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Tren Turístico Limón Exprés (Benidorm-Gata de Gorgos). Ferrocarril Alicante-Denia.

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martes, 17 de octubre de 2017

EXTREMISMOS Y TOLERANCIA.


¡Qué desgraciados somos los españoles! Por una parte tenemos a los golpistas-nacionalistas-independentistas, y por el otro lado tenemos a los extremistas-fachas-tradicionalistas. ¿Es que no quedan españoles “normales”? Si descartamos desde los chorizos de guante blanco hasta el ciudadano de a pie que se enorgullece de pagar sin IVA, tal vez queden pocos españoles que cumplan las leyes.

En un verdadero Estado Democrático de Derecho todos los ciudadanos no pueden estar cortados por el mismo patrón porque entonces no habría libertad individual. Todos los ciudadanos no pueden ser de izquierdas o de derechas, empresarios o trabajadores, rubios o morenos, catalanes o castellanos, nacionalistas o universalistas… Una sociedad debe ser plural porque nos necesitamos todos, necesitamos al panadero, al barrendero, al agricultor, al banquero, al abogado, al policía, a los ciudadanos de izquierdas, a los de derechas…, y sobre todo al político honrado. Si fuésemos autosuficientes no habría sociedad ni Constitución para regularla, el hombre viviría solo en el monte o sería el dueño y señor de su harem, y siempre estaría enfrentado a los demás. La Constitución es necesaria para regular los intercambios y permitir la convivencia entre los ciudadanos, y como la sociedad está viva, pues contempla su reforma para adaptarse a los cambios y al progreso de la sociedad plural globalizada.

El comportamiento extremista de los españoles, y materializado en la Guerra Civil de 1936, podría tener una explicación. En Europa hubo guerras de religión, que se extendieron prácticamente a lo largo de los siglos XVI y XVII, y que dejaron millones de muertos. Este desastre humanitario y demográfico cambió el comportamiento de los europeos: la tolerancia religiosa se extendió a todas las mentes y esa tolerancia terminó transmitiéndose al resto de los comportamientos de los reinos y sus súbditos. La tolerancia surgida de las guerras de religión fue la precursora del Estado Liberal.

En Europa también se produjeron dos Guerras Mundiales en el siglo XX que dejaron 100 millones de muertos. Estas dos guerras fueron frutos de las políticas colonialistas de las potencias dominantes para adueñarse de las materias primas mundiales, que necesitaban las industrias de la nueva clase liberal. Se formaron dos bandos irreconciliables con los mismos intereses y las mismas pretensiones. Estaba en juego la supremacía mundial, ser el dueño de las riquezas mundiales. Tanto estaba en disputa que los dos bandos optaron por la “guerra total”, es decir implicar a toda la población. Esta estrategia sólo podía llevarse a cabo preparando previamente a toda la población. Se puso en práctica la ideología nacionalista creada por la Ilustración y expandida por las tropas napoleónicas. Las armas en manos de los soldados adoctrinados y de las masas nacionalistas hicieron el resto. De estas dos tragedias también se aprendió: fueron las precursoras del Estado Democrático, precisamente para terminar con los nacionalismos.

Por suerte, por fortuna o por otras razones políticas, los españoles no conocimos los horrores de las guerras de religión, ni de las dos guerras mundiales. Sin embargo, estas carencias nos han dejado secuelas, no sentaron cátedra en nuestra mentalidad. Los españoles no somos, o somos menos tolerantes que nuestros socios europeos. Este hándicap nos perjudica dentro de la Unión Europea a la hora de formar coaliciones para defender o proponer políticas concretas, donde se necesita talante negociador, diplomático y tolerante. Pero también nos perjudica en las relaciones diarias entre ciudadanos de las distintas autonomías.

Como los españoles no participamos en las dos Guerra Mundiales, pues tampoco hemos escarmentados de los nacionalismos. Y nuestros políticos siguen tan alegremente utilizando este instrumento político tan peligroso para la convivencia y la paz social, pero tan rentable para conseguir votos. Ningún político español valora o sabe, porque nunca lo pregona, cómo empezó la Unión Europea. El Mercado Común Europeo nació después de la Segunda Guerra Mundial precisamente para crear un espacio común europeo alejado de los nacionalismos para no repetir los 100 millones de muertos.

Algunos podrían decir que sí tuvimos muchos muertos en nuestra Guerra Civil, y que sí valoramos la tolerancia y la democracia. Pues no, esa herida se ha cerrado en falso y costará mucho tiempo en cicatrizar. Desgraciadamente no sirve de ejemplo. Tal vez para pasar página, esa parte de la Historia reciente debería darse en la enseñanza pública sin tapujos ni complejos, se debe decir quiénes fueron los constitucionalistas y quiénes los golpistas. También se ha de enseñar quiénes fueron los extremistas y los intolerantes antes del 36, durante la guerra y después del 39.


Fdo.: Luis Perant Fernández

lunes, 9 de octubre de 2017

CONFLICTO EN CATALUÑA.


No me gusta la Constitución Española. No me gusta la Monarquía parlamentaria española. No me gusta la descentralización política del Estado español. No me gusta la Ley Electoral española. No me gusta que un partido político corrupto pueda dirigir el Gobierno de España. Sin embargo, la Constitución Española de 1978 permite la convivencia de todos los españoles dentro de un Estado Democrático de Derecho, y también, es la garantía de nuestra permanencia en la Unión Europea.

La propia Constitución prevé los mecanismos para su reforma porque ninguna Ley puede ser eterna, ya que las sociedades son dinámicas y el mundo cambiante. La Constitución y la Sociedad deben caminar a la par para garantizar el progreso de los ciudadanos en este mundo globalizado. Claro está que ciertos aspectos de la Constitución deben cambiarse por mayorías cualificadas para que el Estado y los ciudadanos estén protegidos de los gobiernos totalitarios disfrazados de populistas.

Nos guste o no, todos debemos defender y cumplir la Constitución. Y defender la Constitución no es salir ahora con la bandera y culpar a unos, y endemoniar a otros. La Constitución se defiende todos los días, se tenía que haber defendido desde el primer día. Desde el principio, todos los Gobiernos de España han pactado con el diablo para tener mayorías parlamentarias y mangonear los presupuestos del Estado, todos han engordado el bicho cediendo a los chantajes, todos han transferido competencias peligrosas para la unidad del Estado. Las Autonomías españolas han acumulado competencias exclusivas impensables para el resto de los Estados Federales del mundo occidental. ¿De quién es la culpa de la situación actual?

Todos deseamos una solución pacífica a este conflicto catalán, pero si no damos una solución equilibrada para todos los ciudadanos, para todas las capas sociales, para todas las sensibilidades políticas dentro del marco constitucional, estaremos condenados a repetir el mismo escenario otra vez en Cataluña o en cualquier otro rincón de España. La solución no consiste en un parche para salir de la situación actual, sino en una revisión integral de la Constitución de 1978.


Fdo.: Luis Perant Fernández


martes, 26 de septiembre de 2017

TÍTULO DE PROPIEDAD DE LA REPÚBLICA CATALANA.


¡Oye, tú!, trabajador, desempleado o jubilado de Alicante, Badajoz o Girona, si resulta que votar es democracia ¿por qué no defiendes tus intereses votando? Si los trabajadores, desempleados y jubilados somos los más numerosos y más pobres de España, ¿por qué no llevamos este significado de la democracia a su máximo exponente que sería votar leyes en beneficio de la mayoría más desfavorecida? Hagamos referéndums para un trabajo garantizado digno, un salario digno, unas pensiones dignas, cero recortes en sanidad y educación, cero recortes en ayudas para discapacitados y dependientes… “No pedimos la independencia, sino votar”. Claro que estos referéndums serían difíciles de llevar a cabo ya que no son rentables para el capital constitucionalista, ni para el capital nacionalista. Además, ningún político se atrevería a promover este negocio sin beneficios y contradecir la voz del amo.

            Como el párrafo anterior puede parecer una broma infantil para algunos, aunque puedo asegurar que no lo es, pues sigamos con algo más serio, porque el clima en las calles de Barcelona es preocupante. Nadie sabe cómo terminará el pulso entre la Generalitat catalana y el Estado español, pero es que nadie tampoco sabe cómo empezó. Hay versiones para todos los gustos. Y como mi defecto es opinar, pues ahí va mi punto de vista.

            Está comprobado estadísticamente que la franja de individuos entre 35 y 40 años es la que más se implica y participa en los asuntos sindicales, políticos, públicos y asociativos de todo tipo. ¿Y cuándo empezaron las competencias catalanas en Educación? Pues hagan ustedes mismos los cálculos y verán cómo cuadran las cuentas. Tampoco hay que ser muy espabilado para darse cuenta que la balanza se inclina del lado independentista cada año un poco más con nuevas hornadas de estudiantes. El problema no radica tanto en el traspaso de competencias educativas u otras, sino en el uso que se hace de ellas. Cuando a un niño lo educas desde pequeño diciéndole que los malos son los castellanos que le arrebataron sus fueros, pues ese niño al hacerse mayor relaciona todas sus frustraciones y carencias con aquellos malvados. El Estado de esta España democrática no ha sabido enseñar a sus estudiantes que en el Antiguo Régimen no existía el ciudadano tal como es hoy día, que aquel individuo era un súbdito, casi esclavo, que sólo tenía derecho a callar, obedecer y trabajar para el amo. El Estado occidental de derecho y democrático tal como lo conocemos hoy empezó con la Revolución Francesa hace poco más de 200 años y se fue perfeccionando a lo largo de los siglos XIX y XX. Y en España, salvo el corto paréntesis republicano y algún que otro periodo menor en el S.XIX, ese modelo de Estado democrático sólo llegó con la Constitución de 1978. Por tanto, los españoles de 2017 no somos culpables de los aciertos, errores u horrores de la época romana, visigoda, musulmana, medieval, imperial o franquista. Aunque sí somos el resultado de todas ellas.

            La mayoría de las fuerzas políticas cree que la única salida pacífica a este movimiento independentista es el camino del diálogo y la negociación entre todas las partes hasta llegar a una reforma constitucional pactada. Esperemos que antes del 1-O haya un preacuerdo para iniciar el diálogo, porque la frustración de un referéndum falluto dejaría secuelas históricas revanchistas y llenas de odio en el bando independentista. Ahora bien, como ciudadano de pleno derecho quiero recordar a todos los posibles y futuros negociadores el artículo 1.2 de la Constitución Española que dice: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Por tanto, el ciudadano de a pie de Alicante, Badajoz o Girona es copropietario de la soberanía nacional, y su título de propiedad es la Constitución.

Lo mismo que me niego a que unos autodenominados independentistas democráticos me quieran robar parte de mi país legitimándose en una “supuesta herencia de un título de propiedad de un bando del estamento privilegiado de la nobleza del año 1714 (¿?)”, también me niego a que los representantes políticos de la soberanía nacional pacten una reforma constitucional sin someterla al voto de la soberanía nacional, es decir al pueblo español. Por cierto, ya que destapamos el corcho de la reforma constitucional, que no se quede en un lavado de cara para contentar a la burguesía barcelonesa, sino que sea una reforma integral que aporte soluciones a los problemas de los ciudadanos de Alicante, Badajoz, Girona… y todos los demás ciudadanos españoles.


Fdo.: Luis Perant Fernández


viernes, 15 de septiembre de 2017

PIENSAS, LUEGO ¿EXISTES?


En la Antigüedad, los griegos decían que la PHYSIS, o naturaleza, es la porción del mundo que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que existe otra parte infinita de la realidad que los hombres son incapaces de percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban su existencia, les llamaron NOÚMENOS, en oposición a los FENÓMENOS que sí podemos ver o sentir. Es lo que el filósofo Immanuel Kant denominó: “conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.

Ese ejercicio de abstracción de los griegos antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el inicio de las Ciencias Naturales y Sociales, y su posterior desarrollo tal como las conocemos hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, la teoría atomista de Demócrito, el magnetismo, la electricidad, las ondas electromagnéticas, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la biología celular y molecular, la informática…

En Ciencia Política es difícil distinguir entre conocimiento sensible y conocimiento racional puro, pero aún más entre Ciencia y Política. Y no tanto por la Ciencia y la Política, sino por los inmejorables actores sociales. La clase dominante perpetúa su poder y su supremacía económica monopolizando, administrando y adjudicando el vasto espectro de ideologías políticas y religiosas; su clase política cumple la misión y legitima su alto estatus social disfrazando esas ideologías clasistas y negocios elitistas en Ciencia Política; y su clase religiosa, dirigente de todos los cultos, justifica y rentabiliza su trabajo cuando sus fieles llegan a confundir fe con razón y teología con Ciencia, la de los noúmenos, la que no se ve, y precisamente por ello cada cual puede especular y asegurar cualquier existencia.

¿Y cuál es la moraleja de esta historia, si es que la tiene? Pues la mía, me la callaré. En POLÍTICA no dejes que otros te regalen todos los ingredientes cocinados y masticados, porque en esta sociedad política, nada es gratuito, todo tiene un precio para el administrado y un beneficio para el administrador. Pero como los conocimientos no son innatos ni privativos, puesto que cada uno los aprende en un proceso interminable de formación y los aprehende a lo largo de toda su vida, pues nadie está en posesión de la verdad. Piensa por ti, pero con conocimiento racional puro instruido, luego existirás.



 Fdo.: Luis Perant Fernández

miércoles, 30 de agosto de 2017

A MÁS INDEPENDENTISMO, MÁS CONSTITUCIÓN.



          Por lógica racional, la descentralización administrativa del Estado es más eficiente que el estado centralizado en la asignación de los recursos públicos. Esta descentralización acerca la administración a las necesidades del ciudadano, es más receptiva a sus propuestas y demandas, pero sobre todo permite la participación de los ciudadanos y agiliza las decisiones. La descentralización administrativa se lleva a cabo y se desarrolla transfiriendo competencias estatales, otorgando poder normativo y asignando recursos a los administrados, quienes conocen mejor que nadie las necesidades locales. El poder central se limita al reparto equitativo de los recursos nacionales y a controlar su asignación y buen uso en las competencias transferidas. De ningún modo se puede tachar la descentralización administrativa de dictadura del centro sobre la periferia, ya que cada cuatro años la soberanía ciudadana decide democráticamente en las urnas las políticas públicas que deben aplicarse a todos. Todos los ciudadanos y todos los partidos políticos tienen el derecho y el deber de participar en el sistema político democrático.

Sin embargo, en España se ha impuesto la descentralización política del Estado. Esta descentralización reparte el poder político central entre varios niveles de toma de decisiones, difumina la responsabilidad de quienes toman tales decisiones. El ciudadano agraviado no sabrá nunca el último responsable de sus desgracias. Además, como cada nivel político tiene su Parlamento para legislar sus leyes, los ciudadanos del Estado dejan de tener los mismos servicios públicos, los mismos derechos y mismas obligaciones, fundamento principal de toda Constitución democrática. En lugar de unirse, colaborar o competir para mejorar sus vidas, los ciudadanos pelean entre ellos para defender los intereses territoriales difusos, y no los suyos, los de sus clases sociales. Y en nuestra economía de suma cero esto equivale a despojar a unos para beneficiar a otros. Los grupos y territorios mejor organizados siempre conseguirán la mayor parte del PIB en detrimento de los más desorganizados o débiles. Por regla general, los núcleos más fuertes no son los más numerosos, ni siquiera siempre los más adinerados, sino los más acaparadores de poder político.

¿Por qué la Constitución Española de 1978 recoge la descentralización política y no la administrativa? ¿A quién beneficia? En toda decisión política siempre hay ganadores y perdedores. Esta decisión estudiada y premeditada benefició a la derecha tradicionalista porque la mayoría de españoles es de izquierdas y en todas las elecciones democráticas siempre habría ganado la izquierda. Pero como los poderes tradicionales dominan desde siempre los negocios, tanto del centro como de la periferia del Estado, y conocen a la perfección el caciquismo, disponen de los dos instrumentos infalibles para que una minoría gobierne a la mayoría en un sistema democrático. La ideología nacionalista y la descentralización política conformaron la hoja de ruta de las clases sociales dominantes en la dictadura franquista para seguir dirigiendo la política y la economía en la nueva etapa de la España democrática.

Para mantener tal dominio, la derecha tradicionalista ha fomentado, promocionado y primado la manipulación y desarrollo de las culturas locales para crear odio en la ciudadanía y terminar para siempre con la hipotética unión de las izquierdas. La colaboración de la nueva y atípica izquierda nacionalista ha sido fundamental en este proceso, ha sido el brazo ejecutor a cambio de picotear parcelas de poder. Estos nacionalistas de izquierdas se creen los artífices de la nueva España plurinacional, cuando en realidad son los nuevos jornaleros de estos nuevos caciques, de esta nueva España multinacional. Pero lo que en principio era un negocio político, el de acaparar poder para dirigir la economía, se ha escapado de las manos a los poderes tradicionales centrales y periféricos, y se ha transformado en un peligro para la convivencia y democracia. La descentralización política del Estado se ha convertido, para unos en cortijos privados de negocios cuasi mafiosos, y para otros, los “sans-culottes”, en refugios de supervivencia económica y privilegios públicos. Este afán de negocio insaciable ha desembocado en amenazas de independencia, precisamente para arrebatar todo el poder. El peligro es real para la convivencia pacífica y democrática. Si refrescamos la memoria, recordaremos que el sistema autonómico, con su descentralización política a desarrollar a gusto de cada territorio, fue inventado y aplicado desde arriba.



Sí, la Constitución Española de 1978 necesita urgentemente una reforma en profundidad, empezando por Monarquía o República, y siguiendo por descentralización política o descentralización administrativa. Éstas son las claves para conseguir una España democrática y social diferente, de todos y para todos, menos feudal y más europea, menos nacionalista y más universalista.


miércoles, 16 de agosto de 2017

CULTURA, PODEROSO INSTRUMENTO DE GOBIERNO.




Tus conocimientos y tus vivencias se adquieren, y por tanto, dependen de ti, de tus circunstancias y de la socialización que hayas recibido del sistema educativo vigente. Sin embargo, tu cultura te viene dada porque se transmite de padres a hijos.

Por desgracia, el mal gobernante confunde socialización con cultura, y altera la cultura para beneficio “del bien nacional” o “del interés general”, y que por norma coincide con los intereses de las clases gobernantes. El mal gobernante es experto en dirigir el destino de la sociedad cambiando sus necesidades, gustos, preferencias, costumbres, ideas, y hasta su Historia y lengua, para que se ajusten a los intereses y negocios de la clase dominante. De ahí, las malas artes y sobornos de los grupos de presión para imponer sus modelos educativos y culturales al gobierno de turno, pero también los chantajes en gobiernos de coalición por dirigir la cultura y la educación. La ideología nacionalista está hecha a la medida para obtener la aprobación de la ciudadanía en la manipulación de la cultura.

Los peones de estas clases dominantes, que podríamos llamar mercenarios de los grupos de poder, son actores y comediantes insuperables en el arte de la representación e interpretación, maestros en manejar la opinión pública para hacer confundir progreso con consumo, éxito personal con interés económico gremial, cultura local con superioridad intelectual, y magos en transformar toda esa cultura cocinada en instrumento político. Con ese bagaje pseudointelectual, pseudocultural y pseudonacionalista transmitido a la sociedad, ciertos lobbies acaparan los partidos políticos y las Instituciones del Estado para hacer de lo público su negocio gremial y privado.

Para conseguir sus fines, los sofistas mercenarios son expertos en dirigir la opinión pública acaparando los medios de comunicación y creando Fundaciones, ongs y laboratorios de ideas. A la par, para estar cerca del poder, la oligarquía contribuye con sus recursos comprando voluntades en las administraciones públicas y colocando colaboradores en las empresas públicas, sindicatos obreros, organizaciones empresariales y principalmente, en todos los partidos políticos. Con todo el terreno abonado, los pesos pesados de estos holdings culminan su negocio ejerciendo de lobby ante los tres Poderes del Estado para influir, recomendar o dirigir la toma de decisiones ejecutivas, legislativas y judiciales, y, distribuir, asignar o mangonear los Presupuestos Generales del Estado.

El ciudadano raso es siempre el perdedor en este juego político-cultural, porque no crece como ciudadano por acumulación de la experiencia, sino por reacción a los acontecimientos políticos negativos o positivos, espontáneos o provocados. En política, lo positivo y negativo son sentimientos relativos, subjetivos, interesados y temporales. Y en todo Sistema Político esos sentimientos son casi siempre provocados, inculcados, delimitados, cuantificados, tutelados y administrados por el poder establecido.

El ciudadano beneficiado por lo positivo del Sistema Político será adepto al sistema y el sufridor de lo negativo del mismo Sistema Político será inconformista o anti sistema. Más allá de 6 meses, la memoria política falla en la gran mayoría de los votantes, y, lo negativo se puede manipular y transformar en positivo, y viceversa también. El sistema político, principalmente el democrático, siempre busca su supervivencia asegurándose el apoyo mayoritario de los ciudadanos en todas las circunstancias, unas veces cubriendo las necesidades de éstos, otras muchas, generando los deseos de lo que el sistema puede ofrecer o quiere imponer, y otras, administrando el miedo a lo desconocido o a lo diferente. El ciudadano, que reacciona en la dirección deseada a todos estos estímulos del sistema, está adecuadamente culturalizado.


El devenir es imparable e impredecible,  pero siempre, hasta el último de nuestros pensamientos y movimientos estará limitado, fomentado o promocionado por el Sistema Político en el que vives a través de su proceso de socialización y culturalización. Esta tutela será positiva o negativa en función del buen o mal gobierno. Si el gobierno del mal gobernante se prolonga en el tiempo, producirá daños irreparables en la cultura, formación, socialización y futuro de los ciudadanos, y terminará por dejar secuelas psicológicas en una o varias generaciones. De ahí la importancia de fomentar la cultura política democrática en el sistema educativo para generalizar la participación ciudadana en los asuntos públicos y no caer en la trampa del mal gobernante, y también, para inculcar la imperiosa obligación de los ciudadanos de votar siempre en todos los procesas electorales, precisamente para liberarse del mal gobernante. Pretensiones difíciles de llevar a cabo, ya que las clases dominantes se reservan el monopolio de la enseñanza y el derecho a manipular la cultura para seguir gobernando.

Fdo.: Luis Perant Fernández

sábado, 1 de octubre de 2016

PEDRO SÁNCHEZ NO ES EL PROBLEMA.


Con Pedro o sin él, seguiremos en campaña electoral permanente. Los partidos competirán hasta alcanzar el poder. Guste o no, éstas son las reglas de juego democrático, unos pueden prometer y otros son libres de dejarse engañar. El problema surge cuando la oferta de partidos políticos es intervenida, entonces, ese “mercado” supuestamente libre es alterado, y por ende, la elección está condicionada. De ningún modo quiero decir que haya un cártel de oferta mafioso. A veces el poder puede ser tan sutil que todas sus piezas encajan a la perfección por arte de magia. Para despejar mis sospechas, simplifico el sistema político. El partido ganador en las elecciones generales gobierna durante 4 años. Si al final de ese mandato los ciudadanos quedan contentos con su gestión, pues volverán a votarle. Si los ciudadanos quedan insatisfechos, votarán al partido de la oposición. Este juego es simple para el ciudadano que puede sentirse engañado por promesas electorales incumplidas.

El partido ganador gobierna las Instituciones del Estado y administra la mayor empresa del país, es el agente económico que más dinero ingresa y el que más gasta. Por tanto, los agentes económicos privados nacionales y transnacionales, los llamados lobbies, saben que es fundamental estar cerca del poder político para garantizar el futuro de sus empresas. El volumen de negocio de muchas de esas multinacionales es mayor que el PIB de muchos Estados. Es fácil comprender que esos poderosos holdings no se aventuren a que algún partido ponga en peligro sus negocios. Por tanto, si el partido de gobierno ha legislado a favor de la “causa” y ya no tiene la confianza de los votantes, el poder económico debe asegurarse de que el partido de la oposición llamado a gobernar no destruya “lo edificado”. Hay varias fórmulas para conseguirlo, desde minar los partidos desde dentro para difuminar la dirección y la ideología, hasta favorecer la proliferación de partidos nuevos para difuminar la soberanía ciudadana. En España han ocurrido ambas cosas.

Antes de seguir, quiero dejar claro que los fundadores de las nuevas opciones políticas son casi siempre honestos en sus ofertas políticas a los ciudadanos. Cosa diferente son las facilidades y ayudas legales, logísticas, mediáticas y en algunos casos, económicas, que facilitan la proliferación de asociaciones y partidos nuevos. Los lobbies interesados en este planteamiento saben poner en funcionamiento toda la maquinaria necesaria para conseguir sus fines, y además sin parecerlo. La ingeniería electoral se pone en marcha para que el voto descontento no dé la mayoría absoluta al partido de la oposición. Se pone en marcha una campaña mediática de desprestigio a los gobiernos con mayoría absoluta y se mitifica a los gobiernos de coalición donde el “diálogo y consenso” son virtudes. Para ello no se escatiman recursos, todo un ejército de tertulianos y personajes afamados se encargan de endemoniar al bipartidismo y difundir la similitud de un gobierno democrático de mayoría absoluta de 4 años de duración con un gobierno dictatorial de 40 años.

Los votos de centro-derecha que pierde el PP se canalizan hacia Ciudadanos. Los votos de izquierda movilizados por los recortes sociales del PP se desvían hacia Podemos. Y el principal partido de la oposición de la legislatura que terminó, el Psoe, se queda sin mayoría absoluta para poder derogar la legislación neoliberal del Partido Popular. Nunca habrá pleno consenso en ninguna futura coalición de gobierno, sea de dos o tres partidos, para reponer los servicios públicos y sociales que el PP ha llevado a cabo con sus políticas de recortes. Tan grave, o tal vez más, sea la falta de acuerdos sobre políticas concretas que el gobierno de España debe plantear en el Consejo Europeo que es dónde nacen las políticas que nos gobiernan y que descaradamente favorecen a los lobbies. Pero como hay sospechas de que la coalición opositora puede gobernar y radicalizarse, se decide minar el Psoe desde dentro desestabilizando su dirección y asegurar su abstención en la investidura de Rajoy. Las puertas giratorias son una inversión muy rentable, cumplen múltiples funciones para la “causa”. La ingeniería electoral bien pagada funciona.

Este artículo puede ser fruto de una elucubración, pero también puede ajustarse a algunas de las Teorías políticas sobre el Poder. En España tenemos varios ejemplos que se ajustan a esta Teoría. Tiempos atrás, el “Poder” facilitó la proliferación de sindicatos de trabajadores independientes con la finalidad de debilitar el inmenso poder de convocatoria de CCOO y UGT. La campaña mediática desprestigiando a sus dirigentes y ensalzando los derechos individuales fue brutal. También, algunos partidos políticos de izquierdas fueron minados por los nacionalistas y sus dirigentes tachados de descerebrados. En Política todo es intencionado, nada es casual.


Fdo.: Luis Perant Fernández


jueves, 8 de septiembre de 2016

SE IMPONE OTRA REFORMA, LA LEY ELECTORAL.



Aunque un Estado pertenezca al bloque democrático y esté integrado en una o varias organizaciones supranacionales, su sistema electoral es diferente de otros Estados similares. Esto se debe a que cada Estado está formado por poderes diferentes. El sistema electoral se desprende de la Constitución y asegura el gobierno del Estado según el consenso alcanzado por los integrantes de la sociedad en dicha Constitución. Siendo realistas, comprenderemos fácilmente que la sociedad evoluciona con el paso del tiempo. Por tanto, el consenso de una época, que no equilibrio, se altera o se quiebra y se impone una reforma parcial o completa del sistema electoral para reflejar la nueva relación de fuerzas en la vida política de la nación.

En la última sesión de las Cortes franquistas (19 de noviembre de 1.976), en la que éstas se autodestruyen para dejar paso al sistema democrático, el tema de discusión en los pasillos no era aprobar la disolución. Se discutía el sistema electoral y la división territorial de la futura España democrática. Los poderes tradicionales, obligados por el Fondo Monetario Internacional y por Occidente tenían que aceptar el cambio, incluyendo la legalidad de todos los partidos políticos. Por lo tanto, se discutía sobre el modelo del nuevo sistema político para seguir controlando el Estado. En un sistema electoral “mayoritario” existen, casi siempre dos partidos importantes que se turnan en el poder, y un tercero que suele ser el partido “bisagra”. Los tradicionalistas y los poderes fácticos no podían tolerar que el tercer partido fuese el comunista. Ese puesto debía ocuparlo los partidos nacionalistas periféricos que por tradición e ideología son de derechas. Esto se consigue fácilmente con un sistema electoral “proporcional” que da entrada a los partidos políticos localistas. Para que los nacionalistas tengan realmente poder, y puedan contrarrestar un posible Poder central de izquierdas, tienen que ejercerlo y para ello se crea un sistema a la medida, el autonómico, con su Gobierno y su Cámara legislativa y sin dependencia jerárquica del Poder Central. La Constitución Española no establece límites entre las competencias del Estado y de las Autonomías, esta situación genera conflictos permanentes entre uno y otros. Y como ambos están legitimados por las urnas, no toleran dependencia jerárquica alguna. Esta situación que se desprende de nuestra Constitución no es fruto de la casualidad. Si refrescamos la memoria histórica, recordaremos que el sistema autonómico fue inventado e impulsado desde arriba. Además los poderes tradicionales entienden de caciquismos para dirigir la periferia y manejar todos los negocios locales.

Como en este mundo nada es perfecto, aparecen los fallos. Aparecen nuevos políticos, los progres, que ven un negocio con el nacionalismo de izquierdas. Esto es atípico, puesto que la ideología de izquierdas es universalista y el nacionalismo es localista y tradicionalmente de derechas. Estos nacionalistas que se dicen de izquierdas son estafadores, alimentan un mito étnico tergiversando la historia. Se apoyan en unos Fueros del pueblo que fueron arrebatados, cuando en realidad esos fueros eran los privilegios de los estamentos privilegiados. El pueblo, en el Antiguo Régimen, sólo tenía el derecho a trabajar y callar. Estos “progres” se han visto desbordados por los “cachorros” y lo que en un principio era un negocio, el de acaparar poder, se ha transformado en un peligro para la Democracia. Se han manipulado las culturas locales para crear odio, y amparándose en el sistema democrático, se exige la autodeterminación para después imponer la dictadura de la etnia. Lo que en un principio era una descentralización política y administrativa del Estado se ha convertido en exigencias de independencia. El sistema autonómico se ha escapado de las manos, a unos y a otros.

Con una reforma de la Ley Electoral, sería cambiar del sistema proporcional al mayoritario, quedarían tres o cuatro partidos políticos con vocación y programa de gobierno para toda España. Y con una descentralización regional o federal, con Cámaras Legislativas con competencias definidas y delimitadas, los conflictos de competencia desaparecerían. Nunca más se repetirían las elecciones generales, nunca más habría gobiernos en funciones sin control parlamentario y nunca más las minorías chantajearían a las mayorías, y no me refiero a los nacionalistas de a pie. Son las minorías económicas, de los negocios y bien organizadas las que hacen de la ideología nacionalista su herramienta política de dominación de las masas. Seguramente los nacionalistas independentistas, y otros políticos profesionales, tacharían este sistema de dictadura centralista, y tendrían razón. Sería la dictadura de la mayoría, la perfecta definición de la Democracia, el menos malo de los sistemas políticos, porque genera igualdad para todos y periódicamente los ciudadanos deciden en las urnas. Esta España sería diferente, sería más democrática, más social y más europea.

Fdo.: Luis Perant Fernández