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IMPERIO ESPAÑOL EN SU MÁXIMA EXTENSIÓN A PRINCIPIO DE 1800

IMPERIO ESPAÑOL EN SU MÁXIMA EXTENSIÓN A PRINCIPIO DE 1800

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jueves, 19 de julio de 2007

POLÍTICA ANTIBOTELLÓN




No pretendo ser catastrofista con la moda del botellón, ni moralista con remedios extremistas, sino reflexivo sobre este fenómeno que bien puede servir de índice para valorar la organización política de nuestra sociedad. Tomar medidas superficiales como la represión no puede ser la solución para esta práctica tan extendida. Tenemos que buscar en nuestro sistema político las causas que generan estas deficiencias.

Los pensadores, los hombres de ciencias, dicen que la verdad no existe, que es relativa, que cada uno tiene su verdad, que cada uno de nosotros captamos la única realidad sirviéndonos de nuestros sentidos pero interpretándola según nuestra cultura y nuestros conocimientos. Sin embargo, el Estado para dirigir una sociedad, necesita “verdades”. Si éstas no existen, tiene que inventarlas. Esto no es una crítica frontal al Estado, ya que sin éste, reinaría la anarquía y en su estado natural, el hombre es la peor fiera para el hombre. Más aún, bajo cualquier sistema político, sea democrático, liberal-capitalista, fascista, comunista o islamista, el Estado impone sus verdades para “humanizar” a sus ciudadanos o súbditos, con más o menos éxito dependiendo de las técnicas empleadas y de los fines perseguidos. Pues bien, puesto que las verdades no existen, el Estado impone representaciones de la realidad, que la mayoría de los ciudadanos, debidamente socializados asimilamos y compartimos como verdades absolutas, definitivas e incuestionables, pero que en realidad son verosimilitudes. El Estado (las clases y grupos dominantes), dueño y señor de la maquinaria socializadora, bombardea la sociedad con sus mensajes de dirección única, impone su realidad, “su verdad”.
Para demasiados jóvenes, el botellón es sinónimo de libertad, amigos, alcohol y todo lo demás, y la diversión se mide en horas, en horas sin dormir, como si fuese una competición, a ver quien consume y aguanta más. Del botellón no se desengancha ni Dios, todos tienen miedo fuera del alcohol, más allá de los colegas no hay nada, si acaso, el desencanto, el vacío, el infinito, la realidad, “la verdad” pero de verdad. Simplemente es la moda, la moda impuesta, claro está. ¿Cuántas carencias esconden estas modas, “estas verdades”? ¡Qué más da! Mientras las macromagnitudes de las economías nacionales se ajusten a los dictados del Banco Central Europeo, qué importa la composición del sector terciario, aunque éste sea generador de actividades ilícitas y nocivas: hay que generar actividad económica a cualquier precio, sin valorar los costes sociales presentes y futuros.

Mucho tiene que cambiar nuestra sociedad occidental para transformar los avances tecnológicos en calidad de vida, y eso sólo está en manos del Estado (a través de sus Instituciones y de sus Administraciones Públicas) que es el único que dirige la sociedad, el que determina si el ciudadano es sujeto de derecho u objeto de manipulación, el que traza la frontera entre participación o imposición, el que educa al ciudadano para disfrutar de la Fiesta o el que impone la Fiesta para borrar al ciudadano. La solución para los Gobiernos no está sólo en la globalización y el sistema de mercado. La solución para el ciudadano no está sólo en dejar que los partidos políticos, las “organizaciones no gubernamentales”, las fundaciones y los grupos de presión bien organizados dirijan el Estado.

En democracia, el ciudadano tiene que participar activamente en política, claro que para ello, tiene que tener garantizadas, para él y su familia, sus necesidades básicas, disponer de tiempo libre y haber recibido una educación cívica y participativa. Problema de difícil solución para los millones de parados y contratados temporales, para aquellos ciudadanos que no tienen tiempo ni siquiera de atender, y menos de educar, a sus hijos, y en cuanto al sistema educativo, ¿para cuándo una reforma racional y no partidista o nacionalista? La democracia muere de no usarla, pero también de maltratarla, sólo es cuestión de tiempo, de ciclos, de “verdades”, de modas, de políticas.

Ahora podríamos empezar a hablar de políticas antibotellón…

Fdo: Luis Perant Fernández

http://www.diarioinformacion.com/secciones/noticiaOpinion.jsp?pRef=2110_8_653582__Opinion-Politica-antibotellon
http://www.bottup.com/200911175120/Ciudadania/politica-antibotellon.html
http://foros.expansion.com/politica-y-economia/92427-politica-antibotellon.html
http://www.alicanteactualidad.es/op.php?co=54


PLAYA DE SAN JUAN
ALICANTE



martes, 27 de enero de 2004

LA CHISTERA DEL PARTIDO POPULAR



Una de las promesas electorales del PP fue “bajar los impuestos”. Qué gran misterio, pero si cualquier Estado neoliberal necesita cada vez más recursos, y no precisamente para atender las necesidades de bienestar de los ciudadanos sino para mantener la propia maquinaria del sistema liberal. ¡Pues sí lo consiguieron! Claro que éstos del PP en cuestión de recaudar dinero saben latín, o tal vez saben el truco para multiplicar los panes y los peces.

Cuando la Derecha lo consideró oportuno, puso fin a la etapa del Gobierno socialista de Felipe González. Y oportuno para ella era, que los cambios estructurales en lo social, político y económico que había llevado a cabo el PSOE en su etapa progresista, debían materializarse en la supremacía del sistema de mercado. Para la Derecha el negocio está cuando lo privado absorbe lo público. Y se pusieron manos a la obra.

La campaña de desprestigio del Gobierno socialista fue fácil: destapar los chorizos que aparecieron en el PSOE (ahora podrían llamarse “choricillos”) y llevar el mensaje a todos los ciudadanos a través de sus medios de comunicación (que son casi todos). Ustedes me dirán que con este escaso bagaje no se puede llevar a cabo el cambio político. Y tienen razón, falta lo principal, el apoyo del capital y el partido político que legitime el proyecto en las urnas.

Al igual que la clase trabajadora recurre a la huelga de trabajo para defender sus intereses y en última instancia derribar gobiernos, la clase alta emplea la huelga de inversiones con las mismas finalidades. El colapso económico aumentó el paro y el descontento popular, y el PSOE perdió en las urnas.

Esta estrategia no era improvisada, estaba perfectamente diseñada por la Derecha y orquestada por el PP. Los recursos no invertidos en factores trabajo y capital se desviaron hacia factores tierra, es decir, en terrenos. Se enfrió la economía pero el coste de oportunidad para el capital fue nulo.

El boom de la construcción estaba preparado desde el principio. Aquí está la chistera del PP, la especulación del suelo, la construcción y la financiación para el sector privado capitalista, y la especulación del precio de la vivienda nueva y usada para el Gobierno. El PP podía prometer bajadas de impuestos porque la recaudación de impuestos directos e indirectos relacionados con el boom inmobiliario iba a multiplicarse el 200%, y también, porque con la complicidad de la clase adinerada se iba a relanzar la economía y crear puestos de trabajo, que a su vez, generarían más ingresos para el Estado.

Para que el negocio de la Derecha sea completamente redondo el PP se saca de la manga el último as: crea una clase trabajadora sin estabilidad en el empleo, prisionera de su hipoteca, individualista en la preocupación por pagar su deuda y desentendida de los temas públicos que son de los demás, una clase “conservadora” de sus propias deudas a quien aterroriza el cambio político y asegura la desunión de la Izquierda.

Todo lo dicho hasta aquí puede ser cierto o quedarse en una historieta, el lector inteligente sacará su propia conclusión. Por su parte el PSOE debería plantearse ganar las próximas Elecciones Generales de marzo por méritos propios, es decir con un programa socialista viable en lo económico y no porque la Derecha se retire para saborear sus ganancias y dejar la 2ª reforma laboral a la Izquierda. De lo contrario siempre estaremos condenados al mismo ciclo político rotativo: el Gobierno de la izquierda que gasta más de lo que recauda y lleva a cabo las reformas laborales, y el Gobierno de la derecha que siempre regresa a salvar la patria, a restablecer el valor del dinero y hacer de lo público su negocio privado. Con esta rotación siempre saldrán perjudicadas la clase media y la clase trabajadora.

¿Y qué es un programa socialista viable en lo económico? Es una tarea de todos los socialistas. Por mi parte opinaré en otra ocasión.

Fdo: Luis Perant Fernández






LA CARA DEL MORO
CASTILLO DE SANTA BÁRBARA
ALICANTE

viernes, 6 de diciembre de 2002

¿POR QUÉ AGONIZA LA CONSTITUCIÓN?





La transición española, del anterior régimen al actual, fue ejemplar. No fue pura casualidad, todo quedó atado y bien atado en la Constitución española de 1978.

      En el siglo XIX, en todos los países occidentales hubo revoluciones liberales que tambalearon y finalmente destruyeron el sistema estamental de privilegios del Antiguo Régimen. En España, este proceso revolucionario del siglo XIX fue incompleto. Los estamentos privilegiados (Aristocracia e Iglesia) siempre supieron hacerse con la situación, unas veces sobornando al Monarca, otras apelando al Ejército y otras negociando con los Liberales. A la inversa de lo que ocurría en EE.UU. y Europa, los liberales españoles nunca estuvieron a la altura de las circunstancias. No supieron impulsar la Revolución industrial y modernizar las instituciones del Estado. Las tres Guerras Carlistas, la dependencia española de las inversiones extranjeras y el miedo a los pronunciamientos militares fueron motivos convincentes para que los Liberales se decantasen hacia las fuerzas conservadoras.

      La Revolución de 1868, llamada “la Gloriosa”, fue el último intento de acabar con el Antiguo Régimen, pero la nueva clase social, la de los negocios y las finanzas, los Liberales, tuvieron miedo de sus socios revolucionarios, los Demócratas, esos que querían el sufragio universal, esos que querían igualdad, esos que querían participar en el Gobierno. Ante el temor de que la Revolución liberal se transformara en una Revolución obrera, los Liberales y Conservadores-tradicionalistas se repartieron el pastel:

1- La Iglesia se queda con la educación, es decir, la mente del pueblo.


2- La Aristocracia con los privilegios de siempre, es decir, los negocios del Estado.


3- El Ejército con el derecho a participar en la vida política, es decir, la legitimación de los Pronunciamientos.


4- Los Liberales con la garantía del Estado para defender sus intereses, es decir, institucionalización de la propiedad privada y de la represión.


5- La Judicatura y Clase Política, la manipulación del sistema, es decir, el Caciquismo.


      Aquí terminaron las Guerras Carlistas y empieza la Restauración. Este panorama estático se prolonga hasta la Constitución de 1978, pero claro está, crea conflictos entre los que dirigen el sistema y los que quedan al margen, que son la mayoría. Al igual que no existió una clase media mayoritaria e ilustrada que impulsara el progreso, en el terreno de las ideologías predominaron los extremismos. Con suma facilidad pasamos del Estado confesional a la quema de iglesias. Este período de la Historia de España que empieza a principios del siglo XIX, el Constitucionalismo español, ha moldeado todas las capas de la sociedad española, y por supuesto, sus intereses aparecen en la Constitución de 1978. Según ésta, todos los ciudadanos, todas las ideologías y todas las organizaciones que se rijan por medios democráticos, se integran y participan en la vida pública y las instituciones del Estado, pero también perduran los vestigios del Antiguo Régimen que dominan las relaciones de poder entre las clases sociales y que se materializan con la división territorial político-administrativa autonómica.


      En cualquier Estado actual del mundo occidental, el funcionamiento del sistema político es similar: el Gobierno de la Nación capta los problemas de la sociedad, crea políticas públicas para resolverlos y con la aprobación del Poder Legislativo, las lleva a cabo. Por supuesto que el resultado de esta acción depende de muchos factores, internos, externos, económicos, culturales y sociales, pero también del grado de descentralización del Estado que puede ser provincial, regional o federal. Pero todos tienen un denominador común, todos tienen un solo Poder Legislativo, aunque sea bicameral. Pues bien, España no se ajusta al modelo. El modelo español de descentralización es el Autonómico, donde cada Comunidad tiene su Gobierno y su Cámara legislativa. Ésta, legitimada por su “pueblo” legisla y aquél gobierna. Además, como la Constitución no establece límites entre las competencias del Estado y de las Autonomías, esta situación genera conflictos permanentes entre uno y otros. Y como ambos están legitimados por las urnas, no existe dependencia jerárquica alguna. Esta situación que se desprende de nuestra Constitución no es fruto de la casualidad.

      En la última sesión de las Cortes franquistas, en la que éstas se autodestruyen para dejar paso al sistema democrático, el tema de discusión en los pasillos no era aprobar la disolución. Se discutía el sistema electoral y la división territorial de la futura España democrática. Los poderes tradicionales, obligados por el Fondo Monetario Internacional y por Occidente tenían que aceptar el cambio, incluyendo la legalidad de todos los partidos políticos. Por lo tanto, se discutía sobre el modelo del nuevo sistema político y su sistema electoral para seguir controlando el Estado. En un sistema electoral “mayoritario” a dos vueltas existen, casi siempre dos partidos importantes que se turnan en el poder, y un tercero que suele ser el partido “bisagra”, además los ciudadanos refrendan los pactos entre los partidos políticos en la 2ª vuelta, lo que es muy positivo para la Democracia. Pues bien, los tradicionalistas no podían tolerar ese sistema y que el tercer partido fuese el Comunista, porque la mayoría de los españoles son de izquierdas. Ese puesto debía ocuparlo los partidos Nacionalistas periféricos que por tradición e ideología son de Derechas. Esto se consigue fácilmente con un sistema electoral “proporcional” que da entrada a los pequeños partidos locales. Para que los Nacionalistas tengan realmente poder, y puedan contrarrestar un posible Poder central de izquierdas, tienen que ejercerlo y para ello se crea un sistema a la medida, el autonómico, con su Gobierno y su Cámara legislativa y sin dependencia jerárquica del Gobierno Central. Además los poderes tradicionales entienden de caciquismos para dirigir la periferia y manejar todos los negocios locales. Si refrescamos la memoria, recordaremos que el sistema autonómico fue impulsado desde arriba, y también que el Gobierno del PSOE fracasó cuando necesitó el apoyo Nacionalista.

      Como en este mundo nada es perfecto, aparecen los fallos. Aparecen nuevos politiquillos, los “progres”, que ven un negocio con el Nacionalismo de izquierdas (además los comunistas, acomplejados por la Dictadura Soviética, caen de lleno en la trampa y colaboran con estos movimientos para picotear parcelas de poder local). Esto es atípico, puesto que la ideología de izquierdas es universalista y el Nacionalismo es localista y tradicionalmente de derechas. Estos Nacionalistas que se dicen de izquierdas son estafadores, alimentan un mito étnico tergiversando la historia. Se apoyan en unos Fueros del pueblo que fueron arrebatados, cuando en realidad esos fueros eran los privilegios de los estamentos privilegiados. El pueblo, en el Antiguo Régimen, sólo tenía el derecho a trabajar y callar. Estos “progres” se han visto desbordados por los “cachorros” y lo que en un principio era un negocio, el de acaparar poder, se ha transformado en un peligro para la Democracia. Se ha manipulado las culturas locales para crear odio y amparándose en el sistema democrático, se exige la autodeterminación para después imponer la dictadura de la etnia. Lo que en un principio era una descentralización del Estado y su control político, se ha convertido en peticiones de independencia. El sistema autonómico se ha escapado de las manos, a unos y a otros.

      Mientras que los demás países industrializados invierten en tecnología, en España estamos invirtiendo en nacionalismos. El sistema de las autonomías, además de ser antieconómico es un peligro para la convivencia y la libertad. El problema de ETA tiene solución, pero solución política. Y también no debemos de olvidar que los protagonistas de la Unión Europea son los Estados Nacionales. Los Estados federados alemanes, las regiones italianas o los departamentos franceses sólo son divisiones territoriales administrativas. Ellos lo tienen claro, y nosotros mientras tanto, seguimos con nuestra cultura extremista: Aragón manifestándose contra el robo de “su agua”, Cataluña, chantajeando a toda España, en el País Vasco, la sociedad civil al borde de la confrontación armada, y en Galicia, la Marea Negra arrasa la Costa de la Muerte, mientras que barcos europeos “anticontaminación” limpian las aguas porque España carece de ellos. Claro que todo esto está orquestado por un Gobierno español débil, maniatado en la política nacional e incapaz de regular, a nivel internacional, el tráfico marítimo en el Cabo Finisterre.

      Sí, después de 24 años de Constitución, ésta necesita una reforma, y la necesita porque la sociedad española ha madurado. La Constitución Española de 1978 debe despojarse de los extremismos. Con la Ley electoral “mayoritaria” quedarían tres o cuatro partidos políticos con vocación y programa de gobierno para toda España y con una descentralización provincial o federal, sin Cámara Legislativa Autonómica, es decir, con Cámaras Representativas con poder reglamentario, los conflictos de competencia desaparecerían. El debate República o Monarquía es indiferente en este planteamiento. Seguramente los Nacionalistas tacharían este sistema de dictadura, y tendrían razón. Es la dictadura de la mayoría, la perfecta definición de la Democracia, el menos malo de los sistemas, porque genera igualdad para todos y periódicamente los ciudadanos deciden en las urnas.

      La hipotética desaparición del Estado Español sólo deberá producirse en un proceso de integración hacia adelante, es decir con la culminación de la Unión Europea como Estado, nunca hacia atrás con la independencia de las actuales Comunidades Autónomas. La desintegración del Estado Español sólo es factible en un proceso generalizado en la Unión Europea, donde todos los Estados miembros desaparecerían como tal, dando paso a un Estado Europeo con su sistema político y su descentralización administrativa, o sea, su Constitución. La Unión Europea no se estanca con la Unión Monetaria, es un proceso abierto y dinámico, y es aquí donde debemos centrar todas las energías, cada clase social en su parcela y en la armonía del conjunto del sistema político.

      Del Estado Español de las Autonomías al Estado Europeo, el camino será largo, dilatado en el tiempo y lleno de obstáculos. Sólo podremos alcanzar la meta en las mismas condiciones que nuestros socios europeos, si iniciamos la marcha todos unidos dentro de un Estado Español democrático, soberano y fuerte. Sí, la Constitución Española de 1978 necesita despojarse urgentemente de las sombras del Antiguo Régimen para afrontar los retos de este inicio del Siglo XXI, que no son otros que la creación del Estado Europeo.


Fdo: Luis Perant Fernández


http://www.bottup.com/200912015177/Ciudadania/por-que-agoniza-la-constitucion.html




EXPLANADA DE ESPAÑA
-ALICANTE-

domingo, 20 de abril de 1997

EL ÁREA METROPOLITANA DE ALICANTE, SUS COMUNICACIONES Y SU UNIVERSIDAD




Por fin los gestores públicos han decidido que ciertas ciudades de la provincia, agrupadas entre ellas, forman un área metropolitana.

Esta decisión política podía haberse tomado antes, porque el entorno de la ciudad de Alicante reúne, desde hace bastante años, los criterios y baremos para denominar y delimitar geográficamente el área metropolitana de Alicante. Es de suponer las presiones políticas y económicas que, desde el centralismo valenciano, han existido para impedir la creación de un segundo núcleo rector y autónomo dentro de la Comunidad. Pues bien, aunque con retraso, bienvenido sea el proyecto, que de llevarse a cabo podría transformar por completo la vida de los alicantinos.


La sociedad posindustrial conduce inevitablemente hacia las grandes concentraciones. La división del trabajo y las economías de escala son la causa de la aparición de las grandes urbes, pero a su vez las áreas metropolitanas han de ser la respuesta al problema urbano.


Las ciudades tradicionales, con su núcleo central y su periferia, han crecido yuxtaponiendo sus zonas de influencia y creando un vasto territorio urbano. Aquí se produce una división funcional en el nuevo espacio, formándose zonas residenciales, industriales, culturales, marginales, de ocio, deportivas, etcétera…


Esta morfología es lenta pero inevitable, por tanto los poderes públicos han de prever las transformaciones y dirigir los recursos hacia las necesidades futuras, que deben centrarse principalmente en las vías de comunicación y el transporte público. El área metropolitana forma una nueva ciudad dispersa, una concentración descentralizada, donde los ciudadanos deben desplazarse continuamente para cubrir sus necesidades cotidianas. Es por ello que la principal característica de las áreas metropolitanas es una red de comunicaciones que conjugue las infraestructuras de autovías amplias con el ferrocarril rápido y ligero para dar respuesta a una demanda creciente de desplazamiento. Pero además, la distribución modal del transporte tiene carácter estratégico para favorecer la actividad económica, tanto interna, como con el exterior. Aeropuerto, puerto, ferrocarriles y autobuses deben estar conectados entre sí, y siempre que sea factible, agruparlos en estaciones intermodales (por ejemplo: ferrocarriles de vía ancha, vía estrecha y autobuses). También es cierto que las grandes ciudades están congestionadas y contaminadas por los vehículos a motor de combustión interna. La calidad de vida se degrada día a día y representa un peligro para la salud pública.
Por ello, el transporte del futuro en las urbes ha de ser rápido y no contaminante. Estas cualidades sólo las reúne el tren eléctrico de ancho de vía métrica y con trazados mixtos, es decir, subterráneo y en superficie, más conocidos como metro y tranvía. Este tren metropolitano es el que debe enlazar las ciudades, barrios y centros estratégicos con fuerte potencial económico y elevada densidad demográfica. Este tipo de transporte es el que se está imponiendo en las principales áreas metropolitanas occidentales. En la nuestra, es imprescindible la transformación del actual Trenet, que une las comarcas del litoral, desde Alicante hasta Denia, en un moderno tren metropolitano. El actual trazado debe modernizarse para dar servicio a los nuevos núcleos urbanos, pero también para incluir en su red la Universidad, la estación de Renfe de Alicante, el aeropuerto y la costa sur hasta Torrevieja.


El proyecto del área metropolitana de Alicante debe ser una prioridad para todos, una planificación errónea puede hipotecar el desarrollo económico y social de la provincia. La Universidad de Alicante debe participar activamente elaborando un estudio científico, primero para delimitar geográficamente el área metropolitana, segundo, planificando las necesidades reales de cada sector, integrándolo en el conjunto, y tercero, enumerando por orden de prioridad las actuaciones del sector público en la asignación de los recursos. Esta es la verdadera batalla política que debe protagonizar la Universidad, al lado de la sociedad y para la sociedad, y no perderse en pulsos quijotescos, coloreados de nacionalismo y ajenos a las necesidades de la sociedad. El área metropolitana de Alicante no debe ser delimitado por el poder político en bases a intereses partidistas o imperativos económicos. Existen criterios y baremos aceptados a nivel internacional que son los que debe aplicar la Universidad y demostrar que el área metropolitana de Alicante no se limita al Triángulo Elche-Alicante-Santa Pola. Éste abarca prácticamente toda la franja costera, desde Altea hasta Torrevieja, ensanchándose hasta Orihuela, Crevillente, Novelda, Agost y Muchamiel.


Para terminar, decir a los más escépticos, que esto no significa dividir la provincia en dos zonas, la rica y la pobre, sino ordenar el territorio donde se concentra la mayor población. Este tipo de áreas actúa como difusor de sus mejoras en pueblos y ciudades de su entorno, a un ritmo superior al del crecimiento natural de la población de éstos últimos. Además, la creación de un área metropolitana conlleva el dar solución al sector turismo. No debemos olvidar que la mayor industria de la provincia es el Turismo, y éste no puede desarrollarse únicamente por iniciativa privada, sino que requiere grandes inversiones públicas. La conservación del Medio Ambiente, de las playas, de las zonas del interior, del abastecimiento de agua y energía, etcétera, son cuestiones que deben resolverse, con el mismo rigor que las vías de comunicación en el proyecto del área metropolitana.Bienvenidas sean todas las plataformas ciudadanas que reclamen actuaciones dentro del área metropolitana de Alicante. Hasta el momento, ya existen varias: la plataforma para la gratuidad de la autopista A-7, la plataforma para el soterramiento de la estación de Renfe en Alicante y la plataforma “Trenet Metropolitano”.


Fdo: Luis Perant Fernández 







LOS CINCO HERMANOS UN DÍA DE CAMPO