Es imposible comprender el presente sin
recurrir a la Historia. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores
se repartieron el mundo. Pero el reparto fue desigual. El Imperio Británico
estaba en decadencia y la Unión Soviética recluida en su mundo. El verdadero
vencedor fue Estados Unidos. Los Imperios perdedores, el japonés, otomano y
germano desaparecieron.
Estados Unidos se hizo con el control
mundial de las materias primas y del comercio. Sus políticas y sus dólares
impusieron su santa voluntad y sus multinacionales, y cuando no lo conseguían,
aplicaban sus sanciones económicas y militares. Pero el ciclo de vida de los
Imperios siempre se repite: empieza con expansiones territoriales, económicas y
militares, sigue con dominio hegemónico temporal y termina por decadencia
propia o por nacimiento de otro Imperio.
El fin del dominio mundial de Estados
Unidos puede deberse al colapso de sus políticas de vasallaje e imposiciones
económicas a sus aliados, pero también al resurgimiento de otros Imperios.
Rusia y China lideran el bloque de los BRICS, controlan las materias primas y
la producción, y representan ya el 40% del PIB mundial. El yuan está
desbancando al dólar en las transacciones internacionales y el arsenal nuclear
de ambos bandos es similar. Este cambio del Orden Mundial es imparable, la
única incógnita es la duración del proceso.
Algunos analistas dicen que el Nuevo
Orden Mundial ya está aquí. Estados Unidos, sabiendo de su declive
irremediable, ha negociado ya con los Imperios rivales el nuevo reparto para
apaciguar el proceso. Nunca
sabremos el contenido de la reunión de Trump y Putin en Alaska, pero
probablemente fue ahí donde se alcanzó el acuerdo del reparto del mundo, sus
recursos, las zonas exclusivas y las compartidas. Xi Jinping no asistió, pero
Putin lo representaba estupendamente. Estados Unidos se queda con las Américas,
desde el Ártico hasta el Antártico, incluyendo Groenlandia. Rusia
extiende su dominio a Europa y África Occidental. China se queda con Asia,
África Oriental y Oceanía. Y ellos tres explotarán la muy rentable ruta
comercial del Ártico.
Todos los repartos producen ganadores y
perdedores, En este caso, los vencedores indiscutibles son Rusia y China, y en
menor grado Estados Unidos. Perdedores son todas las naciones del bloque
occidental que se quedan fuera del nuevo Orden. La Unión Europea se queda
huérfana de la protección político-militar yanqui, pero seguirá prisionera por
mucho tiempo de sus deudas con las multinacionales financieras que también son
artífices del Nuevo Orden Mundial.
La Unión Europea no puede competir con
los Imperios dominantes porque no es un bloque homogéneo, es la unión de viejos
Estados Nacionales con interese territoriales históricos enfrentados y con
heridas abiertas. Cada vez, más politólogos afirman que la Unión Europea fue
una creación artificial de Estados Unidos para canalizar sus préstamos para la
reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. La invención de
la OTAN fue idéntica, pero en lo militar.
El futuro de la Unión Europea es
incierto porque las reglas de juego de la Geopolítica han cambiado. La
Democracia, los Derechos Humanos y el Derecho Internacional tal como los
conocemos desaparecen, ya no sirven para justificar intervenciones en terceros
países. Ahora prevalece la fuerza y el concepto del “pueblo elegido” para
justificar el derecho al saqueo de los recursos ajenos. Si además somos
conscientes de la desindustrialización de Europa y de su dependencia energética
del exterior, podemos asegurar que en este Nuevo Orden Mundial, Europa no será
protagonista en la economía y política globalizadas. La UE necesita
urgentemente redefinir sus Tratados internos, su política exterior y su
independencia militar. En definitiva, la UE debe afianzarse en el nuevo tablero
mundial si desea sobrevivir como bloque de poder, de lo contrario desaparecerá.
El problema de España es todavía mayor
porque nunca fue aceptada como parte de Europa. España perdió todo el
protagonismo cuando se descompuso su Imperio. Desde hace dos siglos, Europa, y
ahora también la Unión, está gobernada por la burguesía anglosajona, blanca,
capitalista y protestante. Los países europeos del norte siempre han tenido
problemas étnicos y territoriales entre ellos, pero también territoriales y
religiosos con el Imperio Ruso. En la actual Unión Europea, España está siendo
arrastrada por una serie de problemas económicos y militares ajenos a sus
intereses. Y en época de crisis, como la que se avecina, el aislamiento de
España será mayor. Nuestros problemas con el Magreb serán exclusivamente
nuestros.
En los círculos intelectuales siempre se
ha dicho que la recomposición de la Hispanidad como unidad política es
imposible. Se dijo lo mismo de Rusia después del hundimiento de la URSS y de
China después de su Siglo de la Humillación, pero en sólo 40 años estos dos
Imperios han puesto en jaque al Imperio Occidental. Sólo México tiene recursos
para iniciar tal aventura en beneficio del futuro de las 21 naciones hispanas.
Firmado: Luis Perant Fernández

