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Tren Turístico Limón Exprés (Benidorm-Gata de Gorgos). Ferrocarril Alicante-Denia.

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miércoles, 30 de agosto de 2017

A MÁS INDEPENDENTISMO, MÁS CONSTITUCIÓN.



          Por lógica racional, la descentralización administrativa del Estado es más eficiente que el estado centralizado en la asignación de los recursos públicos. Esta descentralización acerca la administración a las necesidades del ciudadano, es más receptiva a sus propuestas y demandas, pero sobre todo permite la participación de los ciudadanos y agiliza las decisiones. La descentralización administrativa se lleva a cabo y se desarrolla transfiriendo competencias estatales, otorgando poder normativo y asignando recursos a los administrados, quienes conocen mejor que nadie las necesidades locales. El poder central se limita al reparto equitativo de los recursos nacionales y a controlar su asignación y buen uso en las competencias transferidas. De ningún modo se puede tachar la descentralización administrativa de dictadura del centro sobre la periferia, ya que cada cuatro años la soberanía ciudadana decide democráticamente en las urnas las políticas públicas que deben aplicarse a todos. Todos los ciudadanos y todos los partidos políticos tienen el derecho y el deber de participar en el sistema político democrático.

Sin embargo, en España se ha impuesto la descentralización política del Estado. Esta descentralización reparte el poder político central entre varios niveles de toma de decisiones, difumina la responsabilidad de quienes toman tales decisiones. El ciudadano agraviado no sabrá nunca el último responsable de sus desgracias. Además, como cada nivel político tiene su Parlamento para legislar sus leyes, los ciudadanos del Estado dejan de tener los mismos servicios públicos, los mismos derechos y mismas obligaciones, fundamento principal de toda Constitución democrática. En lugar de unirse, colaborar o competir para mejorar sus vidas, los ciudadanos pelean entre ellos para defender los intereses territoriales difusos, y no los suyos, los de sus clases sociales. Y en nuestra economía de suma cero esto equivale a despojar a unos para beneficiar a otros. Los grupos y territorios mejor organizados siempre conseguirán la mayor parte del PIB en detrimento de los más desorganizados o débiles. Por regla general, los núcleos más fuertes no son los más numerosos, ni siquiera siempre los más adinerados, sino los más acaparadores de poder político.

¿Por qué la Constitución Española de 1978 recoge la descentralización política y no la administrativa? ¿A quién beneficia? En toda decisión política siempre hay ganadores y perdedores. Esta decisión estudiada y premeditada benefició a la derecha tradicionalista porque la mayoría de españoles es de izquierdas y en todas las elecciones democráticas siempre habría ganado la izquierda. Pero como los poderes tradicionales dominan desde siempre los negocios, tanto del centro como de la periferia del Estado, y conocen a la perfección el caciquismo, disponen de los dos instrumentos infalibles para que una minoría gobierne a la mayoría en un sistema democrático. La ideología nacionalista y la descentralización política conformaron la hoja de ruta de las clases sociales dominantes en la dictadura franquista para seguir dirigiendo la política y la economía en la nueva etapa de la España democrática.

Para mantener tal dominio, la derecha tradicionalista ha fomentado, promocionado y primado la manipulación y desarrollo de las culturas locales para crear odio en la ciudadanía y terminar para siempre con la hipotética unión de las izquierdas. La colaboración de la nueva y atípica izquierda nacionalista ha sido fundamental en este proceso, ha sido el brazo ejecutor a cambio de picotear parcelas de poder. Estos nacionalistas de izquierdas se creen los artífices de la nueva España plurinacional, cuando en realidad son los nuevos jornaleros de estos nuevos caciques, de esta nueva España multinacional. Pero lo que en principio era un negocio político, el de acaparar poder para dirigir la economía, se ha escapado de las manos a los poderes tradicionales centrales y periféricos, y se ha transformado en un peligro para la convivencia y democracia. La descentralización política del Estado se ha convertido, para unos en cortijos privados de negocios cuasi mafiosos, y para otros, los “sans-culottes”, en refugios de supervivencia económica y privilegios públicos. Este afán de negocio insaciable ha desembocado en amenazas de independencia, precisamente para arrebatar todo el poder. El peligro es real para la convivencia pacífica y democrática. Si refrescamos la memoria, recordaremos que el sistema autonómico, con su descentralización política a desarrollar a gusto de cada territorio, fue inventado y aplicado desde arriba.



Sí, la Constitución Española de 1978 necesita urgentemente una reforma en profundidad, empezando por Monarquía o República, y siguiendo por descentralización política o descentralización administrativa. Éstas son las claves para conseguir una España democrática y social diferente, de todos y para todos, menos feudal y más europea, menos nacionalista y más universalista.


miércoles, 16 de agosto de 2017

CULTURA, PODEROSO INSTRUMENTO DE GOBIERNO.




Tus conocimientos y tus vivencias se adquieren, y por tanto, dependen de ti, de tus circunstancias y de la socialización que hayas recibido del sistema educativo vigente. Sin embargo, tu cultura te viene dada porque se transmite de padres a hijos.

Por desgracia, el mal gobernante confunde socialización con cultura, y altera la cultura para beneficio “del bien nacional” o “del interés general”, y que por norma coincide con los intereses de las clases gobernantes. El mal gobernante es experto en dirigir el destino de la sociedad cambiando sus necesidades, gustos, preferencias, costumbres, ideas, y hasta su Historia y lengua, para que se ajusten a los intereses y negocios de la clase dominante. De ahí, las malas artes y sobornos de los grupos de presión para imponer sus modelos educativos y culturales al gobierno de turno, pero también los chantajes en gobiernos de coalición por dirigir la cultura y la educación. La ideología nacionalista está hecha a la medida para obtener la aprobación de la ciudadanía en la manipulación de la cultura.

Los peones de estas clases dominantes, que podríamos llamar mercenarios de los grupos de poder, son actores y comediantes insuperables en el arte de la representación e interpretación, maestros en manejar la opinión pública para hacer confundir progreso con consumo, éxito personal con interés económico gremial, cultura local con superioridad intelectual, y magos en transformar toda esa cultura cocinada en instrumento político. Con ese bagaje pseudointelectual, pseudocultural y pseudonacionalista transmitido a la sociedad, ciertos lobbies acaparan los partidos políticos y las Instituciones del Estado para hacer de lo público su negocio gremial y privado.

Para conseguir sus fines, los sofistas mercenarios son expertos en dirigir la opinión pública acaparando los medios de comunicación y creando Fundaciones, ongs y laboratorios de ideas. A la par, para estar cerca del poder, la oligarquía contribuye con sus recursos comprando voluntades en las administraciones públicas y colocando colaboradores en las empresas públicas, sindicatos obreros, organizaciones empresariales y principalmente, en todos los partidos políticos. Con todo el terreno abonado, los pesos pesados de estos holdings culminan su negocio ejerciendo de lobby ante los tres Poderes del Estado para influir, recomendar o dirigir la toma de decisiones ejecutivas, legislativas y judiciales, y, distribuir, asignar o mangonear los Presupuestos Generales del Estado.

El ciudadano raso es siempre el perdedor en este juego político-cultural, porque no crece como ciudadano por acumulación de la experiencia, sino por reacción a los acontecimientos políticos negativos o positivos, espontáneos o provocados. En política, lo positivo y negativo son sentimientos relativos, subjetivos, interesados y temporales. Y en todo Sistema Político esos sentimientos son casi siempre provocados, inculcados, delimitados, cuantificados, tutelados y administrados por el poder establecido.

El ciudadano beneficiado por lo positivo del Sistema Político será adepto al sistema y el sufridor de lo negativo del mismo Sistema Político será inconformista o anti sistema. Más allá de 6 meses, la memoria política falla en la gran mayoría de los votantes, y, lo negativo se puede manipular y transformar en positivo, y viceversa también. El sistema político, principalmente el democrático, siempre busca su supervivencia asegurándose el apoyo mayoritario de los ciudadanos en todas las circunstancias, unas veces cubriendo las necesidades de éstos, otras muchas, generando los deseos de lo que el sistema puede ofrecer o quiere imponer, y otras, administrando el miedo a lo desconocido o a lo diferente. El ciudadano, que reacciona en la dirección deseada a todos estos estímulos del sistema, está adecuadamente culturalizado.


El devenir es imparable e impredecible,  pero siempre, hasta el último de nuestros pensamientos y movimientos estará limitado, fomentado o promocionado por el Sistema Político en el que vives a través de su proceso de socialización y culturalización. Esta tutela será positiva o negativa en función del buen o mal gobierno. Si el gobierno del mal gobernante se prolonga en el tiempo, producirá daños irreparables en la cultura, formación, socialización y futuro de los ciudadanos, y terminará por dejar secuelas psicológicas en una o varias generaciones. De ahí la importancia de fomentar la cultura política democrática en el sistema educativo para generalizar la participación ciudadana en los asuntos públicos y no caer en la trampa del mal gobernante, y también, para inculcar la imperiosa obligación de los ciudadanos de votar siempre en todos los procesas electorales, precisamente para liberarse del mal gobernante. Pretensiones difíciles de llevar a cabo, ya que las clases dominantes se reservan el monopolio de la enseñanza y el derecho a manipular la cultura para seguir gobernando.

Fdo.: Luis Perant Fernández