Sin duda, estamos asistiendo a un cambio
de paradigma en las Relaciones Internacionales que nos está cogiendo a
contrapié a los europeos. Desde el final de la II Guerra Mundial, los europeos
hemos vivido muy cómodos bajo el paraguas de EE. UU, y ahora que ese modelo
llega a su fin, nos sentimos huérfanos. Pero tomar medidas precipitadas, igual
pueden hipotecar el futuro de la Unión Europea.
El presidente de Estados Unidos está
jugando en varios tableros al mismo tiempo. Donald Trump quiere apartar su país
de los conflictos armados, incluso en el Medio Oriente, mientras que su contrincante
Vladimir Putin apuesta por una paz global y a largo plazo. Aunque
no tienen la misma motivación, coinciden en un mismo objetivo: configurar
un Nuevo Orden Mundial.
Con el cambio
climático, la ruta de la seda polar es ya una realidad comercial, una fuente de
ingresos y una posición de fuerza en el futuro. EE. UU tiene que participar en
ese negocio si no quiere descolgarse del liderazgo mundial. El Capital
Globalizado obliga a EE. UU a negociar con Rusia y adueñarse de Groenlandia
para garantizar su participación en esa nueva ruta comercial. La negociación
con Rusia es elemental, la OTAN deja de presionar las fronteras terrestres
rusas a cambio de compartir la nueva ruta de la seda polar. Rusia se beneficia
de una ruta segura para dar salida a sus materias primas. Ambas potencias salen
beneficiadas. Aún queda por negociar, por una parte, la cuota de mercado global
de las multinacionales estadounidenses en la futura Ucrania, y por parte rusa,
la anexión del puerto de Odesa. La guerra terminó cuando Rusia lanzó el misil balístico
Oreshnik el 21 de noviembre de 2024. Y la Unión Europea sigue ignorando esa
realidad.
La
verdadera negociación de Trump y Putin se asienta en el Medio Oriente: desde
Gaza hasta Irán, donde están chocando Estados Unidos, Gran Bretaña
e Israel frente a Yemen e Irán, y en terreno sin determinar Turquía. La
prensa enfoca sus ojos en Palestina, pero es en torno a Irán que
se juega la paz del Medio Oriente. Rusia e Irán firmaron en enero de este
año un acuerdo de asociación estratégica y cooperación militar, que ambos
calificaron de “contrapeso a los dictados de Occidente”. Además, Rusia, Irán y
China realizan periódicamente maniobras navales conjuntas. Por tanto, Trump si
quiere la paz en Oriente Medio, tiene que negociar con Putin.
El desastre de la Unión Europea es la falta de una política común de todos sus miembros, de una diplomacia común capaz de navegar entre los dos bloques, de hacer frente, o acercarse, cuando convenga, a cualquiera de las potencias económicas y militares mundiales. La Unión Europea aún no ha definido las competencias delegadas de sus Estados miembros a la Comisión Europea, ni la participación democrática de sus ciudadanos. Se impone una Tercera Vía Europea, tanto política y económica, como militar para tener protagonismo en este nuevo orden mundial.
Firmado: Luis Perant Fernández.
DIARIO INFORMACIÓN