puertas de la UE. Las pretensiones navales rusas en el Mediterráneo son “materia reservada”. También está China con intereses comerciales en Grecia, ya que quiere convertir el puerto del Pireo en un importante nudo de su red comercial.

Ante este panorama, Grecia está en una posición negociadora privilegiada. Si no consigue sus pretensiones dentro del euro, de la UE y de la OTAN, Rusia y China estarán deseando acudir al rescate de la economía griega. El Banco de Desarrollo creado por los países del grupo BRICS (Brasil, Rusia, China y Sudáfrica) y el Banco de Inversiones para la Infraestructura Asiática creado por China, es una alternativa al FMI, al Banco Mundial y a la supremacía del dólar y euro.

La competencia entre los dos modelos (Occidente y países emergentes) podría ser beneficiosa si la disputa se mantuviese exclusivamente en el terreno político y económico, ya que la rivalidad puede ser sinónimo de superación. Por desgracia, en esta zona del Mediterráneo, los dos bandos ya están enfrentados militarmente en guerras delegadas (Libia, Siria, Irak, Ucrania). Y otras son sospechosas de iniciarse (segregación de Voivodina de Serbia con implicación de la OTAN, UE, Croacia…). Serbia y Grecia son para Rusia sus hermanos menores.

Fdo.: Luis Perant Fernández

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿RECUPERACIÓN?, AL FONDO A LA IZQUIERDA.




Todos nos quejamos de los recortes del estado de bienestar. Es evidente que los ciudadanos somos más pobres y que la solución ha de ser política, pero para solucionar un problema, primero tenemos que conocer plenamente el problema.

Los dos últimos siglos han supuesto un salto cualitativo en las condiciones de vida de la población en su conjunto. Unos dicen que fue gracias a las revoluciones liberales que terminaron con los privilegios del antiguo régimen y otros a la separación Iglesia-Estado. Ninguna revolución habría cambiado la sociedad si la Iglesia hubiese seguido mandando en los consejos de ministros y en las políticas y negocios terrenales. El mejor ejemplo lo tenemos en Estados Unidos, país joven que en algo más de un siglo se convirtió en la primera potencia mundial, sólo porque desde sus inicios la clase burguesa no tuvo ninguna resistencia aristocrática ni religiosa.

Desde principios del S.XIX, los liberales se lanzan a la conquista del poder político y económico en todo el mundo. En su lucha por usurpar el poder a la aristocracia y al clero, la burguesía necesitó la complicidad del pueblo llano para hacer revoluciones y guerrear contra otros estados liberales rivales. La recompensa fue repartir parte del botín de guerra: el nivel de vida del pueblo de las metrópolis era mayor que el de las colonias. Las políticas expansionistas de los estados liberales dieron lugar a muchas guerras, entre otras las dos Guerras Mundiales. Para seguir conservando el poder, los liberales siempre necesitan la colaboración del pueblo llano. En ese contexto bélico, la recompensa fue dar participación política. El sistema democrático se convierte en el sistema más expandido, pero con el paso del tiempo, la participación política de las clases media y trabajadora representa un peligro real para la clase dominante liberal. Estas experiencias bélicas y democráticas dan lugar a cambios radicales, a una revolución neoliberal.

Hoy día, se simplifica el neoliberalismo como “la teoría política que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado”. Sin embargo, el neoliberalismo es mucho más, es superar los errores del liberalismo que pusieron en peligro el mismísimo sistema capitalista. Para conservar el poder, los dueños del capital exportan hacia fuera la clásica división de clases dentro de un país. Los Estados se dividen en “dueños del capital”, en productores y en países sin Estado (sin ley, fuente de materias primas baratas o gratis, refugio de mercenarios antisistema pagados por el sistema, y basureros de residuos industriales y nucleares). Los dueños del capital no admiten competencia, el país que cuestiona este status quo es acusado de productor de droga, dictador o terrorista, y sin contemplaciones es ahogado económicamente o saqueado militarmente Sus holdings transnacionales controlan la economía y la política en cualquier rincón del mundo. Sin embargo, esa división por bloques es diferente para la población. Ahora, la división de clase media, trabajadora y pobre es global porque la producción de las multinacionales es global, y todos compiten contra todos. Con la deslocalización industrial hay excedente del bien “trabajo”, y su valor se deprecia. El nivel de vida global ponderado de la población mundial no se nivela al alza, sino a la baja. El bienestar de los países ricos no se expande, al contrario, las pésimas condiciones sociales, educativas, sanitarias y laborales de los países tercermundistas invaden el supuesto primer mundo. Y, ¿cómo se ha producido esta revolución pacífica neoliberal?

En democracia, el poder se divide entre el judicial, el legislativo y el ejecutivo, es decir que ningún poder económico está por encima de ellos. Los ciudadanos legitiman al legislativo, y éste a su vez al ejecutivo que pone en práctica la política económica del partido político ganador en las urnas. El sistema bancario, banco central y bancos comerciales, es sólo un instrumento económico que, entre otras funciones, sirve al ejecutivo para aplicar su política económica y financiar al estado. El Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea modifican radicalmente estas reglas democráticas basadas en la soberanía popular. Ahora los Estados deben acudir a los mercados privados de capitales para financiarse. Los prestamistas imponen sus condiciones, diseñan las políticas económicas de los estados, las prioridades en gastos e inversiones y la devolución de la deuda, todo ello para su beneficio y suplantando la soberanía ciudadana.

El Sistema Político de la UE no es democrático, está diseñado a medida de los “dueños del capital”, permite que los lobbies empresariales influyan y gobiernen en todas las Instituciones de la UE. Los “dueños del capital son para la UE el lastre que representó la Iglesia para el Antiguo Régimen. La recuperación llegará cuando una Constitución democrática europea rompa el bloque privado “Unión Europea-dueños del capital”.


Luis Perant Fernández

martes, 3 de febrero de 2015

RELIGIONES, CIVILIZACIONES Y ESTADOS.


          Muchas personas necesitan amparo espiritual ante las adversidades terrenales y apoyo en un ser divino que alivie sus penas. La religión es una necesidad más del ser humano. Igual que el agua calma la sed y la comida colma el hambre, la fe en Dios apacigua el miedo a la muerte y promete vida eterna. Y puesto que los hombres viven en sociedad para abastecer sus necesidades, las religiones también son bienes que el mercado debe abastecer, porque de lo contrario, mercenarios adoctrinarán en nombre de Dios, y al margen de la Ley.

Nuestro modelo de Estado de derecho y democrático occidental organiza la sociedad para que ésta pueda abastecer sus necesidades y desarrollar sus habilidades, y se ha configurado a lo largo de 2.500 años. Empieza en la Antigua Grecia con su filosofía y método científico, se mezcla con pueblos, razas, culturas y religiones diferentes con el Imperio Romano, unifica su religión al final del Imperio y principio del Medievo con la iglesia católica apostólica romana, asimila la libertad de religión después de millones de muertos en las guerras de religión europeas en los S.XVI y XVII, inicia el modo comercial y productivo capitalista con la nueva mentalidad protestante, separa la Iglesia y el Estado con las revoluciones liberales de los S.XVIII y XIX, conoce las dictaduras fascistas después de la Primera Guerra Mundial, y finalmente, aprende del fracaso del modelo liberal proteccionista y beligerante de los estados nacionales que provocó las dos Guerras Mundiales del S.XX, y, cede parte de su soberanía nacional en beneficio de organizaciones económicas y políticas supranacionales para garantizar la seguridad y la paz entre Estados. Todos estos acontecimientos históricos han configurado nuestra forma de pensar, de comunicar, de tolerar, de convivir, de organizar, de trabajar, de crear, en definitiva, lo que somos. Y por supuesto, otros devenires históricos seguirán modificando nuestra sociedad. Sólo la falta de un eslabón en esta cadena de acontecimientos, y Occidente sería diferente. Nuestra cultura asimila que el Estado es el único que ejerce la coacción y la fuerza, que la Justicia media y resuelve los conflictos y que la tolerancia hacia los demás beneficia la libertad individual.

Desde siempre ha habido intercambio cultural entre civilizaciones diferentes debido al comercio. Ese contacto modificaba y enriquecía a todos, el cambio era lento y natural. Pero, primero con el expolio de las materias primas y ahora con la globalización del capital y producción, los poderes económicos occidentales han alterado la permeabilidad natural entre civilizaciones, culturas y religiones. Pero como nuestra sociedad postindustrial occidental es incapaz de integrar a millones de nuevos ciudadanos inmigrantes, pues genera guetos de pobreza, y con la pasividad y abandono de los poderes públicos, genera focos de odio contra nuestro sistema. Además, a estas capas sociales externas se suman los trabajadores autóctonos excluidos por el modo de producción globalizado y la clase media que ve peligrar su bienestar, y entre todos forman un ejército de inadaptados e inconformistas que cuestionan el modelo occidental democrático. A este grave problema se suma otro no menos peligroso.

Los Estados también se estratifican en países ricos y países pobres, en países explotadores y países explotados. Estos bloques se agrupan y organizan para defender sus intereses económicos. En esta lucha por la supremacía mundial todo está permitido. Cuando a Occidente interesa, sabe torpedear palacios presidenciales, o armar una contra, o invadir, o devaluar monedas, o bloquear el comercio, o bloquear la venta de armas, o vender armas, o instalar dictadores, o instalar democracias sumisas. Los países perdedores coinciden en civilizaciones diferentes a la occidental. Todos radicalizan sus diferencias culturales y religiosas, unos como armas defensivas, y otros, como armas ofensivas. Estos países saben que no pueden desafiar a Occidente en una guerra convencional, pero sí en una guerrilla de desgaste y de terror en la población occidental. Muchos de estos países no conocen la separación Estado-Religión y administran la fe a sus súbditos como modo de aleccionar. Su mejor aliado es la población empobrecida y desarraigada de los suburbios occidentales, y de fácil adoctrinamiento de ideologías extremistas religiosas y nacionalistas.

            Esta guerra es una lucha económica de las élites, disfrazada de religión, intolerancia y racismo. Los paganos somos siempre los mismos, los ciudadanos de a pie de ambos bandos. Para superar esta etapa se impone añadir dos nuevos eslabones en nuestro ADN occidental: 1º.- Separación “Dueños del capital-Estado”. 2º.- Todas las religiones serán reguladas y administradas por el Estado, e impartidas por personal cualificado y autorizado. La religión que no se someta a la Ley será considerada secta, y por tanto ilegal. La única pretensión de este escrito es invitar a descubrir nuestros problemas para buscar soluciones.
           

Luis Perant Fernández

sábado, 27 de septiembre de 2014

CANDIDATOS


No me atrevo a felicitar a los candidatos socialistas a las primarias para la alcaldía de Alicante. Hay que tener mucho valor político para emprender esta aventura tan difícil en estos momentos de crisis económica. La mayoría de ayuntamientos están endeudados para muchos años, están en banca rota, sus competencias de servicios públicos y sociales están secuestradas por contratas privadas y su financiación depende de la voluntad política de diputaciones, comunidades autónomas y Estado. En la relación de Poder político, el ayuntamiento está en el último lugar. Sin embargo, mi apoyo es total a todos los candidatos porque los alicantinos merecemos salir de este infierno que nos ha metido Castedo y el Partido Popular. Como ciudadano quiero opinar sobre lo que espero del futuro alcalde/sa de Alicante.

No quiero promesas falsas, ni cuentos de hadas, ni soluciones infantiles y populistas. Quiero la verdad por muy cruda que sea. Sin dinero no hay nada, ni para gastos corrientes, ni para inversiones, ni para gastos sociales. Y el que venda fantasías, estará mintiendo. Entonces, ¿para qué elegimos a un nuevo alcalde? En primer lugar, el alcalde debe ser el alicantino más honrado y más trabajador de todos. Debe transmitir ilusión y defender su programa político por encima de su interés personal. Deberá luchar con todas las armas legales para que la financiación municipal se ajuste a las necesidades inmediatas y futuras de la ciudad, aunque tenga por rival a su propio partido en la Diputación, Valencia y Madrid. Necesitamos un alcalde con visión de futuro, que trabaje más allá de su mandato. Los grandes proyectos son ingratos porque se dilatan en el tiempo y los frutos los recogen las generaciones futuras. Además de las cualidades anteriores, apoyaré al candidato que se comprometa a iniciar la solución de una serie de problemas crónicos para que Alicante sea una ciudad dinámica y con calidad de vida para sus ciudadanos.

Empecemos a enumerar:
-La carretera N-332 debe desaparecer del centro de la ciudad.
-Las vías ferroviarias deben desaparecer del frente marítimo.
-Un bulevar urbano debe conectar la playa de San Juan con Urbanova.
-Peatonalizar al máximo el centro.
-Hay que terminar la Vía Parque hasta el aeropuerto.
-Hay que terminar la estación intermodal.
-Hay que empezar y terminar la Ciudad de la Justicia.
-Las cuatro circunvalaciones deben estar interconectadas estratégicamente para permitir las entradas y salidas de la ciudad sin atascos.
-Racionalizar, modificar y agrupar los polígonos industriales.
-Planificación de un transporte público acorde con las necesidades reales de desplazamiento de los ciudadanos en el Área Metropolitana de Alicante y no del beneficio privado.
-Erradicar toda actividad industrial contaminante del Puerto.
-Promover la construcción de un Puerto seco e industrial a las afueras de la ciudad, conectado por ferrocarril y carretera con el Puerto, Aeropuerto, red de autovías/autopistas y Corredor Mediterráneo.

            Lo dicho, suerte y que gane el mejor. Y el mejor no siempre es el más preparado, ni el que mejor habla, ni tampoco el más guapo. El mejor es el más honrado con el programa de su partido, con sus conciudadanos y consigo mismo.

Luis Perant Fernández


martes, 5 de agosto de 2014

lunes, 28 de julio de 2014

PRIMER CENTENARIO


Hoy, 28 de julio de 2014 se cumple el primer centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Mi Historia es totalmente diferente de aquella barbarie, sin nombres de emperadores, reyes, militares, políticos, ni tampoco fechas, lugares, batallas, ni siquiera países.




ESTACIÓN DE LA MARINA-ALICANTE
MI ESTACIÓN

sábado, 5 de julio de 2014

ESTADO, PARA QUÉ Y PARA QUIÉN.


El hombre tiene necesidades básicas como son la alimentación, el hábitat, la vestimenta, pero también la sanidad, la educación, la cultura, el ocio y el mismísimo “amparo espiritual”. El hombre no es autosuficiente, necesita a los demás para cubrir sus necesidades. Sólo por ese motivo, el hombre es un animal social y desde siempre, ha impuesto normas de convivencia para permitir esa vida en sociedad. El modo de producción de la sociedad  ha determinado su tamaño, su organización, sus normas, su modelo de Estado. Lo que hoy día conocemos por Estado deriva de las revoluciones burguesas y sus posteriores metamorfosis.

El Estado benefactor que conocemos hasta ahora nace después de la Segunda Guerra Mundial, y no por bondad de la clase dominante. Esa guerra fue una lucha a muerte entre dos modelos diferentes de Estado. Al final, el mundo anglosajón y sus aliados ganan la batalla gracias a la participación de todas las clases sociales. Al final de la guerra, “el sistema burgués” tiene que dar participación política a los movimientos de izquierdas, no por recompensa, sino por miedo. La revolución bolchevique aún estaba presente en los “bolsillos” de la burguesía occidental. La crisis económica de los años 20, la posterior época proteccionista y gobiernos fascistas, todo fue consecuencia del desastre que representó la pérdida de las inversiones occidentales en manos del Zar. Por ello, fue norma habitual que los vencedores estableciesen constituciones democráticas y sociales en los Estados del primer mundo. La finalidad principal del Estado moderno fue el desarrollo económico y garantizar el intercambio de necesidades, pero también proporcionar unos servicios públicos a todos los ciudadanos, oficialmente dirigidos a los más necesitados pero egoístamente para garantizar la paz social y la propia supervivencia del Estado liberal. El Estado es percibido por los ciudadanos como un invento del hombre para facilitarle la vida. Por tanto, no debe estar por encima del hombre, debe estar a su servicio.

Ese modelo de Estado noble se degrada con el paso del tiempo porque el temor revolucionario desaparece y la burguesía de los negocios nunca renunció a conducir el destino de su Estado liberal en solitario. Éstos confunden el funcionamiento del Estado con el de su Empresa privada. Pero la Empresa persigue el beneficio económico de sus propietarios, mientras que el Estado debe perseguir el beneficio social de sus ciudadanos. La finalidad de la Empresa no es la caridad, ni la del Estado el beneficio económico, aunque sí es condición de supervivencia para ambos, que la Empresa genere equilibrio social en su plantilla y el Estado, equilibrio presupuestario. Entonces, ¿qué falla en nuestro Estado de Bienestar?

El negocio del Estado es el más deseado por todos, es el mayor agente económico de la nación, el que más dinero genera y el que más gasta. Por tanto, los dueños del capital presionan constantemente a todas las instituciones del Estado para que los presupuestos, en lugar de dirigirlos hacia las necesidades de los ciudadanos, se dirijan hacia sus sectores empresariales. Ahora, el negocio perfecto es quedarse con cualquier servicio público, privatizar. En nuestro sistema político, el gobierno está legitimado para dirigir la política económica del Estado según su programa electoral o según le plazca. En nuestra democracia, los ciudadanos son libres para votar y también libres para dejarse engañar. Pero el problema se agrava cuando un gobierno temporal daña las estructuras del Estado con total impunidad, en connivencia con lobbies empresariales y financieros, y con el silencio de la oposición. Todo ello exculpado por las exigencias de arriba, antes las de Dios y ahora las de Bruselas.

Volvamos a lo simple. En un mercado estatal eficiente, el ciudadano abastece sus necesidades y vende capital, producción y trabajo. Si el ciudadano se abastece pero no coloca su mercancía, pues ese mercado es ineficiente. Ejemplo 1: un ciudadano elude el mercado estatal o global y se lleva su dinero a un paraíso fiscal. Resultado: menos dinero en circulación y menos servicios públicos. Ejemplo 2: un ciudadano no consigue vender su trabajo porque el Estado concede parte del mercado de producción a mercaderes externos sin contrapartida exportadora. Resultado: desempleo y pobreza. Ejemplo 3: un grupo poderoso altera el mercado. Resultado: un grupo débil siempre será perdedor.

Napoleón decía: “el Estado necesita dos ejércitos, el militar para repeler los enemigos de fuera y el de funcionarios para mantener a raya a los de dentro”. El poder temporal aleja al Estado del Derecho Administrativo, cuya finalidad es proteger el interés público, y despide libremente a los funcionarios, precisamente quiénes están encargados de vigilar a los gobernantes de turno. El Estado ineficiente fomenta el desprecio de los ciudadanos hacia las Instituciones. Mal vamos.

Luis Perant Fernández